lunes, 16 de marzo de 2026
La levedad, de Catherine Meurisse
martes, 25 de noviembre de 2025
Batman Arkham City o el cómic de terror poético
Normalmente, no soy muy fan de cómics y películas de superhéroes, pero como en todo, hay excepciones. Hay obras de Daredevil tanto en historieta como en cine que superan con creces los paradigmas consumistas y efectistas de Marvel; en este sentido, cómics como Daredevil: Born Again, Daredevil: El hombre sin miedo o Daredevil Amarillo, así como la serie de Netflix (que estoy viendo actualmente) indagan y profundizan en algunos personajes como el propio Daredevil, Karen o Foggy, y muestran una realidad compleja alrededor de ellos. Además, tanto los tebeos citados como la serie, incorporan un gran trabajo artístico gracias a las ilustraciones en los cómics, y la iluminación y la fotografía en la serie cinematográfica.
Otro caso que me parece paradigmático de este tipo de obras es el de Batman, seguramente el personaje de DC Comics que más y mejor suerte ha tenido en su expansión a otros medios, como los videojuegos (con la trilogía de Batman Arkham o la aventura gráfica Batman The Telltale Series) y el cine (la trilogía de Christopher Nolan o las obras de Tim Burton son claros ejemplos). Hay tebeos que constituyen obras maestras del noveno arte más allá del género "cómic de superhéroes". Algunos títulos, como Batman, Año Uno, de Frank Miller y David Mazzucchelli, Batman El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller y Klaus Janson o Batman: El largo Halloween, de Jeph Loeb y Tim Sale suponen cómics que por razones diversas superan esa etiqueta que simplemente acota sus publicaciones a "superhéroes". Una de las obras más impactantes del hombre murciélago (y de los cómics en la brillante década de los 80) es Batman: Arkham Asylum, de Grant Morrison y Dave McKean.
Lo primero que llama la atención de este cómic es su fuerza visual, que en muchos casos se sale de lo habitual en el mundo de la historieta, ya que se dan una gran diversidad de recursos artísticos. Muchas de las páginas combinan viñetas tremendamente verticales con otras más abiertas en las que apenas se diluyen las caras y las figuras y casi tenemos que adivinar qué se está representando. En ocasiones, esas viñetas tienden a la abstracción, y apenas quedan los colores y los trazos impregnando sensaciones y movimientos.
Esa expresividad, que en muchos casos tiende a la hipérbole, es una muestra del enorme trabajo de McKean en el dibujo y la técnica del collage, y en muchos momentos pareciera que estamos ante una serie de cuadros, más que viñetas. En general es una obra muy poética, ya que sobresale lo sensorial por encima de la narratividad. Por momentos, Arkham Asylum tiene más del Allen Ginsberg de Aullido o Kaddish o de Edgar Allan Poe que de los Batman "de toda la vida". Poesía, terror, y un sinfín de referencias explícitas e implícitas, que van desde Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carroll hasta El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
Arkham Asylum es un ejemplo de un cómic de superhéroes que es otra cosa. Posiblemente Morrison y McKean aprovecharon el tirón del personaje para precisamente narrarlo desde otros prismas, pero lo mejor de todo es que fue un rotundo éxito, tanto de ventas como de crítica y a día de hoy sigue siendo un tebeo innovador y lleno de sorpresas.
Por último, resulta una experiencia sugerente leer esta obra y jugar al videojuego Batman Arkham Asylum, ya que aunque parece partir de la misma idea, tanto su narrativa como sus trasfondo resultan muy diferentes. Ahí se pueden tender relaciones intermediales bien interesantes entre ambas propuestas.
jueves, 4 de septiembre de 2025
Espanto, de Laura Pérez
jueves, 7 de agosto de 2025
Por culpa de una flor, de María Medem

domingo, 16 de febrero de 2025
Exposición de cómic polaco: ¿arte vs entretenimiento?
lunes, 4 de noviembre de 2024
Sibylla, de Max Baitinger
Sibylla, de Max Baitinger (Fulgencio Pimentel, 2024. Traducción de Núria Molines y César Sánchez).
La editorial Fulgencio Pimentel publica al mismo tiempo dos novelas gráficas del alemán Max Baitinger (Alemania, 1982). Por un lado, reedita la sobresaliente Röhner (con un nuevo formato más atractivo y manejable) y también estrena Sibylla, que fue nominada a mejor novela gráfica en el Festival de Algoulême en 2022. Lo primero que hay que decir es que el libro entra por la vista y por el tacto, pues se trata de una edición muy cuidada, con tapa dura y hojas de gran calidad.
