¿Don Quijote y Sancho Panza buscando aventuras y deambulando por los caminos vacíos? ¿Girando sobre sí mismos, pacientes, aburridos, esperando la noche sin hacer nada, mirando el horizonte?
En esta adaptación libre de El Quijote, no hay molinos, ni barbero, ni Dulcinea. En cambio, destacan ciertos elementos de la naturaleza, como el viento, el río, las hierbas, el atardecer, los grillos, la noche.
¿Qué es Don Quijote sin sus gigantes? ¿Qué es Sancho Panza sin su habla? ¿Qué hay tras los monólogos de Don Quijote y los silencios de Sancho? Incertidumbre, tiempo, nostalgia. Don Quijote habla, interpela a un Sancho que lo escucha, pero apenas lo replica. Los ideales caballerescos, la cultura, los códigos, el honor, ¿tienen sentido cuando no hay experiencias?
Decía el genial Béla Tarr que para él, el cine era ante todo reflejar el sentido del tiempo, la temporalidad. De ahí sus películas contemplativas que son un antídoto en estos tiempos de aceleracionismo y viralidad.
En esta película, que es un reverso de El Quijote de Cervantes, se narra un vacío de experiencias, pues son sustituidas por acciones cotidianas como dormir, comer, hablar o bañarse en un río. La temporalidad y su sentido es posiblemente el tema. ¿No es ese el sentido de la vida, el afán por buscar un sentido a las cosas que hacemos cada día?
(Honor de cavalleria, dirigida por Albert Serra. España. 2006).
