domingo, 31 de enero de 2010

Renacimiento, de Javier Moreno


El libro Renacimiento (Icaria, 2009) del escritor Javier Moreno supone una lectura refrescante, a la vez que profunda. La poesía de Javier Moreno (cualquiera de sus tres libros publicados hasta ahora, Cortes publicitarios, Acabado en diamante y Renacimiento) es un intento de acercarse a la realidad por medio del lenguaje. Esto puede parecer obvio, pero pocos lo consiguen con la eficacia de Moreno. Estos poemas pueden ser una relectura renacentista, aunque la escritura me parece más bien barroca, por la parodia y las imágenes que resuenan unas dentro de otras como espejos cervantinos. Poemas que hablan de las ideas, del reflejo de las cosas, de la mimesis y la importancia de la creación artística, en un fondo plenamente actual, mezclando referencias e influencias por medio de una voz muy personal y ya importante.

Dejo aquí una pequeña muestra con dos estupendos poemas, con permiso del autor:


Los 300


Fiel al protocolo, el funcionario

nos asió del tobillo

para mejor mostrarnos el abismo


De abajo ascendía el fragor del tráfico

un chirriar de pájaros enjaulados

La inciente pupila supo la angustia

ante el semáforo en rojo

Tentó la mano el vacío y halló tan sólo el frío

la calentura tibia del neón

Al gritar, una nube de polución

bendijo la terneza de nuestros pulmones


Pues sobrevivimos

aquí estamos

Caminamos por las calles

degustando en bares y gimnasios

la gloria definitiva

de sabernos espartanos


... ... ... ... ...


Tesis sobre el autorretrato


Hay en el fondo cierta idea de miopía

Ver tan sólo lo que está más cerca

¿El yo se encuentra dentro o fuera

de la piel? ¿Se mide en centímetros

o años luz esa distancia?


Cierto que la frontera

entre yo y el mundo está hecha

de fundas de teléfono, de antenas, de azogues

de espejo, de marcos custodiando

retratos de infancia


Mientras cruza el almagre el espacio

sobre el pelo del pincel

pienso cómo es posible que algo

se contenga a sí mismo


Asombrosa paradoja


Otra cosa es admitir que ningún ser lleva en sí

el principio de su existencia


De ahí la necesidad del lienzo

viernes, 29 de enero de 2010

J. D. Salinger (1919-2010)



Ha muerto J. D. Salinger. Pocas veces un escritor aparece en la portada de distintos periódicos internacionales: The New York Times, Los Angeles Times, El País, Público, Abc, Liberation, Le Monde, The Times, The Guardian, Clarín, etc, además de tantos blogs en el mismo día. Esto indica la importancia de este gran escritor, que, teniendo una obra escasa, es desde hace varias décadas un clásico moderno y es leído en todo el mundo, sobre todo, gracias a esa novela que ha sabido reflejar lo que muchos han denominado “el paso de la adolescencia a la juventud”. Cuando uno lee El guardián entre el centeno no puede contener unas lágrimas de desencanto con un poso de amargura y belleza. Sin embargo, para quien esto escribe, su gran obra es Nueve cuentos, una obra maestra del género cuentístico. Por sus diálogos inteligentes, por su mirada social, por sus personajes en busca de sí mismos, por la estructura narrativa. Hace tan solo dos meses, releí Nueve cuentos para el Club de Lectura donde doy clase, y me di cuenta –otra vez- de la maestría de Salinger. Me animé y leí también Franny y Zooey y descubrí la relación que hay entre sus novelas y sus cuentos: los personajes, las tramas, los pequeños detalles que acaban configurando la vida de la extravagante y compleja familia Glass. Salinger llevaba retirado en una cabaña en New Hampshire desde los años 60 y allí murió, alejado de la idiotez mundana occidental que tanto detestaba. Ahora sí, descansará en paz.

viernes, 22 de enero de 2010

España de Manuel Vilas



Ahora que todo el mundo habla de Manuel Vilas y de su novela Aire nuestro, yo hablaré de Manuel Vilas y de su novela España, porque es uno de los últimos libros que he leído y porque me ha parecido un libro que dice verdades necesarias y que, además, ha sabido reflejar parte de lo que es España (y no España, como dice el mismo narrador).