Sibylla se basa en la vida de Sibylla Schwarz (1621-1638), poeta alemana de la época barroca que murió con tan solo 17 años y pasó a la historia como una de las primeras poetas feministas. Sin embargo, no es una biografía en sentido estricto; de hecho, está bastante alejada de esa idea, pues Baitinger aprovecha la excusa de un encargo por el cuarto centenario de la joven poeta para (de)construir una novela gráfica que explora los límites del dibujo y la narración.
La vida de Sibylla Schwarz puede guardar cierta similitud con Emily Dickinson, pues fue una joven poeta que a pesar de las dificultades de su tiempo, logró centrarse en su escritura y dejar un legado poético importante. La autora vivió una época difícil, envuelta en la Guerra de los Treinta años, que tuvo a su país en jaque contra Suecia y que supuso una gran merma de población en el país germano, obligando a su familia, como a tantos otros, a huir de su pueblo para refugiarse en Frätow y después en Stralsund y Rügen.
Sibylla está dividida en distintos capítulos que conforman un relato complejo al alternar varias capas y discursos (hay hasta tres tipografías distintas), donde se tematiza la propia creación del cómic Sibylla y se nos informa de cómo la Asociación de Amigos de Sibylla Schwarz le ofrecieron a Baitinger semejante proyecto. Pero, de manera sorprendente, el autor alemán se ventila la biografía de Schwarz en unas pocas páginas e ironiza sobre la escasez de documentos acerca de la poeta para poder ajustarse a los detalles de su vida. A partir de ahí construye otra novela gráfica, que incluye poemas de la autora y retazos ficcionales sobre Sibylla y su padre y los problemas derivados del duro contexto de la época.
Una de las cosas que sorprenden de su otra gran obra Röhner es el empleo del absurdo y el humor que brotan tanto de los diálogos como de las viñetas, generando situaciones cotidianas que se resuelven de manera un tanto insólita. En Sibylla persiste cierto extrañamiento y surrealismo, pero la ironía y el peso del discurso ganan enteros. También hay una evolución gráfica, pues a pesar de continuar con un trazo sencillo característico del autor, se aprecia un tratamiento diferente en el uso del color, dando cabida también a la acuarela y a una mayor exploración de los límites de la página e incluso de la narración. En muchos momentos se tiene la sensación de que se trata de un ejercicio de estilo, acercándose más al cómic poético que al narrativo, gracias, entre otras cosas, a la paleta de colores grises y sus formas sugerentes, así como a cierta abstracción. En distintas ocasiones se prescinde de las cajas de las viñetas y los dibujos se desmarcan, se amplían dentro de la página hasta casi salirse. La linealidad a veces se corta, con digresiones que realzan su valor visual y experimental, lo que, unido a la ironía, confecciona una propuesta profunda a la vez que sorprendente.
Quien pretenda encontrar una simple biografía tebeística, se sentirá seguramente decepcionado. Sin embargo, quien busque una propuesta más libre y experimental, abierta a nuevas miradas, encontrará en Sibylla una potente novela gráfica que ensancha las posibilidades del noveno arte.
(Reseña publicada originariamente en Culturamas el 11/07/24).
domingo, 11 de agosto de 2024
Feltrinelli, de Guille Gracia, Autor Iturriza y Nacho Nava
Feltrinelli, de Guille Gracia, Aitor Iturriza y Nacho Nava. Altamarea, 2024.
La editorial Altamarea, que ya editó el año pasado el cómic Pasolini de Davide Toffolo (publicado originariamente en 2012 por 451 Editores), continúa su aventura tebeística con su segunda novela gráfica, basada en la vida de Giangiacomo Feltrinelli, importante editor y activista revolucionario, integrante de los Brigadas Rojas, y fundador de las GAP (Grupo Paramilitar italiano de extrema izquierda). Heredero de una de las fortunas más grandes de Italia, su interés cultural y activista le llevó a crear la editorial Feltrinelli en 1954, actualmente uno de los conglomerados editoriales más importantes del país transalpino, con más de 100 librerías y dueño desde 2010 de la española Anagrama. Entre primeros sus logros, está la publicación de obras polémicas como Doctor Zhivago, de Borís Pasternak, El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa o Trópico de Cáncer, de Henry Miller, además de popularizar los libros de bolsillo.
