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viernes, 7 de noviembre de 2025

Virginia Woolf: Un cuarto propio

 


¿Por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua? ¿Por qué un sexo era tan adinerado y tan pobre el otro? ¿Qué influencia ejerce la pobreza sobre la literatura? ¿Qué condiciones requiere la creación de obras de arte? -mil preguntas me acosaban a un tiempo-. Pero yo precisaba contestaciones, no preguntas; y una contestación era imposible sin consultar a los eruditos y a los imparciales, que se han elevado sobre la disputa de lenguas y la confusión de estar en un cuerpo y han publicado el fruto de su razonamiento y de sus buscas en libros que se pueden conseguir en el Museo Británico. Si la verdad no está en los anaqueles del Museo Británico, ¿dónde, me pregunté, tomando una libreta y un lápiz, estará la verdad? Así pertrechada, así interrogativa y esperanzada salí en busca de la verdad.


(Virginia Woolf, Un cuarto propio, 1929. Traducción de Jorge Luis Borges).


 

domingo, 21 de septiembre de 2025

Dune: el perro y el lobo

 


Por propia definición, un lobo es alguien que tiene poder y puede abusar de ese poder. Sin embargo, hay un periodo de tiempo, al alba, en que uno no puede distinguir entre un lobo y un perro.

(...)

Bajo la superficie hay rocas, tierra, sedimentos, arena. Esos son los recuerdos del planeta, la imagen de su historia. Lo mismo ocurre con los seres humanos. El perro recuerda al lobo. Cada universo gira en torno a un núcleo de «ser», y todos los recuerdos se mueven desde ese núcleo hacia el exterior, directamente a la superficie.


(Hijos de Dune, de Frank Herbert. Random House Mondadori. 2021. Traducción de Domingo Santos).

viernes, 11 de julio de 2025

Septología, de Jon Fosse




Septología es uno de los libros que más me ha impactado en años. Hasta ahora, lo que más me atrae de Jon Fosse (he leído dos novelas: Trilogía y Septología), no es ni sus historias o tramas (que también), ni sus temas (que también), sino su prosa.

No es fácil escribir con un lenguaje tan sencillo y “de andar por casa” y que se generen tantas conexiones en el lector. Por un lado, Fosse logra crear un ritmo que envuelve al lector, lo atrapa hacia dentro del propio protagonista, aunque no me parece que sea de agrado para todo el mundo, pues habrá algunas personas que seguramente sientan desidia ante tanta densidad. De hecho, hay lectores que me han dicho que se les ha hecho pesado y sentían que no avanzaban. Pero también hay otros que, como yo, se han visto envueltos por su magma.

Pocas veces una obra literaria utiliza el lenguaje como lo hace el autor noruego en Septología. Fosse escribe de manera simple, con un léxico que podría utilizar cualquier persona media; sin embargo, su secreto está en la gramática, en cómo la sintaxis se flexibiliza y se repite, de la misma manera que se repiten los segundos, los minutos y las horas de un día cualquiera. Las oraciones se ordenan y desordenan para estirarse, encogerse, hacer círculos concéntricos, volver a estirarse, generar desvíos y luego volver a organizarse a base de repeticiones, algunas incluso muy seguidas. Este vaivén, ese movimiento sintáctico va generando un ritmo, una musicalidad que se ajusta con tu respiración (también con tus pensamientos, con el flujo de conciencia). Las recurrencias en Septología generan bucles, ritmos llenos de vida. Lo que podría ser aburrido (en realidad lo es), se convierte en algo esencial, porque la prosa de Fosse respira por sí misma, es lo más parecido que he leído (tal vez junto a Aullido de Allen Ginsberg o Las olas de Virginia Woolf) a bucles de respiración transformados en palabras, donde además se da una confusión de tiempos verbales que funde momentos temporales distintos, jugando con el presente y el pasado (p. 561):

(...) rezo, y miro las olas y veo a Asle sentado en una mesa del Hotel y ya se ha acabado la cerveza y ahora busca con la mirada a esa chica que atiende la recepción y no es mucho mayor que él, y por lo visto es hija de los dueños del hotel, según Sigve, y Asle quiere pedirle cerveza y pronto llegará Sigve, piensa Asle, y yo retiro el brazo de los hombros de Ales y le digo a Ales que voy a bajar un rato a casa de Åsleik y entonces Ales dice que ella siempre está conmigo, siempre está cerca de mí, esté yo donde esté, dice, y pienso que ya es hora de coger el coche y bajar a casa de Åsleik y aunque no tengo mucha hambre las costillas estarán buenas, hace mucho que no como costillas de cordero, y Åsleik es muy buen cocinero, pienso, y me levanto del sillón, pienso, y me pongo la chaqueta de pana negra y me cuelgo el bolso (...)

