Mostrando entradas con la etiqueta Eric Rohmer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eric Rohmer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de agosto de 2015

Notas de Eric Rohmer II



Un arte que, siendo por excelencia el arte del movimiento, debe organizar el código de significaciones que utiliza en función de una concepción general, ya sea del tiempo, ya del espacio, sin que exista a priori ninguna razón para que el tiempo desempeñe aquí una papel privilegiado.  El espacio, por el contrario, parece ser la forma general de sensibilidad que le es más esencial en la medida en que el cine es un arte de la vista.

*

No se trata del espacio filmado como el espectador se imagina, sino de un espacio virtual reconstituido en su espíritu, con la ayuda de los elementos fragmentarios que el film le ha suministrado.

*

Si, personalmente, prefiero el término de mise en escène es porque yo no lo entiendo como realización, sino como concepción: el arte del concebir un film.

*

La imagen no está hecha para significar, sino para mostrar.

(Eric Rohmer, edición de Carlos F. Heredero y Antonio Santamarina, Cátedra, Madrid, 1991).

sábado, 19 de abril de 2014

Notas de Eric Rohmer I

Se nos machaca constantemente con que el cine es un arte aunque se base sobre un modo mecánico de reproducción. Yo afirmaría todo lo contrario. El poder de reproducir exactamente, ingenuamente, es el mejor privilegio del cine. Pero, entonces, se dirá: ¿cómo intervendrá el creador, dónde se hallará su libertad? En todas partes, y será la más amplia de todas. Lo que un cineasta digno del tal nombre debe hacernos partícipe no es de su admiración por los museos, sino de la fascinación que ejercen sobre él las propias cosas.

*

Ciertamente, como obra de arte, el filme es una interpretación del mundo. Pero, entre todas las artes, el cine, y esta es la paradoja, es aquel en el que la cosa filmada tiene la mayor importancia, la “interpretación” desaparece incluso. Este es el milagro de los primeros films de Lumière. Su impresión es que nos hacen ver el mundo con ojos diferentes y admirar, como dijo Pascal, cosas que no sabíamos admirar en el original: personas que caminan por la calle, niños que juegan, trenes que andan. Nada más banal.



(Eric Rohmer, edición de Carlos F. Heredero y Antonio Santamarina, Cátedra, Madrid, 1991).

jueves, 14 de enero de 2010

Eric Rohmer y Daniel Bensaïd



Feliz 2010 a todo el mundo. Llevaba tiempo sin publicar nada porque he estado de mudanza y sin internet, pero por fin todo vuelve a la normalidad.

Para empezar el año, quería recordar a dos autores franceses que han fallecido recientemente. Por un lado, el cineasta Eric Rohmer, uno de los grandes directores europeos de la segunda mitad de siglo XX (y uno de los cabecillas de la Nouvelle Vague), y además, un autor con un estilo único. Cuando uno ve una película de Rohmer sabe que se trata de una experiencia única. Yo lo descubrí a los 18 años y hay varias películas que me han acompañado durante todo este tiempo. Se trata de un realizador que, al igual que Woody Allen -aunque de distinta manera-, me ha ayudado a madurar intelectualmente, además de sentimentalmente, cuando yo salía de la adolescencia y me iniciaba en la juventud. Algunos de sus filmes inolvidables son: Mi noche con Maud, La rodilla de Clara, La coleccionista o La rendez-vous de Paris. La narración lenta, detallista, los paisajes naturales, los planos-secuencia, los personajes parlantes que están llenos de contradicciones y que van descubriendo cosas de ellos mismos a medida que hablan y actúan, incluso, algunos, como en La coleccionista, narradores embusteros. La vida cotidiana. Se va un grande, pero nos queda su hermosa filmografía.

Otro francés que se ha ido, ha sido el filósofo Daniel Bensaïd. He de confesar que no he leído ningún libro de Bensaïd, pero una entrevista que leí en el periódico Público me sirvió para descubrir a un pensador crítico, lúcido, de los que hacen falta hoy en día, donde la crisis económica no ha hecho sino acentuar más aún las medidas capitalistas y donde los ciudadanos, las personas, los individuos, somos cada vez más invisibles merced a un sistema aniquilador. Bensaïd fue uno de los impulsores del Mayo del 68 francés y un filósofo marxista, además de profesor en la Universidad de París VIII. De esos intelectuales que no abundan precisamente y que hacen falta para pensar que no todo está perdido.