Giangiacomo Feltrinelli era un hombre de contrastes, con una “ambición desmedida”, como reconoce Aitor Iturriza, uno de los guionistas del cómic, debido seguramente a una “insatisfacción vital”, como apuntilla Nacho Nava, ilustrador de Feltrinelli, lo que seguramente “le llevó a la autodestrucción”, poniendo en peligro “sus proyectos, amigos, familiares y seres queridos”, al morir con apenas con 45 años y dejando un gran legado que fue continuado por su mujer, la gran editora Inge y posteriormente su hijo Carlo, presidente actual del grupo editorial.
Lo primero que hay que destacar es que la historia de Feltrinelli se desarrolla en el contexto turbio de la Guerra fría, con las presiones de la URSS por publicar la novela Doctor Zhivago de Borís Pasternak o la de Estados Unidos (incluida la CIA), además de los conflictos con el Partido Comunista italiano. Pero Giangiacomo era fiel a sí mismo y actuaba según sus convicciones, sabiendo los riesgos que conllevaba. En este sentido, sorprende que el italiano participara de manera activa en tales acontecimientos, muchos de ellos clave para comprender gran parte de la segunda mitad del siglo XX. ¿Puede creerse que un joven rico que conducía automóviles de alta gama podría a su vez publicar la biografía de Fidel Castro y apoyar la revolución cubana y a los pocos días cenar en Nueva York junto a los mayores escritores norteamericanos de la época?
El proceso de creación del libro no ha sido fácil. “Lo primero fue ordenar la ingente documentación que tenía Guille [Gracia] e intentar encontrar un hilo conductor”, reconoce Iturriza, a la que fueron añadiendo elementos ficticios. Sin embargo, han logrado condensar una historia apasionante y llena de momentos insólitos en algo más de 200 páginas. Lo que pudo haber sido un documental, se convirtió finalmente en una novela gráfica. El lenguaje tebeístico permite de una manera muy efectiva condensar biografías e historias largas como ningún otro medio, y los tres autores han sabido aprovechar las propiedades del cómic para contar una historia ambiciosa.
Feltrinelli está narrado en primera persona, con una estructura circular que recuerda a Sunset Boulevard, el clásico noir dirigido por Billy Wilder en 1950, donde la voz de un muerto nos cuenta su vida hasta llegar a su trágico final. Tanto por la temática, como por el estilo visual en blanco y negro, se respira un aroma de tensión a lo largo del libro. Nava, que se reconoce heredero de José Muñoz y Frank Miller, contribuye a crear dinamismo gracias a la disposición de viñetas de 3x3 y sus variaciones (en ocasiones con viñetas que ocupan toda una página), además de un uso de líneas orgánicas, donde destacan los rostros, las formas y los bloques en blanco y negro, que ayudan a realzar el propio contraste de la vida de Giangiacomo. Ese estilo expresivo, de trazos en ocasiones simplistas, prescinde de elementos decorativos y se centra en las escenas y en los gestos de los personajes, aislados de elementos superfluos. Además, encontramos pequeños momentos de extrañamiento gracias a retazos en amarillo mostaza (que recuerda el estilo de Yo, loco, de Altarriba y Keko o Ese cobarde bastardo de Frank Miller) que relucen sobre los blancos y negros. Asimismo, llama la atención una composición visual muy cinematográfica (tanto Aitor Iturriza como Nacho Nava son cineastas), con influencias que corrobora el propio Nava: “El neorrealismo italiano ha sido una referencia clara. También las películas de la Nouvelle Vague e incluso del Nuevo Cine Latinoamericano, ciertas viñetas remiten a películas como La hora de los hornos. También Corto Maltés, su manera de narrar e incluso de introducir personajes históricos”.
Aparte de reflejar los contrastes de un personaje complejo, esta novela gráfica rinde homenaje a una figura trascendental de la sociedad italiana, pues, en palabras de Guille Gracia, coguionista de la obra: “Más allá de esa visión de rico excéntrico que quiso jugar a la revolución que algunos, no muchos, conocen, existe muchísimo desconocimiento sobre su papel en la transformación y modernización cultural de la sociedad italiana en un momento clave como fueron los años 60 y 70”. Un legado que sigue vigente hasta la actualidad y que ahora podemos conocer gracias a este cómic.