En este sentido, ¿no es la vida de la mayoría de los mortales un eterno bucle o una repetición de pequeños bucles? ¿Segundos que se convierten en minutos, minutos que se convierten en horas, y horas en días, días en semanas, meses, años? ¿No vivimos la mayoría un día de la marmota tras otro día de la marmota con pequeñísimas variaciones? ¿No nos narramos nuestras peripecias, deseos, anhelos y frustraciones mientras miramos por la ventana o esperamos en la cocina que el café esté recién terminado?

Hay algo especial en el ritmo que crea Fosse y que parece novedoso, y, sobre todo, genuino. Porque no es fácil escribir así, con tantas pequeñas variaciones que oscilan, que se acumulan en pequeños detalles y crecen por acumulación. Y eso que lo he leído en español. ¿Cómo será la experiencia de leerlo en noruego, el idioma de Fosse? Porque esa prosa rizomática y repetitiva genera un efecto envolvente a modo de mantra. Es un mantra que, casi sin darte cuenta, acabas repitiendo en tu cabeza, porque acabas asimilándote con la prosa envolvente del autor noruego y llega un momento en que no lees a Fosse, no lees Septología, sino que la escribes tú, te lees a ti mismo o a ti misma.

Otro de los rasgos llamativos de la novela de casi 800 páginas es que no tiene un solo punto. Se podría decir que es una concatenación de oraciones subordinadas y coordinadas, unidas por conjunciones y conectores, si bien en ocasiones hay cierta “trampa” y donde debería haber un punto y aparte nos encontramos con forzadas conjunciones como “y”. Aun así, esta licencia no quita mérito al empeño de crear un lenguaje sencillo y cotidiano a la vez que complejo por cuanto tiene de plasticidad, de densidad y de recurrencias. Sin embargo, Fosse es honesto, no busca extender de manera artificial o forzada lo que ocurre mientras Asle, el protagonista, se dirige al baño y es invadido por sus recuerdos. Se muestra lo que pasa por la cabeza de Asle a modo de monólogo interior, de flujo de conciencia, y eso aburrirá a muchos. Pero el mérito está en contar una historia siete veces, pues las siete novelas (o capítulos) comienzan igual; bueno, casi igual, y ahí viene uno de los núcleos sobre los que pivota la novela. La repetición se hace al principio algo pesada, pero después se transforma en necesaria, porque al leer somos Asle y queremos dilucidar, buscamos perdernos en las divagaciones que son como las nubes que pasan, como las olas que van y vienen y con su ritmo oscilante generan un ruido que resuena a la vez que vamos leyendo. Esos siete comienzos son casi idénticos, pero tienen pequeñas diferencias. Fosse deconstruye a Asle, su personaje principal, y lo dibuja hasta siete veces, pero con ligeras variaciones. ¿Son siete versiones de Asle? ¿Siete historias sin apenas cambios? Se podría decir que sí. Entonces, ¿para qué, con qué sentido se repite el comienzo y tantas situaciones y frases? Por si fuera poco, podríamos considerar que su amigo Asle, que es ingresado en un hospital debido a su alcoholismo, es su dopplegänger o en todo caso, el personaje en quien se habría convertido si Asle, el protagonista, no hubiera dejado la bebida. Puede entenderse que esas variaciones son caminos paralelos, ensoñaciones, vidas alternativas (de una manera similar, salvando las distancias, a los dopplegänger de Cooper en Twin Peaks). Los juegos de espejos, de nombres, de personajes, ofrecen distintas posibilidades (también parece haber un juego especular con hermana de Åsleik y con Guro). No es casualidad que la novela se divida en tres partes tituladas “El otro nombre”, “Yo es otro” y “Un nuevo nombre”. Veamos un ejemplo de esta prosa repetitiva y obsesiva al comienzo de los capítulos I y V:

Y me veo de pie, mirando el cuadro con las dos rayas, una morada y una marrón, que se cruzan en medio, un cuadro alargado, y veo que he trazado las rayas despacio y con un óleo espeso, y se ha corrido, y donde se cruzan la línea marrón y la morada el color ha producido una bella mezcla que corre hacia abajo y pienso que esto no es un cuadro, pero que al mismo tiempo el cuadro es como debe ser, está terminado, no cabe hacer más, pienso, y tengo que apartarlo, no quiero tenerlo más en el caballete, no quiero seguir mirándolo, pienso, y pienso que hoy es lunes y que tengo que dejar el cuadro con los otros cuadros en los que estoy trabajando, pero que aún no he terminado, los que tengo colocados con el bastidor hacia fuera entre la puerta de la alcoba y la de la entrada, debajo del gancho del que cuelga el bolso marrón de cuero... (pág. 13).


