lunes, 27 de marzo de 2023

The Rider, dirigida por Chloé Zhao


Poética, dura, emocionante. Las imágenes y los silencios resuenan por encima de los relinchos de los caballos y los escuetos diálogos de los cowboys del siglo XXI.

Entre el documental y la ficción. Los personajes hacen de ellos mismos. La historia es real, pero el filme, es ficticio. 

Un ejercicio de estilo elegante, donde la belleza de la luz duele por dentro.

Un western crepuscular, un relato de la América profunda y de las cuitas y los deseos de unos personajes pequeños y a la vez universales.

(The Rider, dirigida por Chloé Zhao. EEUU, 2018).


 

martes, 21 de marzo de 2023

Lucía Sánchez Saornil: "Caminos del arco-iris"


 

Caminos del arco-iris

A Norah Borges, por una deuda antigua



    Eché mi corazón al mar

en busca de tu huella


    Eras lo que no se sabe

bruma.


    Yo iba abriendo caminos de arco-iris

para alcanzarte

y tras tus pasos

seguían mis antorchas

cuando tu mano de oro

abrió mi costado izquierdo.


(Lucía Sánchez Saornil, en Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27. Edición de Pepa Merlo, Vandalia, 2010).


domingo, 12 de marzo de 2023

Jeanne Dielman o el vacío de la rutina



Una mujer cualquiera, en una ciudad cualquiera. Por ejemplo, Jeanne Dielman, en la ciudad de Bruselas, años 70.

Jeanne tiene un hijo adolescente y todas las mañanas se dedica a limpiar la casa, a hacer la compra, cocinar: proveer.

Por las tardes, recibe hombres con los que realiza servicios sexuales. Ama de casa por las mañanas, prostituta por las tardes. Por las noches, cena con su hijo y hablan de la familia, de la tía que emigró a Canadá o del marido que murió. Aunque también callan.

Rodada con frialdad, gracias a los largos planos secuencia que muestran escenas cotidianas, banales. Sin apenas diálogos. Sin apenas personajes.

Narrar esa cotidianidad, ese aburrimiento, es estrictamente necesario para transmitir la abulia, el vacío existencial de la protagonista, para mirarnos a nosotros mismos. Para reflexionar sobre cómo la rutina nos atrapa y nos engulle.

La película es una muestra de cómo el espacio y el tiempo nos abarcan y nos limitan.

En esos planos frontales de la protagonista en la cocina, pelando patatas, sintiéndose atrapada, también está Qué he hecho yo para merecer esto, dirigida por Pedro Almodóvar. El ritmo pausado, los planos generales y estáticos, y la narración de “en medio”, son una escuela para realizadores como Jim Jarmusch o Gus Van Sant.

Akerman narra donde otros cortan. Su contradiscurso es una poética de la intimidad, de las pequeñas cosas. 

En estos tiempos que corren, donde todo es velocidad y verborrea vacía, una película como Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles es toda una obra de resistencia. Resistencia al consumismo, al capitalismo, al machismo, a la velocidad que nos roba nuestra esencia. Un cine de la mirada, no un cine de acción.

(Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles, dirigida por Chantal Akerman, Bélgica, 1975. Puede verse en Filmin).


domingo, 5 de marzo de 2023

lunes, 27 de febrero de 2023

Un parque de atracciones de la mente, de Lawrence Ferlinghetti



Lawrence Ferlinghetti, del que pudimos disfrutar hace no mucho de una antología traducida también por Antonio Rómar, fue un poeta relevante del denominado Renacimiento de San Francisco a la par que de la Beat Generation, además de ser uno de los editores de poesía más importantes de EEUU con City Lights, que revolucionó el mundo de la edición con libros de bolsillo permitiendo que los lectores pudieran acceder a la poesía a precios reducidos en su colección The Pocket Poets Series, y dando cabida a autores como Allen Ginsberg, Gregory Corso o Diane Di Prima. También fue un librero determinante creando City Lights Bookstore en San Francisco, un espacio de intercambio contracultural que abarca varias décadas.

Ahora se publica, con una nueva traducción, un importante libro dentro de la trayectoria de Ferlinghetti (hubo una primera edición en la editorial Hiperión en 1981), así como de la poesía estadounidense de la segunda mitad de siglo XX, circunscrito a la Generación Beat. Publicado originariamente en 1958, A Coney Island of the Mind es un clásico moderno de las letras anglosajonas y seguramente el libro de mayor éxito de su autor.


El jugoso prólogo, firmado por Antonio Rómar, nos contextualiza una época muy concreta para comprender mejor el alcance anti-bélico del libro. Pese a ser un año, 1958, en el que aparentemente “no pasaba absolutamente nada”, tiene un trasfondo de Guerra Fría, en el que EEUU realizó una gran cantidad de pruebas nucleares y accidentalmente cayeron algunas en suelo norteamericano. Por cierto, ese mismo año, Gregory Corso publicaría en City Lights su famoso poema “Bomb”. Por tanto, muchos de los poemas son anti-bélicos, pero también anticapitalistas, por cuanto tienen de denuncia de los abusos y los excesos del poder y del consumismo creciente de la década del 50.

El libro se divide en tres apartados: la primera y más extensa, que da título al libro, es una mirada contemplativa del mundo y la belleza, donde los poemas se completan con la pericia del lector, teniendo en cuenta la intertextualidad y las referencias de otros autores. Se trata de poemas fragmentarios y líricos, con ecos surrealistas, donde hay cabida para pequeñas escenas cotidianas, casi a modo de postales. El poeta, de origen italiano, se fija en detalles que solo la poesía puede mostrar y aglutina múltiples conexiones, tanto con pintores (Goya, Morris Graves, Chagall, Picasso) como con poetas (Yeats, Whitman, Ezra Pound), mezclándose con elementos mitológicos o referencias de la Historia americana, reconstruyendo, como en un mosaico, la sociedad americana de posguerra. No es casualidad la referencia a Goya en el primer poema, donde ya hay una alusión a la “humanidad sufriente” debido a la violencia de las guerras. Porque a pesar de la distancia temporal con respecto al pintor aragonés, “solo el paisaje ha cambiado”.

