viernes, 5 de diciembre de 2014

Aritmética del desgaste, de José Ángel González Franco




Presentación de Aritmética del desgaste, de José Ángel González Franco (Esto no es Berlín Ediciones)


Cuando conocí en persona a Jaime Rodríguez Z. (editor de Esto no es Berlín) para proponerme que presentara junto a él y José Ángel González Franco el acto de hoy, me entregó el libro Aritmética del desgaste y me explicó que se trataba de la primera publicación del autor. También me comentó que era un tipo muy inteligente, además de un importante abogado penalista de Barcelona. Y es curioso, continuó diciendo, porque nuestra editorial nació en Tabacalera con ánimo de publicar literatura con un contenido crítico, al margen del mercado... Pero nosotros no tenemos prejuicios, y la verdad es que cuando leímos el libro nos pareció muy bueno. Interesante, le dije yo, además, estoy de acuerdo en que lo importante es el libro. Seguro que te gusta Bolaño, ¿no?, le pregunté, aunque más bien se trataba de una afirmación que buscaba cierta complicidad. Claro, me respondió Jaime, como diciendo “vaya pregunta más tonta”. Es que todo esto me parece una historia muy bolañesca, le escupí. Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. Y lo cierto es que veo a José Ángel González Franco como un personaje de Los detectives salvajes. Un abogado catalán que lidia con las altas esferas de la sociedad, con la corrupción, los delitos... y que escribe poesía en sus ratos libres. Una poesía reflexiva, honda. Creo que si Bolaño siguiera viviendo, estaría interesado en conocer a José Ángel González Franco. Y yo, que me considero un bolañista, estoy muy interesado en José Ángel. Y tengo la suerte no solo de conocerlo hoy, junto a ustedes, sino de escucharlo, de compartir este momento, y todavía más: de acompañarlo en la presentación madrileña de su libro Aritmética del desgaste. Así que, voy a comentar unas palabras sobre lo que me ha sugerido el poemario.

Aritmética del desgaste es ya de por sí un título atractivo, ¿no creen? Habla Pere Gimferrer en el prólogo “_A propósito de Aritmética del desgaste” de “vaciado”, y me parece una manera muy sugerente de ilustrar el trabajo de José Ángel González Franco. Por un lado, porque yo creo que la poesía es un ejercicio de vaciado -como en la pintura y en la escultura-; por otro, porque en la temática que se desarrolla en el libro podemos apreciar un vaciado del propio sujeto poético para después reconstruirse.

En la primera parte del libro encontramos una cita de Nietzsche que dice: “¡Qué sabe del amor quien no tuvo que despreciar precisamente lo que amaba!”. Y en el primer poema del libro, leemos: “Fue así como empezó el fuego. Con el incendio de todo aquel falso conocimiento. / Y fue así como acabó. Con mi magia hecha cenizas”. A veces nos olvidamos de los orígenes del fuego, pues de alguna manera tuvo que encenderse. Y el fuego del que nos habla González Franco empezó con “aquel falso conocimiento”. ¿Falso, por qué? Y no solo eso, también leemos que acabó con “mi magia hecha cenizas”. Creo que la lectura del libro nos permite acercarnos a esas cenizas, a su proceso. El atractivo título del poemario, “Aritmética del desgaste”, podría también haber sido “Aritmética de las cenizas”. Pero no. Perdería la capacidad de evocación, de reflexión sobre el cálculo. El protagonista/lector da pasos entre recuerdos propios que surgen a partir de las palabras pulidas que se forman en el aire y se proyectan sobre las paredes y los muros de una casa. Pero no olvidemos que toda casa es susceptible de ser demolida. Y en ese trayecto/lance del sujeto poético, que es también la experiencia del lector, los poemas crecen, respiran; la belleza surge de las palabras y el conocimiento aumenta paulatinamente. Porque Aritmética del desgaste es también un libro sobre el conocimiento. Por ejemplo, descubrimos que a partir de las cenizas se pueden crear nuevos fuegos. Que se puede crecer a partir del “desgaste”. Y eso es sabiduría.

Uno de los poemas más fascinantes del libro lleva por título “_Daimon”, y en él leemos:

“Habrá que dejar respirar al fruto.

Un pez con las escamas infladas
inerte, en la puerta de la casa,
soñando con tu agua.

Hay que dejarlo que respire”.

No puedo añadir mucho más, porque estos versos muestran lo que yo entiendo por poesía. Belleza y sugerencia, algo que se mueve entre la tensión y la iluminación.

Más adelante, leeremos una cita de Fernando Pessoa para abrir la segunda parte del libro, que reza: “Para comprender, me destruí”. Estas palabras nos sirven para comprender el proceso de aprendizaje que experimenta el protagonista, que podríamos ser cualquiera de nosotros. Porque la poesía es para compartirla, para leerla, para hacerla nuestra. Y no dudo de esta cualidad en el autor. Juzguen ustedes mismos cuando lo escuchen recitar, cuando lean este poemario valiente. En uno de mis poemas favoritos del libro, “_Autorretrato” encontramos unos versos visuales, potentes, que dicen: “y dibujar en el aire / una figura / que no soy yo”. ¿Qué es dibujar en el aire figuras que no son uno mismo? Perderse. Pero el que se pierde, tiene dos opciones: sumergirse en la pérdida, alimentarla, para acabar inmerso en el caos, o transformarla en otra cosa, en una exploración que permita volver a encontrarse. Repito las palabras de Pessoa: “Para comprender, me destruí”.

Y esta segunda parte finaliza con un poema que lleva por título “_Posdata” y dice: “Me he comido hasta las moscas”. Esta frase es otro de los mejores poemas del libro. Por la elipsis, por lo explícito de lo implícito que hay en ella. No es una queja, es una derrota que se reconoce. Y es una postada, por si no ha quedado claro, ¿eh?

(Hago un pequeño paréntesis. Sabemos lo que hacen los grandes deportistas cuando pierden, me refiero a los más ambiciosos: aprender de la derrota, mejorar para ganar la próxima oportunidad que tengan. La derrota les hace más fuertes. No sé si este símil deportivo sirve para comprender este libro, pero creo que algo de ambición hay en todo aquel que quiere transformarse y no conformarse con las cenizas).

Ya en la tercera parte del libro, los títulos de los poemas han desaparecido. Algo ha ocurrido. ¿Es eso el conocimiento, despojarse de las etiquetas que nombran las cosas?

Para acabar, me gustaría volver a citar a Gimferrer, pues en el pequeño prólogo del libro, argumenta que después de ese vaciado hay una “mutación hacia sí mismo”. Creo que da en el clavo de lo esencial de Aritmética del desgaste y poco más puedo añadir yo. Simplemente, que el amor y los sentimientos son difícilmente medibles o calculables y que muchas veces 2 + 2 = 5 (incluso Radiohead, la gran banda británica de pop-rock, dedicó una canción a esta suma) o cuando uno piensa que está multiplicando, a lo mejor no es consciente de que está restando o dividiendo. La realidad no es objetiva. Incluso, dependiendo del momento de cada uno, una misma cosa puede verse de maneras distintas. Al final, hay un resultado: el de la metamorfosis. Y la operación merece la pena. Arriésguense.

(Texto leído en la presentación de Aritmética del desgaste de José Ángel González Franco, el lunes 1 de diciembre en CaféBar Tiovivo, Malasaña, Madrid).

Videoclip de Radiohead: "2+2=5":


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