*


Y me veo de pie, mirando el cuadro de las dos rayas que se cruzan más o menos por el medio, y es por la mañana y hoy es jueves y he hecho fuego en la estufa y la sala está empezando a caldearse, y ayer fui a Bjorgvin en el coche y entregue los cuadros a Beyer, pienso, y me noto agotado y estoy de pie junto al caballete, mirando las dos rayas que se cruzan más o menos por el medio, una morada y otra marrón, y pienso que este cuadro no me gusta, porque yo no soporto los cuadros que pintan los sentimientos de frente, aunque yo sea el único que lo sepa, no es así como pinto, no es así como quiero pintar, porque el problema no es que el cuadro esté lleno de sentimientos, sino que los sentimientos aparezcan pintados en forma de gritos, chillidos y llantos, pienso, y pienso que esto es sencillamente un mal cuadro, pero al mismo tiempo es como deber ser... (pág, 481).

Esta narrativa rizomática y acumulativa crea un extrañamiento que funciona, porque genera resonancias internas en la historia, donde al confundirse en ocasiones los personajes, también se funden, creando un todo compacto y paradójico. Todo ello contribuye a no tener del todo claro una interpretación definida, pero la trama de Asle es sencilla, de manera que más que la historia, lo que importa es cómo se construye todo el discurso y cómo resuena en cada lector. También se proyectan recuerdos desde el presente, al fundir las coordenadas espacio-temporales, ofreciendo una sensación de flexibilidad de la historia, de atemporalidad, que además se intensifica, de manera similar al cine de Tarkovsky.

También me ha recordado a algunas películas de Hong Sang-soo, pues la novela de Fosse propone distintas variaciones sobre un mismo hecho, aunque en el autor noruego se trata más de una narración por acumulación (con ligeras variaciones), que por disrupción, como en el caso del cineasta surcoreano (en películas como The Power of Kanwong Province o Introduction).

La novela de Fosse es un testimonio de una vida, un intento de dar sentido al narrar. En un momento hacia el final de la novela, Asle nos cuenta una conversación con Åsleik: “sobre el mar y el cielo, sobre la vida y la muerte, nadie puede decir nada con certeza (...) y si antes de nacer eras algo en esa oscuridad, y si te conviertes en algo allí después de morir, sobre eso nadie puede decir nada, ni saber nada, así que para él lo único posible es el asombro” (pág. 758). Por eso, lo que ocurre en medio de esa oscuridad del antes y el después, puede no tener sentido. Por eso, Asle intenta buscar al menos un sentido al narrarse, al narrarnos su cotidianidad. Pero hay un problema, y ahí es donde reside el sentido filosófico que también tiene Septología. Parece que Asle, como se ve hacia el final de la novela, ha dejado de tener ganas de pintar, que además de su sostén económico, es su manera de vivir. ¿Ha dejado de sentir “asombro”? ¿Qué significa semejante circunstancia? ¿Es un signo de la vejez, de la depresión, del nihilismo? Si antes de nacer solo hay oscuridad y después de morir, también, ¿qué ocurrirá ahora? ¿Cómo seguir viviendo cuando todo es oscuridad, o en todo caso, no hay asombro por vivir? Vivir es narrar lo que hay en medio. Y Septología ha narrado la vida de Asle en casi 800 páginas.

(Septología, de Jon Fosse. De Conatus, 2023. Traducción de Cristina Gómez Baggethum y Kristi Baggethum).



martes, 24 de junio de 2025

El sur, de Adelaida García Morales

 




Es curioso cómo aquello no visible, aquello que no existía realmente, me hizo vivir los momentos más intensos de mi infancia.


*


De pronto comprendí que existía un mundo especial sólo para nosotros dos.