Pienso en Witold Gombrowicz, uno de los grandes escritores europeos (y argentinos) del siglo XX y la tradicional y católica Polonia, y me doy cuenta de que Polonia también es España. España es un país donde siempre es muy difícil escribir literatura. Si hablamos de literatura institucional, eso no es difícil, más bien es lo común. Pero si hablamos de literatura gombrowicziana o joyceana, es decir, literatura irreverente, que no pase por el aro y que además, busque el placer lúdico de la forma y que, ya de paso, se postule contra lo establecido, entonces, los periódicos nacionales, los críticos de estos medios (lo Institucional, que diría Gombrowicz), todos soslayarán a esos autores, y eso lo refleja muy bien la novela de Vilas. Esto puede verse desde el tratamiento del lenguaje que Vilas emplea –no sin ironía, ese poso de inteligencia. Parece como si un escritor que tenga tatuajes por sus brazos o lleve una gorra de béisbol o escriba diálogos con la palabra “polla” o “follar”, ya no es un escritor serio. Creo que esto no ocurre en EEUU, pero claro, no nos vamos a comparar con este país, perdón, quiero decir con EEUU. Recuerdo cuando Ray Loriga publicó una novela, que para quien esto escribe, es una de las mejores de los últimos quince años en España, Tokio ya no nos quiere. Pocos críticos se atrevieron a decir lo que realmente se merecía. Poco a poco, Loriga se ha ido “domesticando”, que no quiere decir que sea peor escritor, pero la crítica sí le ha ido dedicando mayor protagonismo en sus últimas novelas y ha cobrado mayor presencia en los medios institucionales. (Habría que ver si ese “domesticarse” supone escribir guiones de cine –es decir, formar parte de una Industria- o dejar de usar cierto lenguaje “rock” y así gustar a un par de críticos influyentes que consideran que “ya” sabe escribir). Parece que en España siempre se tarda más de la cuenta en reconocer las grandes obras que no sean de corte clásico. El último Premio Nacional de Arte Dramático, Paco Bezerra, comentaba la dificultad de abrirse camino en este campo si no se tiene cincuenta años, barba y se viste una americana de pana. Me vienen a la cabeza los ejemplos (patéticos, vergonzosos) que han sufrido gente como Pedro Almodóvar o Enrique Vila-Matas, dos creadores mayúsculos que sin embargo han tenido que ser valorados primero en otros países para que sus propios compatriotas los consideren como grandes autores. Se pasa de lo marginal a lo “moderno”. Los prejuicios, seguramente, me decía el otro día un amigo hablando de este tema. La sombra de Franco es alargada, le contesté yo. Pero algo está cambiando, menos mal. Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta, Javier Moreno y un puñado de jóvenes escritores y críticos (y muchas revistas independientes, la mayoría digitales) que, sin ser los primeros, han tomado el relevo de autores como Vila-Matas o Roberto Bolaño y están contribuyendo a que el aire nuestro se airee un poco, pierda en aquilosamiento del noventaiochismo, y que busque sus nuevos caminos, su nueva identidad. Pensando en España, creo que ahora le ha llegado el turno a Manuel Vilas, y eso quiere decir una cosa (entre otras muchas): que esos caminos han servido para seguir transitando por ellos y para abrir otros nuevos. Y Manuel Vilas, como Witold Gombrowicz, como Roberto Bolaño, como Vila-Matas, abre caminos. Pero además, sabe escribir, señores. Y no lo hace nada mal. Puede, incluso, que mejor que muchos escritores académicos. “No me gustan los fideos demasiado fideosos”, le decía Witold Gombrowicz al Poeta Nacional de Argentina en un duelo literario en la magistral Trans-Atlántico. Además, Vilas hace otra cosa difícil que determina su lectura. Vilas ha escrito una novela política desde la literatura, desde la ficción, sin politizaciones. Pocos saben hacer eso. Cuando leía España, leía también a Foster Wallace, a Bolaño, a Fresán, a Gombrowicz. Me parece uno de las mejores ejemplos de lo que es España, y ahora, con permiso de Vilas, no pongo la cursiva. ¿Novela mutante? Bueno, si les parece bien eso de las etiquetas, de acuerdo, pero dejémoslo en una de las mejores novelas españolas de la última década y en una voz que de verdad le hacía falta a España.