(Reseña publicada originariamente en Culturamas el 4/06/24).
sábado, 22 de junio de 2024
Alberto Breccia y Edgar Allan Poe
El cómic siempre se ha fijado en la literatura y ha adaptado multitud de obras. Últimamente abundan tanto las adaptaciones de obras literarias como las biografías de escritores. La mayoría de propuestas resultan miméticas y las ilustraciones acompañan los textos sin aportar mucho más que la simple "decoración" o visualización de escenas con palabras. Sin embargo, hay algunos casos donde el cómic parte de una obra literaria para homenajearla realizando un trasvase al lenguaje tebeístico. Un buen ejemplo de ello es Ciudad de cristal, novela gráfica de Paul Karasik y David Mazzucchelli basada en la novela homónima de Paul Auster. En este cómic se respeta el texto y la historia originales pero se representa partiendo de las cualidades del lenguaje tebeístico, incluso ofreciendo algunas escenas memorables desde el punto de vista visual.
Otro caso similar es El corazón delator y otros relatos extraordinarios, de Alberto Breccia, conjunto de cinco historietas con estilos diferentes y en momentos distintos de su vida (una en blanco y negro y cuatro en color) donde el autor de origen uruguayo rinde homenaje al gran Poe. Breccia, que también ilustró Los mitos de Cthulhu o Drácula y junto a Oesterheld una versión posterior de El eternauta y Mort Cinder, plantea en este compendio de relatos un ejercicio de elipsis y síntesis, reduciendo el texto original de Poe hasta quedarse con lo esencial, añadiendo unas ilustraciones poderosas y altamente expresivas. En la primera historia, "El corazón delator", llama la atención el contraste de blanco y negro y los primeros y primerísimos planos. La tensión en torno al personaje principal, que en el relato de Poe dilucida sobre sus obsesiones y la locura, se concentra en apenas unas páginas donde algunas viñetas se repiten a modo de rimas visuales (como certeramente señaló Benoît Peters). Este juego de repeticiones sin apenas variaciones realza la tensión de la escena a la vez que intensifica la expresividad gráfica. El tiempo se congela y la tensión se multiplica. En la trasposición hacia el cómic se plantean rasgos que en el relato literario se resuelven de otra manera. En ambos casos asistimos a obras cumbres de la concentración del terror y la angustia psicológica.
viernes, 17 de mayo de 2024
Ghost World: Cine y cómic
La película Ghost World, dirigida por Terry Zwigoff en 2001 es uno de los escasos ejemplos en los que una adaptación cinematográfica respeta el original y amplía la propuesta centrándose en sus propios elementos semióticos y no trasladando los propiamente literarios. Hay otros ejemplos, donde una adaptación no busca simplemente llevar al cine la misma historia para llegar a más público, sino que se traduce la obra original a un lenguaje diferente, explorando sus propios recursos. Apocalypse Now, dirigida por Francis Ford Coppola (1979) y basada en la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (1899) es un ejemplo paradigmático de cómo adaptar una obra literaria al cine, manteniendo el tema original pero traduciendo algunas ideas, así como trasladando la historia original al lenguaje cinematográfico. Otro ejemplo, en este caso de cómo llevar al cómic una novela, es Ciudad de cristal, novela gráfica de Paul Karasik y David Mazzucchelli (1994), basada en la novela homónima de Paul Auster (1985). En este cómic, siendo muy fiel al texto original de Auster, tanto en la historia como en el desarrollo de los personajes, se intensifican los rasgos propios del lenguaje tebeístico, aprovechando varios recursos visuales que no tiene la literatura y que aportan una riqueza nueva a esa versión.
Daniel Clowes, uno de los historietistas más importantes de las últimas décadas (autor de, entre otros títulos, Como un guante de seda forrado en hierro o Ice Haven), contiene en sus obras una extraña mezcla entre humor y profundidad psicológica, seguramente porque es una consecuencia de la violencia soterrada del capitalismo y de su empeño por homogeneizar la sociedad -y a los individuos-, tanto a nivel de consumo, como de comportamientos (¿tal vez porque va unido?).
En Ghost World, el desencanto que destila el personaje de Enid es propio de quien quiere ser diferente, pero no puede, y eso la aflige. En este sentido, se podría decir que Clowes ya percibía la sociedad del “me gusta” (en términos de Byung-Chul Han) en la que vivimos actualmente, donde se homogenizan los gustos, las opiniones y hasta los comportamientos y se atacan o censuran las opiniones que no gustan o son diferentes.