*


El silencio que tú nos imponías se había adueñado de nosotros, habitaba en la casa, como uno más, denso como un cuerpo. Aprendí a vivir en él y sería injusto no añadir que si he llegado a conocer alguna felicidad real ha sido precisamente en el silencio y la soledad más perfectos.


(Adelaida García Morales, El sur seguido de Bene. Anagrama).

miércoles, 14 de mayo de 2025

Irene Vallejo: contar historias



Nacemos completamente indefensos y nuestra infancia es más prolongada que la de ningún otro animal. Hasta un virus minúsculo nos pone en peligro. Sin embargo, la brisa de una cualidad asombrosa nos ha impulsado hacia un desarrollo inesperado, hacia un imprevisible progreso. Esa facultad es nuestra imaginación, que, aliada con el lenguaje, nos permite soñar lo inconcebible, colaborar y fortalecernos unos a otros. Somos la única especie que explica el mundo con historias, que las desea, las añora y las usa para sanar.


(Irene Vallejo: Manifiesto por la lectura. Siruela. 2020).

jueves, 10 de abril de 2025

Luis Martín-Santos y la intensificación del lenguaje

 



La presencia de Blas, su golpear en hierro sobre hierro; apoyado el hierro de la herradura en el yunque de hierro; aplicado sobre el hierro de la herradura el hierro del sacabocados; golpeado el hierro del sacabocados por el hierro del martillo.


(Luis Martín-Santos: Tiempo de destrucción. Galaxia Gutenberg).

miércoles, 26 de febrero de 2025

Centenario de Carmen Martín Gaite en Casa del Lector



La Casa del Lector de Madrid y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez celebran el centenario de la escritora española Carmen Martín Gaite con diversas exposiciones, conferencias y actividades (incluido el público infantil) que rinden homenaje a la autora de Entre visillos, Nubosidad variable o Caperucita en Manhattan.


Más información: aquí.

jueves, 30 de enero de 2025

Han Kang y el lenguaje

 



El lenguaje, que la aprisionaba y la hería como una prenda hecha con miles de alfileres, desapareció de un día para otro.


*


Había dejado de pensar con el lenguaje. Se movía y lo comprendía todo sin acudir a la lengua.


(Han Kang, La clase de griego. Random House. Traducción de Sunme Yoon).

martes, 19 de noviembre de 2024

Presentación de 'Nada que perder' en la biblioteca Iván de Vargas



El próximo jueves 21 de noviembre a las 19h presentaré mi novela Nada que perder en la biblioteca Iván de Vargas de Madrid. Me acompañará Álvaro Martín y hablaremos sobre el proceso de escritura, literatura y, por su puesto, las andanzas de Mikel por Madrid, su búsqueda del cineasta António Peires, y más cositas...

Más información: aquí.




martes, 15 de octubre de 2024

Presentación de ‘Nada que perder’ en Segovia

El próximo viernes 18 de octubre a las 20h presentaré mi novela Nada que perder en la librería Diagonal de Segovia. Me acompañará el poeta Luis Llorente.




miércoles, 18 de septiembre de 2024

Presentación en Madrid de 'Nada que perder'

 


El próximo jueves 26 de septiembre a las 19h estaré presentando mi novela Nada que perder (Loto Azulen la librería AIDA Books & More de Moncloa (Hilarión Eslava, 19, Madrid). Me acompañará el escritor Javier Moreno.

Mikel trabaja como profesor en una academia de Español para Extranjeros pero es un escritor frustrado. Dentro de poco tendrá que dejar su apartamento. Deambula por las noches madrileñas, tiene encuentros y desencuentros con extraños y sospecha que alguien lo sigue. Mientras intenta escribir un libro sobre el director de cine de culto António Peires, se enfrenta a un bloqueo mental a la vez que intenta sobrevivir en un Madrid cada vez más hostil. Casi sin darse cuenta, viaja a Lisboa tras los pasos de Peires, pero siente que su vida se está convirtiendo en una especie de película y él en un espectador.

Un joven llega a Puerto Onetti, un pueblo del Mediterráneo para escribir una novela. Parece hastiado de la vida en M y quiere dejar atrás su pasado. Mientras se va adaptando a su día a día y a la “historia de la cotidianidad”, anota ideas en su diario para su novela, a la vez que vuelven fragmentos de su pasado. Conoce a Nico, y comienza a plantearse el sentido de su vida.