sábado, 16 de enero de 2010

La musique de Dominique A

Uno de mis músicos favoritos es el cantautor francés Dominique A, un enorme compositor, cantante y experimentador de sonidos. Siempre que he tenido oportunidad he ido a verlo. Es, junto con Corcobado, uno de los músicos que, creo, mejor saben aunar melodía y ruido, además de alejarse de cualquier tipo de etiquetas, evidenciando una libertad creativa como pocas. El concierto del pasado jueves 14 de enero en Neu! Club de Madrid fue realmente grande. La sala (también conocida como Galileo Galilei), que mantiene una acústica sobresaliente, estaba abarrotada y la gente disfrutó con este mago de la música, acompañado de tres músicos que supieron sonar como una verdadera banda. Aún tenía en el relente el concierto que Domnique A se sacó de la chistera él solito, con una guitarra y un pedal en la sala El Sol hace un par de años. Pero en esta ocasión, Monsieur Anné ha decidido tocar con una banda, sobresaliendo la batería y los teclados. Su disco “La Musique/La Matière” es una moneda con dos caras que muestra el nivel de sofisticación y naturalidad que ha alcanzado Dominique A. Es sin duda uno de los mejores discos del músico francés, donde aúna esa especial fusión entre melodía y ruido, guitarras acústicas y eléctricas, teclados y sintetizadores, por no hablar de su lirismo en las letras, siempre poéticas y un tanto oscuras. Él ha afirmado recientemente (en una entrevista en la revista Rockdelux) sobre los buenos cantantes muertos que sus canciones perduran durante muchos años: “No significa que nos citemos con el fracaso durante nuestra vida, sino que lo que se crea no alcanzará toda su dimensión hasta que uno haya desaparecido”. De momento, el autor de “Remué” sigue vivo, con mucha fuerza, y dejando tras de sí una discografía consistente, que lo confirma como uno de los músicos de culto en Europa, y preferimos que dure mucho para seguir firmando trabajos tan personales. Ya habrá tiempo para “alcanzar toda su dimensión” dentro de cincuenta o cien años.

Dejo aquí una muestra muy diferente. Grabado por los realizadores de La Blogotheque, Dominique A invade las calles de París en unas hermosas tomas de dos de sus mejores canciones. Como un músico de la calle. Como un verdadero chanteur.

Un Concert à Emporter - Dominique A #1 - "Le bruit blanc de l'été" from La Blogotheque on Vimeo.

Un Concert à Emporter - Dominique A #2 - "Antonia" from La Blogotheque on Vimeo.

jueves, 14 de enero de 2010

Eric Rohmer y Daniel Bensaïd



Feliz 2010 a todo el mundo. Llevaba tiempo sin publicar nada porque he estado de mudanza y sin internet, pero por fin todo vuelve a la normalidad.

Para empezar el año, quería recordar a dos autores franceses que han fallecido recientemente. Por un lado, el cineasta Eric Rohmer, uno de los grandes directores europeos de la segunda mitad de siglo XX (y uno de los cabecillas de la Nouvelle Vague), y además, un autor con un estilo único. Cuando uno ve una película de Rohmer sabe que se trata de una experiencia única. Yo lo descubrí a los 18 años y hay varias películas que me han acompañado durante todo este tiempo. Se trata de un realizador que, al igual que Woody Allen -aunque de distinta manera-, me ha ayudado a madurar intelectualmente, además de sentimentalmente, cuando yo salía de la adolescencia y me iniciaba en la juventud. Algunos de sus filmes inolvidables son: Mi noche con Maud, La rodilla de Clara, La coleccionista o La rendez-vous de Paris. La narración lenta, detallista, los paisajes naturales, los planos-secuencia, los personajes parlantes que están llenos de contradicciones y que van descubriendo cosas de ellos mismos a medida que hablan y actúan, incluso, algunos, como en La coleccionista, narradores embusteros. La vida cotidiana. Se va un grande, pero nos queda su hermosa filmografía.

Otro francés que se ha ido, ha sido el filósofo Daniel Bensaïd. He de confesar que no he leído ningún libro de Bensaïd, pero una entrevista que leí en el periódico Público me sirvió para descubrir a un pensador crítico, lúcido, de los que hacen falta hoy en día, donde la crisis económica no ha hecho sino acentuar más aún las medidas capitalistas y donde los ciudadanos, las personas, los individuos, somos cada vez más invisibles merced a un sistema aniquilador. Bensaïd fue uno de los impulsores del Mayo del 68 francés y un filósofo marxista, además de profesor en la Universidad de París VIII. De esos intelectuales que no abundan precisamente y que hacen falta para pensar que no todo está perdido.

martes, 15 de diciembre de 2009

Combates, de Ednodio Quintero

(La lectura de Combates ha sido un descubrimiento. Esta es la reseña que he publicado para Deriva).
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Combates, de Ednodio Quintero (Candaya, 2009, Prólogo de Carmen Ruiz Barrionuevo).

