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viernes, 7 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero: el último poeta


Ayer murió Leopoldo María Panero (1948-2014). Autor de libros como Así se fundó Carnaby Street, Teoría, El último hombre, Poemas del manicomio de Mondragón o Heroína y otros poemas. No solo fue un renovador de la poesía española de las últimas décadas, sino que fue un poeta necesario, revolucionario, en un país donde el riesgo y la exploración son muchas veces denostados. Y Leopoldo María lo sabía. De ahí su poesía violenta, rompiendo sentidos, códigos sociales, iluminando. Para muchos (para mí también) era "el poeta". Recuerdo que en la revista Deriva estuvimos preparando un monográfico que nunca salió. Recuerdo, que incluso estuvimos preparando un corto sobre Panero, que nunca se terminó. Las causas, ahora dan igual. Pero recuerdo que la fascinación y la adrenalina nos subían por las venas, y nos mirábamos entre nosotros, sabiendo que Panero era otra cosa. Por cierto, por aquellos días se publicó un experimento muy atractivo, el documental Un día con Panero y el discolibro Panero, basados en el poeta madrileño. Los autores: Carlos Ann, Bunbury, José María Ponce y Bruno Galindo. Y el resultado merece mucho la pena. 

¿Qué se puede decir cuando un poeta como Leopoldo María Panero ha muerto? Poco. Porque todo lo que se pueda decir, ya está dicho en sus poemas: en su poesía loca, experimental, lúdica y lúcida. Y como decía  el propio Panero en un largo poema titulado “En canto del llanero solitario” en su libro Teoría: “SOLO AQUELLO QUE NO EXISTE NO PUEDE MORIR”.

Cuelgo dos poemas suyos y el documental 'Un día con Leopoldo María Panero'

Requiem

Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur.
En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre
algo aún será: ceniza en la mesa
o alimento para el vino.
Los bárbaros no miran a los ojos cuando hablan.
Como una mujer al fondo del recuerdo
yo soy un hombre al que llaman Pertur.

                                                    *

El lamento del vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
                          todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien solo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
                       sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.


(Leopoldo María Panero, Poesía Completa, 1970-2000. Visor, 2004).

domingo, 4 de diciembre de 2011

Leopoldo María Panero y Claudio Rizzo: un poema



Tu voz, su voz,
las voces todavía en mis laberintos cerrados, nuestras voces se confunden,
no se unen a la mía otra vez y todavía.
(Voces anónimas, voces sin sonido, voces sin eco, voces huecas como los hombres huecos: voces sin voz).
Eres mi sudor que tú mismo diluyes con tus dedos.
Otra vez intento recordar cuando te volviste el otro,
cuando mis pupilas divisaron aquel rayo unir en dos las nubes
que semejaron los cuerpos fundidos.
¿Cuándo sucedió?
Cuando la noche dejó paso a la luz del alba: la penetración
produjo un destello distinto.
De repente la escarcha, toda la escarcha se licuó a su alrededor.
¿Y la nieve?
(Leopoldo María Panero y Claudio Rizzo, Tensó, Hiperión, Madrid, 1997).