En esta obra metaliteraria o de construcción “mise en abyme”, los dos protagonistas viven el extrañamiento de la realidad escrito con un lenguaje poético. El lector reconstruirá los puntos en común para darle sentido.


viernes, 12 de julio de 2024

Nada que perder, de Carlos Huerga



Recientemente he publicado mi primera novela, Nada que perder (Loto Azul/Olé Libros), que cuenta con un prólogo del escritor Javier Moreno. Después del verano comenzaré las presentaciones: 26 de septiembre en Madrid y 11 de octubre en Segovia, aunque se irán añadiendo más fechas y lugares. De momento, añado un enlace a la editorial y una sinopsis que viene en la contraportada:

https://olelibros.com/comprar-libros/loto-azul/narrativa-loto-azul-2/nada-que-perder/


Mikel trabaja como profesor en una academia de Español para Extranjeros pero es un escritor frustrado. Dentro de poco tendrá que dejar su apartamento. Deambula por las noches madrileñas, tiene encuentros y desencuentros con extraños y sospecha que alguien lo sigue. Mientras intenta escribir un libro sobre el director de cine de culto António Peires, se enfrenta a un bloqueo mental a la vez que intenta sobrevivir en un Madrid cada vez más hostil. Casi sin darse cuenta, viaja a Lisboa tras los pasos de Peires, pero siente que su vida se está convirtiendo en una especie de película y él en un espectador.

Un joven llega a Puerto Onetti, un pueblo del Mediterráneo para escribir una novela. Parece hastiado de la vida en M y quiere dejar atrás su pasado. Mientras se va adaptando a su día a día y a la “historia de la cotidianidad”, anota ideas en su diario para su novela, a la vez que vuelven fragmentos de su pasado. Conoce a Nico, y comienza a plantearse el sentido de su vida.

En esta obra metaliteraria o de construcción “mise en abyme”, los dos protagonistas viven el extrañamiento de la realidad escrito con un lenguaje poético. El lector reconstruirá los puntos en común para darle sentido.

sábado, 22 de junio de 2024

Alberto Breccia y Edgar Allan Poe


El cómic siempre se ha fijado en la literatura y ha adaptado multitud de obras. Últimamente abundan tanto las adaptaciones de obras literarias como las biografías de escritores. La mayoría de propuestas resultan miméticas y las ilustraciones acompañan los textos sin aportar mucho más que la simple "decoración" o visualización de escenas con palabras. Sin embargo, hay algunos casos donde el cómic parte de una obra literaria para homenajearla realizando un trasvase al lenguaje tebeístico. Un buen ejemplo de ello es Ciudad de cristal, novela gráfica de Paul Karasik y David Mazzucchelli basada en la novela homónima de Paul Auster. En este cómic se respeta el texto y la historia originales pero se representa partiendo de las cualidades del lenguaje tebeístico, incluso ofreciendo algunas escenas memorables desde el punto de vista visual.

Otro caso similar es El corazón delator y otros relatos extraordinarios, de Alberto Breccia, conjunto de cinco historietas con estilos diferentes y en momentos distintos de su vida (una en blanco y negro y cuatro en color) donde el autor de origen uruguayo rinde homenaje al gran Poe. Breccia, que también ilustró Los mitos de Cthulhu Drácula y junto a Oesterheld una versión posterior de El eternauta y Mort Cinder, plantea en este compendio de relatos un ejercicio de elipsis y síntesis, reduciendo el texto original de Poe hasta quedarse con lo esencial, añadiendo unas ilustraciones poderosas y altamente expresivas. En la primera historia, "El corazón delator", llama la atención el contraste de blanco y negro y los primeros y primerísimos planos. La tensión en torno al personaje principal, que en el relato de Poe dilucida sobre sus obsesiones y la locura, se concentra en apenas unas páginas donde algunas viñetas se repiten a modo de rimas visuales (como certeramente señaló Benoît Peters). Este juego de repeticiones sin apenas variaciones realza la tensión de la escena a la vez que intensifica la expresividad gráfica. El tiempo se congela y la tensión se multiplica. En la trasposición hacia el cómic se plantean rasgos que en el relato literario se resuelven de otra manera. En ambos casos asistimos a obras cumbres de la concentración del terror y la angustia psicológica. 