La película (escrita por Zwigoff y Clowes) muestra una capa de profundidad sociopolítica (que tal vez solo se sugiere en el cómic) cuando obligan a la profesora de Arte de Enid a eliminar su obra en la exposición de arte, sin ni siquiera poder hablar con la autora para que pueda explicar su intención o defenderse de los ataques de los asistentes a la exposición. Clowes y Zwigoff son muy agudos y plantean una problemática sobre el control del poder y la censura sobre todo aquello que no guste, sin posibilidad de abrir un debate, algo que es inherente al arte o la filosofía. Algo que, por desgracia, se ha normalizado en los últimos años en diversos contextos, incluido ARCO. ¿Qué hay detrás de esa decisión? ¿Molesta tener una obra -una imagen- que incomoda y por ello hay que quitarla? ¿No es uno de los objetivos del arte, sobre todo en el siglo XX, provocar y mover a la reflexión? Por si fuera poco, hay mucha ironía en esta escena -como es habitual en Clowes- porque ni siquiera es una obra de arte, pues se trata de un panel de la extinta cadena de comida Coon Chicken, que utilizaba una imagen racista para su negocio en la primera mitad del siglo XX y que Enid tomó prestado de su amigo Seymour para recontextualizarla en la actualidad y, como ella misma dice a su profesora, con la intención de “hacer mi proyecto basándome en este descubrimiento como un comentario sobre el racismo y sobre cómo lo encubre nuestra cultura”. Es decir, Enid nos invita a replantearnos si hay racismo y cómo muchas veces se disimula o se tapa directamente, pues a menudo se da una tendencia hacia la normalización de un pensamiento o un comportamiento de la sociedad, reduciendo o invisiblizando su problemática, y miramos para otro lado, aceptando o silenciando esa problemática que hay detrás. Se trata de cómo la sociedad manipula la verdad y de cómo aceptamos la hipocresía.
Como afirma el filósofo Carlos Eduardo Maldonado: “Nada castiga tanto al stablishment como la verdad y la transparencia”. El sistema niega la libertad, hay un intento de crear sujetos dóciles y someterlos a las normas y códigos que el poder establece y si alguien denuncia las mentiras del sistema, se le castiga.
La película respeta la línea temática del cómic y sus aristas, pero profundiza en algunos aspectos donde el (buen) cine se lo puede permitir, y reinventa otros (como los personajes de Seymour y Norman o la situación de Enid con la asignatura de Arte), algo que resulta todo un acierto. Aun respetando muchas líneas de diálogo, la película selecciona algunos elementos o personajes originales del cómic y los extiende, concediendo mayor profundidad a la historia a la vez que ganando en capas de lectura. Para ello, se centra en Enid, sumando elementos al “arco del personaje” principal, así como añadiendo un clímax, tan propio de las narrativas cinematográficas.
Allí donde el cómic se desarrolla en el espacio, el cine hace lo propio con el tiempo. Las elipsis que contiene un cómic pueden ser aprovechadas en el cine para rellenar y ampliar algunos detalles o la propia historia. El “cerrado” (esos huecos entre viñeta y viñeta) que cada lector rellena para dar sentido a los huecos narrativos, Zwigoff los completa con pericia y es ahí donde llega a ampliar la propuesta a la vez que explora los recursos cinematográficos. Tanto el personaje de Seymour, que “rellena” huecos de otros personajes y supone un importante punto de inflexión en la trama, como el desarrollo de Norman y el simbolismo que implica en la historia y su incidencia en Enid, son fruto del tandem Clowes-Zwigoff.
De manera que el filme dirigido por Terry Zwigoff, no recrea una novela o un cómic y la traslada a escenas cinematográficas, sino que la adapta a su propio lenguaje, abordando una problemática de trasvase y explotando sus propios recursos. Es como si Zwigoff y Clowes se hubieran esforzado por reescribir la historia desde esos huecos donde el cómic solo puede sugerir.
(Ghost World, de Daniel Clowes. Fantagraphics, 1997. Edición española en La Cúpula).
(Ghost World, dirigida por Terry Zwigoff. EEUU, 2001).





























