La levedad, de Catherine Meurisse, es uno de los cómics que más me han impactado en los últimos años. La historietista francesa narra una historia intensa y terapéutica, tras vivir una experiencia traumática. Meurisse se sitúa tras el atentado terrorista que sufrió la redacción de Charlie Hebdo en Francia en 2015, en el que perdió a varios de sus amigos y compañeros de trabajo y tras el shock postraumático se siente vacía y perdida y tiene que volver a empezar a vivir y a hacer tebeos. La levedad es un cómic que no solo sirve para narrar un duelo y aceptar la incertidumbre y el dolor, sino también para indagar de qué manera hablar de ese dolor y esa incertidumbre. Por ello, el dibujo ligero y caricaturesco de Meurisse se funde con la intertextualidad pictórica y dobles páginas con bellas composiciones en acuarela que muestran su estado de ánimo de una manera atípica y muy sugerente, de tal manera, que solo puede contarse en el lenguaje del cómic. Dejo aquí una pequeña muestra.
(La levedad, de Catherine Meurisse. Impedimenta. 2018).
¿Don Quijote y Sancho Panza buscando aventuras y deambulando por los caminos vacíos? ¿Girando sobre sí mismos, pacientes, aburridos, esperando la noche sin hacer nada, mirando el horizonte?
En esta adaptación libre de El Quijote, no hay molinos, ni barbero, ni Dulcinea. En cambio, destacan ciertos elementos de la naturaleza, como el viento, el río, las hierbas, el atardecer, los grillos, la noche.
¿Qué es Don Quijote sin sus gigantes? ¿Qué es Sancho Panza sin su habla? ¿Qué hay tras los monólogos de Don Quijote y los silencios de Sancho? Incertidumbre, tiempo, nostalgia. Don Quijote habla, interpela a un Sancho que lo escucha, pero apenas lo replica. Los ideales caballerescos, la cultura, los códigos, el honor, ¿tienen sentido cuando no hay experiencias?
Decía el genial Béla Tarr que para él, el cine era ante todo reflejar el sentido del tiempo, la temporalidad. De ahí sus películas contemplativas que son un antídoto en estos tiempos de aceleracionismo y viralidad.
En esta película, que es un reverso de El Quijote de Cervantes, se narra un vacío de experiencias, pues son sustituidas por acciones cotidianas como dormir, comer, hablar o bañarse en un río. La temporalidad y su sentido es posiblemente el tema. ¿No es ese el sentido de la vida, el afán por buscar un sentido a las cosas que hacemos cada día?
(Honor de cavalleria, dirigida por Albert Serra. España. 2006).
«Echó a correr, y empezaron a moverse a su alrededor las casas y las verjas, pero él no veía nada, solo sentía esa carrera febril, porque en el fondo no percibía nada, ni siquiera los cuadrados de hormigón de la acera».
(...)
«En un momento centelleó ante sus ojos el hospital, en otro, el pabellón de patinaje sobre hielo, más tarde la fuente de piedra de la plaza Erkel, pero Valuska, que corría a toda velocidad, no había podido decidir, ni siquiera intentándolo en con toda su energía, si realmente se hallaba allí o si aún no había logrado liberarse del entorno de la casa de la señora Eszter».
(Melancolía de la resistencia, de László Krasznahorkai. Acantilado. Traducción de Adan Kovacsics).
El próximo jueves 5 de febrero a las 19h en la librería Terán de Madrid, mi amigo Adrián Pérez Avendaño tendrá la presentación de su libro de microrrelatos Colirio para cangrejos, publicado por la editorial Eolas, y estará acompañado por Salvador Galán Moreu. Este es el primer libro que publica Adrián, que sin embargo tiene una experiencia dilatada en este difícil y atractivo género literario. Sus textos dibujan escenas cotidianas que combinan humor y extrañamiento y no dejan indiferentes.