(Alberto Breccia, El corazón delator y otros relatos extraordinarios, Astiberri, 2020).

lunes, 6 de mayo de 2024

Gustavo Faverón: capitalismo y barbarie

 




Herzog leyó en alguna parte la historia de este peruano gringo, de este esclavista salvaje, Carlos Fermín Fitzcarrald, y en esa historia leyó que Fitzcarrald había llevado un barco a través de la selva, sobre montañas y bordeando desfiladeros, obligando a los indios a cargarlo, y le pareció que era una historia alucinada y oprobiosa y que era uno de los símbolos más potentes que él había encontrado en su vida de la inhumanidad del capital, del capital, del capital, de la locura del oro en el mundo capitalista, porque mezclaba el delirio por el dinero con el heroísmo de los grandes soñadores, de los grandes emprendedores, los grandes pioneros, y cómo ese delirio, combinado con la voluntad de hierro que produce la locura, pero que también produce del capital, se confundían en la historia de Fitzcarrald y sus esclavos indios, que era una historia de barbarie absoluta pero conservaba algo, como la orla, como el brillo, como el relumbrón épico de las gestas que se emprenden desafiando lo imposible, dice Raymunda, y por eso decidió hacer una película que contara esa historia.



(Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau, Candaya, 2019).

lunes, 8 de enero de 2024

Antonio Monegal: el sentido de la cultura


 

La cultura como tal no está en crisis, aunque lo esté el concepto. Puede parecer que no importa, puede estar desatendida, pero no puede estar en crisis, porque la cultura es el marco de nuestra existencia.


*


Vivimos en un mundo dominado por las cifras y en el que todo es cuantificable. El éxito de una película se mide por el número de espectadores, la riqueza de un país por el PIB, el poder político por el número de votos, lo deseable de un producto por sus ventas. Cuanto más tengo, más soy. En medio de este mundo, el campo cultural representa una anomalía. Puedo ser más con menos.





(Antonio Monegal: Como el aire que respiramos. El sentido de la cultura, Acantilado, 2023).

miércoles, 4 de octubre de 2023

Paco Bezerra: Velocidad mínima


 

Velocidad mínima, de Paco Bezerra (La Uña Rota, 2022).

El dramaturgo Paco Bezerra (Almería, 1978) publica el volumen Velocidad mínima. El teatro viene después, una recopilación de 11 obras escritas por el autor andaluz. Desde su primera pieza importante, Ventaquemada (2003) hasta la más reciente, Muero porque no muero. La vida doble de Teresa (2022), que se ha visto envuelta en una gran polémica tras haber sido retirada de la programación de los Teatros del Canal para este año. Entre medias: Dentro de la tierra (2007), Grooming (2009), La escuela de la desobediencia (2011), Ahora empiezan las vacaciones (2012), El señor Ye ama los dragones (2013), El pequeño poni (2016), Lulú (2017), El corazón de Fedra (2018) y Edipo a través de las llamas (2021). Bezerra es Premio Calderón de la Barca (2007), Nacional de Literatura Dramática (2009) o SGAE de Teatro (2021) y sus obras han sido representadas en casi una veintena de países.

Lo primero que llama la atención del libro es el jugoso prólogo, que muestra a Bezerra como un autor literario de hondo calado e indudable talento. Decía el crítico Anton Pujol que se trata de un dramaturgo que “centraliza márgenes en sus textos teatrales”. Ya en su primera obra, la sorprendente Ventaquemada, la ausencia de acotaciones y su carácter híbrido evidenciaban a un autor que se sitúa fuera de lo común. Lo cierto es que sus obras (sobre todo las primeras) son elípticas y generan incertidumbre, siendo el lector quien debe resolverlas. Lejos de ser un problema de ambigüedad o indefinición, me parece todo un acierto poético y narrativo. No es casual que en su segunda obra, la galardonada Dentro de la tierra hubiera una cita de David Lynch. El propio Bezerra justifica su propuesta: “Cada hueco no es una barrera, es una pregunta, y cada pregunta no es un inconveniente, es una invitación al descubrimiento, la posibilidad de un hallazgo”. Él mismo reconoce su intención de no dejarlo todo mascado, de que el director de escena que quiera llevar a cabo su obra debería leer entre líneas.

Por otra parte, el prólogo sirve también como consejos a jóvenes escritores, casi a modo de un taller de escritura. Hay confesiones que reflejan a un autor que suele escribir al límite: “Cuando escribo, soy como esos peces que se sumergen en lo más profundo del mar y se quedan a vivir bajo el fango; necesito sentir el peso del lodazal sobre mí, aplastándome”. También merecen atención sus testimonios sobre el proceso de escritura, así como las dificultades para obtener reconocimiento y que sus textos puedan ser representados. Hay algunas anécdotas que resultan impagables y que demuestran el tantas veces endogámico panorama cultural español, aquí centrado en el mundo del teatro. Su capacidad crítica le lleva a lanzar dardos envenenados hacia las instituciones o a ciertos comportamientos abusivos en el mundo cultural, corroborando lo que decía Luis Cernuda, en boca de la Santa Teresa bezerriana: “Escribir en España no es llorar, escribir en España es morir”.

