lunes, 21 de enero de 2013

Ignacio Echevarría o el crítico de verdad


El pasado día 11 de enero el crítico literario Ignacio Echevarría publicaba un artículo (ver aquí) en El Cultural, suplemento del diario El Mundo, en donde denunciaba la situación endogámica y laxa de los suplementos culturales españoles y exigía una mayor libertad y sobre todo riesgo a la hora de apostar por autores diferentes. Echevarría lo plantea sin rodeos y da en el centro de la diana: "¿Será que nuestros críticos apenas asoman la nariz fuera de los cauces establecidos, o es que comparten enteramente los valores que promueven las plataformas ya consolidadas y hegemónicas, las más conspicuas redes de distribución y de difusión?".

Recuerdo que Ignacio Echevarría apostó por Ray Loriga y en concreto por su novela Tokio ya no nos quiere cuando la mayoría de los llamados “críticos literarios” españoles la obviaban. Y esto ha ocurrido con otros autores más o menos jóvenes o "incómodos".  Echevarría, que se encargó de varias ediciones de obras póstumas de Roberto Bolaño, como Entre paréntesis y 2666, sirvió de inspiración para el personaje llamado Iñaki Echavarne en Los detectives salvajes.

Yo llevo años sin interesarme por los suplementos culturales españoles por las razones que vierte Echevarría en este artículo. Creo que los críticos culturales más independientes y que más pueden aportar a los lectores están en la red. Y eso es una suerte, porque ¿qué posibilidades de elección había antes de que apareciera internet?


martes, 15 de enero de 2013

Corea: nouvelle manhwa




Corea –vista por 12 autores-, VV AA, (Ed. Ponent Mon, 2007).
El cómic, que está viviendo una edad de oro desde hace unos años, muestra aquí uno de sus lados más interesantes y novedosos, el del diálogo entre culturas diferentes, en este caso entre Europa y Asia, o más concretamente entre Francia y Corea del Sur, para intentar dar a conocer en Europa el cómic de un país a la sombra de Japón, pero que cada vez asoma más la cabeza por derecho propio. 12 historietas: 6 autores coreanos y 6 europeos (5 franceses + 1 italiano) que muestran una visión sobre el país asiático.
Este es el año de Corea en España. Por un lado, hemos tenido la presencia de Corea del Sur como país invitado en ARCO, mostrando sus distintas manifestaciones artísticas, además de una mayor difusión en galerías privadas y centros culturales por todo Madrid; por otro lado, la Filomoteca española ha desarrollado en los meses de febrero y marzo un especial sobre cine coreano contemporáneo, lo que ha permitido comprobar que se trata de una de las más sugerentes y activas filmografías del momento, con varios directores consolidados internacionalmente, y jóvenes realizadores que parecen presagiar una segura continuidad a la de los grandes realizadores surcoreanos. Ahora le llega el turno al cómic. Con este álbum colectivo Ponent Mon –como ya hiciera con Japón-, en colaboración con otras editoriales de Francia, Italia, Reino Unido y Corea, tratan de que el manhwa -el cómic coreano- esté a la altura de otras manifestaciones artísticas. Y por lo que podemos ver en este libro, parece que talento no les falta a los jóvenes y no tan jóvenes autores que nos presentan.
Por el lado europeo (no todos son franceses, Igort es uno de los máximos exponentes del fumetto italiano) se repiten motivos autobiográficos, destacando sus impresiones sobre Corea y en especial Seúl, lo que es normal, pues supone una visión del “Otro”, siempre desde el punto de vista de un occidental, para quien la visión del país asiático siempre constituirá una mirada más exótica que cotidiana. Hay propuestas brillantes, como las de Igort o Guillaume Bouzard, o la presentación de algunos jóvenes valores prácticamente desconocidos en España (Tanquerelle, Vanyda, Mathieu Sapin, o Catel), que muestran un gran nivel en sus historias. Los autores coreanos parecen decantarse por un interés más profundo sobre ciertas cuestiones como la historia y sociedad de Corea del Sur, la relación entre el hombre y la naturaleza o la memoria. Son notables todas las historias, desde las poéticas El árbol de Solgeo de Lee Doo-ho, o Cenicienta de Park Heung-yong a las personalísimas El conejo de Byun Ky-hyun, La lluvia que pasa vuelve de Chaemin, La paloma Faksa de Choi Kyu-sok o la entrañable El pino de Lee Hae-jae.
Es cierto que todavía hay unas diferencias marcadas entre estos dos grandes países (lo que se podría extrapolar al cómic asiático frente al cómic europeo), sin embargo, con experimentos como este, unido al ya histórico encuentro entre dos culturas tan importantes en el cómic como el manga japonés y la BD franco-belga propiciado por el imprescindible Frédéric Boilet, se enriquece y amplía el lenguaje del cómic, demostrando que tenemos mucho más en común de lo que pensamos y que los años venideros nos depararán muchas sorpresas.
Es de agradecer que existan editoriales como Ponent Mon que apuestan claramente por un tipo de cómic novedoso e híbrido, como el nouvelle manga o el nouvelle manhwa. Esperemos que esto no se quede en un proyecto, y que podamos ver y apreciar más cómics de uno de los países más deslumbrantes del momento.
(Reseña publicada originariamente en www.deriva.org en 2007).