La segunda sección, “Mensajes orales”, viene acompañada de una explicación donde el autor reconoce que los textos fueron escritos para ser “pronunciados” junto a músicos de jazz y destaca su intención de ser espontáneos. Hay poemas impresionantes, como “El Obliggato del Chatarrero” y, sobre todo, “Autobiografía”, una suerte de flujo rimbauldiano que evidencia la capacidad observadora y alucinada del poeta. Son textos con una importante carga crítica que hablan de una América perdida y carente de justicia: “El sistema se ha echado a perder. / Roma nunca se pareció a esto”. Sin embargo, y a pesar de varias imágenes desoladoras que dibujan un mundo deteriorado, hay una crítica constructiva. El poemario, y en especial los poemas que integran esta sección, son un ejemplo de la vertiente beat tan incisiva con el capitalismo, que se rebela desde el ritmo y las asociaciones libres, mostrando su descontento ante las autoridades estatales y dejándolas en evidencia. En este sentido Ferlinguetti es un poeta comprometido con el momento en que vive y tiende puentes con compañeros de generación: “He comido perritos en estadios. / He escuchado el discurso de Gettysburg / y el discurso de Ginsberg”.

La tercera parte, incluye una selección de poemas que ya habían aparecido en su primer libro, Retratos de un mundo perdido, en 1955. Encontramos bellos poemas como los titulados “4” o “5”, con alusiones a René Char o Joaquín Sorolla, textos muy líricos donde los versos serpertean en las páginas a la vez que las ideas brotan como peces en un estanque. Ferlinguetti es capaz de elaborar piezas sutiles y combinarlas con otras llenas de fuerza. A esto hay que añadirle el humor y la fina ironía, que, junto a la polifonía, dotan al libro de un carácter heterogéneo, como un collage típicamente genuino de mediados del siglo XX, dando cabida a la belleza y el amor, pero también a la violencia y la corrupción.


A lo largo del libro se tematizan distintas preocupaciones, si bien al final perdura una idea sobre esa dualidad que es la vida y la muerte, aunque hay un poso de esperanza (no se sabe si irónica o real) que late en muchos poemas: “El mundo es un lugar hermoso / donde nacer (…) / si no te importa esa pizca de infierno / de vez en cuando”. Parece que en Ferlinghetti persiste el afán vitalista y una búsqueda de una Ítaca perdida, y nos anima a seguir explorando la realidad.

Lo más llamativo es que después de casi 65 años, el libro sigue teniendo interés poético y político, y este es un buen momento para entrar en sus poemas comprometidos, que revelan los problemas asociados al mundo contemporáneo.

(Reseña aparecida originariamente en Culturamas el 3/01/23).

 

martes, 21 de febrero de 2023

La anguila, de Paula Bonet

 


Dacia Maraini habla de cómo nuestros cuerpos, derechos y maternidades son el campo de batalla donde el patriarcado despliega toda su artillería. Adrienne Rich habla del cuerpo de la mujer como algo impuro y corrupto que amenaza a la masculinidad: algo que desea y es diabólico y sangra y se corre. Y lo enfrenta al cuerpo del único otro tipo de mujer que el patriarcado concibe: el de la pura, asexuada y sagrada. El de la virgen. Nos enfrenta a nosotras mismas, nos manipula, nos llena de frustraciones, nos somete.

 

(Paula Bonet, La anguila. Anagrama, 2022).

martes, 14 de febrero de 2023

Pacifiction: un poema



“Ahí están, todos juntos, con luces en la cara. Con flashes en la oscuridad. Luces intermitentes. Ya no tienen referencias” (Pacifiction).

Ahí están, en mitad de la nada, todos juntos, con luces en la cara, con flashes en la oscuridad. Donde la piel es transparente y las luces intermitentes. Ya no tienen referencias. El presente es un futuro dirigido. Todo es una ilusión. No sabemos lo que comemos, no sabemos lo que deseamos. Una isla, rodeada de un mar de fuego. Como una culebra agazapada en la oscuridad, como un alacrán esperando su momento debajo de una piedra. Sudando emociones de cristal. La piel se humedece, los ojos son ladrillos amontonados. En esa ignorancia, que es también una manera de descenso a los infiernos, se encuentra la piedra de la locura. Por eso hay noches en las que me adentro por las sombras, me escondo tras los bucles de sonido, los loops inundando las piscinas. Los hígados y las venas se hinchan de ilusiones. Yo los miro a los ojos, y lo único que veo son cáscaras vacías. Están cansados y no lo saben. Desde hace más de cien años, tal vez doscientos. Cuerpos marchitados, lujosamente disecados. Los perros hacen sus estragos. Una vez fuisteis niños, les digo. Les espeto que alguna vez el cielo era un trozo de luz arrancado en sus manos. Pero no me creen, no entienden nada. Se devoran, como anguilas desesperadas. El tiempo no se detiene, se estira, se prostituye. Los cuerpos se giran, bailan, gravitan. Las palabras son gestos mudos. Las luces se difuminan. Todo es un teatro, donde no vemos quién dirige la obra. Guardar la compostura es una manera de morir hacia dentro.

(Poema basado en la película Pacifiction, dirigida por Albert Serra. 2022).