Muero porque no muero. La vida doble de Teresa, es un monólogo que ficcionaliza la resurrección en la actualidad de Teresa de Ávila, también conocida como Santa Teresa de Jesús. El texto supone una lectura crítica de la sociedad, y se perciben ecos de la irreverente y divertida Entre tinieblas, dirigida por Pedro Almodóvar en 1983. Resulta irónica leerla ahora, después de haber sido retirada de la programación de los Teatros del Canal y que siga sin ser representada. Teresa de Jesús se las tuvo con la Inquisición, y ahora le ocurre algo similar a Bezerra con esta ficción sobre la santa. Su teatro es de rabiosa actualidad y como viene siendo habitual en sus piezas dramáticas, requiere una lectura cuidadosa y crítica. Lo importante aquí no es tanto lo que haya de verídico o no en Teresa de Ávila, sino la dimensión que el autor quiere darle para proponer una problemática relacionada con la decadencia de nuestra sociedad, así como la manipulación histórica y hacernos reaccionar o al menos cuestionar la realidad (algo que es coherente con su trayectoria y que ya hizo con obras como Escuela de la desobediencia, o sus versiones de Fedra o Edipo). En este caso, el monólogo tiene varias lecturas, y una de ellas se convierte en una reivindicación feminista de la tradición española literaria. En uno de los pasajes más brillantes, Teresa se pregunta cuánto ha evolucionado la calidad de vida de las escritoras españolas en los últimos cinco siglos y la respuesta es desoladora: “un uno por ciento por cada siglo”. Alentada por la rabia y la necesidad de justicia poética, se encarama en uno de los leones que custodian el Congreso de los Diputados y exclama a los cuatro vientos un listado de autoras “olvidadas” de este país, desde Cristobalina Fernández de Alarcón hasta María Victoria Atencia. Este gesto viene a sumarse a la visibilización y recepción de las “sinsombrero”, así como distintas autoras de la Generación del 27 que en los últimos años vienen publicándose, gracias a las imprescindibles  antologías poéticas editadas por Pepa Merlo o el reciente documental A las mujeres de España. Maria Lejárraga, dirigido por Laura Hojman.

A pesar de las obras tan dispares que recoge el volumen, hay algunos elementos en común a lo largo de ellas: presencia femenina, mezcla de sueños y realidad, relaciones de poder, muerte, violencia, sexo, humor. Muchas de sus obras tienen pocos personajes; incluso, en Grooming o Escuela de la desobediencia, nos encontramos en muchas ocasiones con tan solo dos personajes manteniendo la escena, gracias a la cualidad del autor de crear diálogos vivos y naturales, a la vez que llenos de poesía. Además, es capaz de abordar distintos registros, desde la tragedia griega, hasta el drama y la comedia irreverente

Si en Grooming se habla del ciberacoso y el abuso sexual, en El pequeño Poni, se tematiza el acoso escolar, y en Escuela de la desobediencia se trata la libertad sexual de la mujer. Otras, como El corazón de Fedra pone sobre el papel problemáticas tan universales como el amor, la frustración, pero también el control sobre la mujer. Bezerra reescribe la tradición y la hace suya, sin perder coherencia con su referente griego. Algo que también lleva a cabo con Edipo a través de las llamas. Porque el autor andaluz extrapola las referencias mitológicas y las adapta a la actualidad, aportando su punto de vista genuino, instándonos a preguntarnos sobre el sentido de los códigos sociales, las relaciones humanas o las jerarquías de poder. Su teatro es poético y político; nada se queda en la superficie. Su propuesta requiere sumergirse hasta el fondo y eso conlleva cierta incomodidad, pero también iluminación y desvelo.