miércoles, 9 de enero de 2013

Federico Ocaña: poemas



hilos.  ceniza


de esta palabra a la otra más oscura


                              *

desprendida del útero    la coses a un vientre exterior.

arroja luz dentro


                              *

hablas desde otra escritura

                                                   muda de tu piel

               el color


(Federico Ocaña, Desprendimientos, Amargord, 2011).

lunes, 31 de diciembre de 2012

Queens Of The Stone Age: Go With The Flow



Quiero despedir el año 2012 con este vídeo de los siempre grandes Queens Of The Stone Age, y dar entrada al 2013. ¡¡Feliz año y rock and roll!!

lunes, 17 de diciembre de 2012

Correr o sucumbir



Correr, de Jean Echenoz, Anagrama, 2010. Traducción del francés de Javier Albiñana.


La vida de Emil Zátopek (1922-2000) es la vida de la Europa de mediados se siglo XX, con sus contradicciones y sus miserias. Atleta checoslovaco que ganó varias medallas olímpicas, Emil Zátopek era un joven superdotado para la carrera de larga distancia, a pesar de contar con un estilo poco ortodoxo. Era un hombre sencillo, que se dedicaba a correr bajo el contexto de una Europa convulsa todavía por el nazismo, mientras avanzaba por el Este el comunismo soviético, que utilizaría al gran atleta checo como herramienta de propaganda e incluso acabaría marginándolo socialmente al final de su carrera cuando apoyó la Primavera de Praga.

La Locomotora Humana (así llamaban al corredor checoslovaco) se dedicaba a correr, tal vez para huir de la tiranía de las dictaduras, tal vez, para huir de sí mismo. Y mientras tanto, batió varios récords mundiales. Bueno, más bien los pulverizó. Y también ganó varias medallas olímpicas. Todavía hoy, Emil Zátopek mantiene una hazaña no igualada: tres medallas de oro en 5000 metros, 10000 metros y maratón en los JJOO de Helsinki 1952.

Esta novelita tiene múltiples lecturas, si bien su escritura es sencilla (la escritura de Echenoz es precisa y limpia como un hueso y elegante como un galgo) y no está exenta de fina ironía. Esta mezcla de ficción y realidad es fecunda en el autor francés, que también ha novelizado las biografías del músico Maurice Ravel y del ingeniero Nikola Tesla.

El propio Echenoz, decía en una reciente entrevista al diario El País: “Correr es lo que le daba vida, pero al mismo tiempo se la robaba, porque le quitaba todo el tiempo, le arrebataba casi todo”. Esta paradoja resume no solo la novela, sino la condición humana, y revela el absurdo al que está sometido el ser humano ante la sociedad totalitaria. Y ese es su atractivo: comprobar cómo un personaje que para muchos es un héroe, solo puede superar la adversidad por medio del deporte. Pero no se trata de correr como un acto de huida, sino como un acto individual, libre, que permite aislarse ante las terribles vicisitudes que encierra la realidad más cotidiana y absurda. Y ahí, en ese soplo de libertad, se encuentra también la cautividad.

¿Cuánto hay de biografía y cuanto de ficción? Qué más da. Lo que importa, es que Correr se lee muy bien y casi diría que crea adicción. El propio Echenoz leyó miles de artículos sobre Zátopek, pero no la biografía sobre el corredor checoslovaco. De ahí el interés literario del libro, de la capacidad del autor de Me voy para literaturizar vidas ajenas. ¿Qué es, si no, el trabajo de un novelista?



lunes, 10 de diciembre de 2012

Hans Magnus Enzensberger: Modelo para una teoría del conocimiento





Aquí tienes una caja,
una caja grande
con una etiqueta que dice
caja.
Ábrela,
y dentro encontrarás una caja,
con una etiqueta que dice
caja dentro de una caja cuya etiqueta dice
caja.
Mira adentro
(de esta caja,
no de la otra)
y encontrarás una caja
con una etiqueta que dice…
y así sucesivamente,
y si sigues así,
encontrarás
tras esfuerzos infinitos
una caja infinitesimal
con una etiqueta
tan diminuta
que lo que dice
se disuelve ante tus ojos.
Es una caja
que sólo existe
en tu imaginación.
Una caja
perfectamente vacía.

(Hans Magnus Enzensberger, El hundimiento del Titanic, traducción de Heberto Padilla).

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ice Haven, de Daniel Clowes



Ice Haven, de Daniel Clowes (Reservoir Books-Mondadori, 2006).