Entre sus distintas piezas, sobresale la galardonada Dentro de la tierra.  Es un ejemplo de obra híbrida, con elementos propios de la narrativa más elíptica (William Faulkner, Virginia Woolf, Juan Carlos Onetti) por cuanto se omite y a la vez se sugiere, junto a otros más poéticos de herencia lorquiana. En esta obra, se transponen realidades, hay continuidad entre los sueños, los recuerdos, la escritura y la realidad más cotidiana, de manera que ante una temática social, se une una capa metaliteraria que contiene grandes dosis de poesía. Por ello, se trata de un texto complejo, que requiere una segunda lectura para fijarse en matices que pueden pasar desapercibidos.

Paco Bezerra (su nombre original es Francisco Becerra) es uno de esos autores que no abundan en el panorama cultural, y que, por su fuerte personalidad, remueven tanto los mimbres de lo literario, como de lo políticamente correcto, generando afinidad, pero también rechazo. Su literatura va más allá de lo evidente y nos revela situaciones que se normalizan pero no por ello dejan de ser abusivas o injustas.

Gracias a la editorial La Uña Rota, podemos leer textos dramáticos actuales y valorarlos tal y como se merecen. Desde autores de la talla de Angélica Liddell, Juan Mayorga o Pascal Rambert, hasta el mismo Paco Bezerra. Tener recogidas en un solo volumen -tan bien editado- todas estas obras es una oportunidad inestimable para leer a uno de los escritores más estimulantes de los últimos años. Sus textos remueven, fascinan, emocionan. El teatro, “si viene, vendrá después”.

 

(Reseña publicada originariamente en infoLibre el 5/04/23).

 

 

 

 

martes, 21 de febrero de 2023

La anguila, de Paula Bonet

 


Dacia Maraini habla de cómo nuestros cuerpos, derechos y maternidades son el campo de batalla donde el patriarcado despliega toda su artillería. Adrienne Rich habla del cuerpo de la mujer como algo impuro y corrupto que amenaza a la masculinidad: algo que desea y es diabólico y sangra y se corre. Y lo enfrenta al cuerpo del único otro tipo de mujer que el patriarcado concibe: el de la pura, asexuada y sagrada. El de la virgen. Nos enfrenta a nosotras mismas, nos manipula, nos llena de frustraciones, nos somete.

 

(Paula Bonet, La anguila. Anagrama, 2022).

domingo, 5 de febrero de 2023

Frankenstein, de Mary Shelley

 




Mientras mejoraba mi forma de hablar, también aprendí la ciencia de las letras (…) y esto me abrió todo un mundo de maravillas y placeres.



                                                                            *


¿De verdad era el hombre a un tiempo tan poderoso, tan virtuoso, tan magnánimo y, sin embargo, tan vicioso y ruin?



                                                                            *



Entonces supe del reparto de las riquezas, de las inmensas fortunas y de la extrema pobreza, de las familias, de los linajes y la nobleza de sangre.



                                                                            *


No puedo explicaros la angustia que aquellas reflexiones me producían; intenté olvidarlas, pero el conocimiento solo logró aumentar mi pesadumbre.


(Mary Shelley, Frankenstein. Austral. Traducción de José C. Vales, 2014).

miércoles, 26 de octubre de 2022

Sylvia Plath: La campana de cristal



Así que empecé a pensar que tal vez fuera cierto que casarse y tener niños equivalía a someterse a un lavado de cerebro, y después una iba por ahí ideotizada como una esclava en un estado totalitario privado.


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Finalmente decidí que si era tan difícil encontrar un hombre viril, inteligente y que todavía fuera puro a los veintiún años, yo podía olvidar lo de conservarme pura y casarme con alguien que lo fuera. Entonces, cuando él empezara hacerme la vida imposible, yo también podría hacérsela a él.


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El problema era que yo detestaba la idea de trabajar para los hombres de cualquier forma que fuera.


(Sylvia Plath, La campana de cristal, 1963. Traducción de María Elena Rius, Edhasa, 2012).

martes, 28 de junio de 2022

El año del Búfalo, de Javier Pérez Andújar



Pongamos que estamos en 1973, año del Búfalo para los chinos; pero no para los búfalos. Los trabajadores llevan bolsas con el emblema de los Juegos Olímpicos de Múnich del año pasado. Corre por una parte del mundo el año 1973 y, sin embargo, en España sigue siendo 1939, y si no, 1492. Lo de 1992 fue un espejismo. Se lleva lo retro, y esta vez la moda regresa al 73. Pero el día menos pensado nos dicen que aquí vuelve a ser 1939 y que Hitler ha vuelto a invadir Polonia.


(Javier Pérez Andújar, El año del Búfalo. Anagrama, 2021).