El mundo del cómic no sería lo mismo sin la presencia de Daniel Clowes (1961, Chicago, EEUU), quien ha logrado imponerse como un autor de culto leído y admirado a partes iguales, aunando sensibilidad literaria, humor crítico y un dibujo depurado. Gracias sobre todo a su notable Ghost World, el autor de Chicago demostró que la novela gráfica puede tener una profundidad narrativa propia.

Clowes casi siempre utiliza los estereotipos americanos para mostrar el lado sórdido de la realidad. En algunos casos, puede asemejarse al del realizador cinematográfico Todd Solonz (en el humor negro, en el desparpajo y la falta de pudor), pero lo cierto es que Clowes emplea menos el “patetismo solonziano” y más la teoría del iceberg popularizada por Hemingway, donde todo lo que se ve no es todo lo que hay. En muchas ocasiones se ha dicho que Clowes es un gran narrador ligado a la mejor tradición norteamericana de cuentistas (Ernest Hemingway, Raymond Carver, Sam Shepard), desarrollando historias sencillas sobre la problemática de la vida cotidiana. Es lo que ha demostrado en novelas gráficas como Ghost World, David Boring, o incluso en Como un tallo de hierba, Joe, una pequeña historieta perteneciente al número 6 de su revista Bola 8 (Eightball) y ahora agrupada junto a otras ocho historias cortas en Caricatura (Ed. La Cúpula), alcanzando un gran nivel de calidad y efectividad narrativa. Además, el autor estadounidense ha sabido alternar historias sencillas con otras más disparatadas a lo largo de su carrera, destacando la fascinante Como un guante de seda forjado en hierro (también editado en un álbum) o la gamberra ¡Poussy!, todo un alegato paródico y crítico del mundo del cómic o incluso el pastiche en Lloyd Llewellyn.

Con Ice Haven (hasta el momento su mejor obra), Dan Clowes logra sorprender aún más, si bien, se trata de una novela gráfica compleja, caleidoscópica, con varios elementos deudores del posmodernimo literario. Uno de los mayores atractivos de Ice Haven es su formato apaisado –que recuerda a la monumental Jimmy Corrigan de Chris Ware- y también la soltura con la que Clowes retrata a una ciudad –que puede ser cualquier ciudad pequeña de EEUU-, gracias a una serie de pequeñas historias intercaladas y fragmentadas, ampliando la polifonía de una obra que ha de completarse con la lectura de la misma. La linealidad queda interrumpida por una cierta originalidad fragmentaria, elipsis, cortes, sugerencias, intertextualidad, confirmando que todavía se puede explorar mucho en el lenguaje del cómic, pero también reconociendo el deslumbramiento de algunas de las experimentaciones llevadas a cabo por Chris Ware. Así, Clowes introduce historias con formatos distintos, lo que le permite enriquecer su discurso a la vez que multiplicar su lenguaje; tenemos desde la típica tira cómica estadounidense hasta un uso de la parodia o el realismo sucio, con estilos picapiedra o cartoon, colores y tonos diversos aplicados a los ambientes o situaciones distintas, obligando al lector a formar parte de la historia de una manera activa.

Utilizando la excusa del secuestro de un niño del pueblo, asistimos a fragmentos de la vida de varios personajes, a veces narrados en tan sólo una página, siendo capaz de contar y sugerir con unos elementos mínimos. Tenemos personajes típicamente cloweianos, como Vida o Mr. Ames. Llaman la atención el  crítico de cómic Harry Naybors –Clowes se ríe de sí mismo pero siempre con un amor y un respeto al cómic como pocos-, o el patético poeta Random Wilder. Se trata de personajes enajenados (lo que puede recordar a varios cineastas norteamericanos como Jim Jarmusch, Halt Hartley, Todd Solonz o creadores de cómic como Robert Crumb), personas que viven una vida tediosa. En esto, también entran ciertos elementos típicos de la sociedad norteamericana que ayudan a confeccionar un imaginario común como el sexo adolescente, la falta de voluntad, los deseos y frustraciones, la inestabilidad familiar y de la pareja, la incomunicación, elementos todos ellos que conforman un entramado más complejo de lo aparentemente visible, pues con esta obra debemos leer (y mirar) entre líneas (y viñetas). Clowes es un escritor de relaciones humanas, pero también un dibujante, porque sus viñetas logran visualizar lo que las palabras no pueden.

Una última nota: por mucho que algunos se empeñen en llevar al cine los cómics de Dan Clowes y a pesar de tener como resultado películas tan notables como Ghost World, (esperamos con ganas el estreno de Art School Confidential con guión de Daniel Clowes) lo cierto es que el mundo tan personal de este artista siempre será más rico –y necesario- en su propio medio y con su lenguaje y estilo únicos, el del cómic.

(Reseña publicada originariamente en www.deriva.org en 2007 y retocada ligeramente).