El escritor venezolano Ednodio Quintero comienza a cobrar importancia en España, gracias al esfuerzo de la editorial Candaya por publicar su obra. Si en un primer momento la novela Mariana y los comanches fue recibida por la crítica con gran interés, ahora llega el turno a una faceta siempre comprometida, la de cuentista. En concreto, este volumen corresponde a su última etapa, los relatos escritos entre 1995 y 2000, ya que posteriormente saldrá otro libro, Ceremonias (1974-1994), que cerrará los Cuentos Completos del narrador venezolano.

Ya desde el título se sugiere que asistimos a una experiencia intensa donde no habrá concesiones para el lector por cuanto tiene de intrépido cada relato y cada frase. No olvidemos el acertado comentario de la crítica aludiendo a la escritura de Quintero como una “poética del vértigo”, que puede recordar a ratos a Juan Rulfo por la fisicidad y la violencia rural, aunque en el caso del venezolano los relatos se tornan más poéticos, mientras en los del maestro mexicano resultan mucho más secos y elípticos. En todo caso, la mayoría de los textos de Combates son fascinantes, y algunos de ellos, sencillamente magistrales. Con un estilo hiperrealista unas veces, expresionista otras, la lectura supone una experiencia que hace honor al título del libro, y en más de un caso, el lector acabará “noqueado” -en el mejor sentido del término- por la poderosa y cristalina prosa del autor y creerá oírse a sí mismo la respiración jadeante confundiéndola con la de los distintos personajes, los cuales sufren la desazón, la desesperación, la lucha por la supervivencia, resultando muchas veces aturdidos, perdidos, como envueltos en un halo incomprensible ante los hechos que se desencadenan, sin apenas referentes a los que agarrarse, donde no es fácil separar la realidad más cotidiana y la onírica, de manera que lo vivido y lo imaginado se (con)funde: “¿Qué estoy diciendo? Empiezo a delirar. Falsifico mis propios recuerdos”. También los propios personajes se preguntan qué será de ellos ante la total incertidumbre: “¿Hallaré algún tesoro oculto entre los rescoldos de ese miserable fogón?”. Para colmo, es común que el personaje protagonista se encuentre en una situación de no poca ansiedad donde ni siquiera sabe cómo ha llegado a tal extremo: “¿Qué hacía yo danzando como una marioneta en aquel paisaje de pesadilla? De verdad, no lo sabía”. En este mundo quinteriano, los seres pueden estar confundidos, metamorfoseados como en la pintura de Francis Bacon: “El hombre –ángel, bestia o mujer-“, de manera que asistimos a una experiencia kafkiana, un viaje iniciático sin billete de vuelta. El hombre lucha contra sí mismo, se pelea con sus propios fantasmas (y se convierte en ángel, bestia o mujer) para superar las adversidades del destino (que por momentos, desprenden reminiscencias de la mitología griega). Sin embargo, muchos de los relatos, sobre todo los reunidos bajo el título de Combate, podrían leerse como poemas en prosa por varias razones: por su intensidad, por el ritmo marcado de sus frases, por la belleza descarnada de sus imágenes, por la configuración de un universo propio. “Sobreviviendo”, ”El silencio” o “Combate” son claros ejemplos de ello. Otros, como “El sur”, “El otro tigre” o “Un rostro en la penumbra” cuestionan el pasado, las experiencias vividas, dando lugar a un interesante juego de espejos (que remite a esa literatura tan fecunda en América Latina gracias a escritores como Borges o Cortázar, e incluso algunos textos de Onetti o Fuentes). En todos ellos hay una búsqueda de la identidad, una tensión entre la vida y la muerte que en muchos casos acaba por demostrar que no todas las cosas son alcanzables. En este sentido, su escritura es similar a la de Bolaño por cuanto tiene de lucha, de morder el polvo, lo que el propio Quintero ha reconocido como “combatir y no poder eludir el combate”.

Antes hemos aludido a la frontera borrosa entre relatos y poemas. Muchos de los relatos aquí presentes contienen la fuerza de un buen poema, la precisión y la sugerencia, esa difícil ambivalencia que supone una motivación para los lectores exigentes. Con un uso del castellano limpio, castizo, lleno de fuerza a la vez que exactitud, los relatos de Quintero están urdidos a partir del lenguaje, lo que no suele ser habitual. Hay pocos escritores que aporten algo diferente y de calidad cuando publican relatos. Algunos publican cuentos por encargo, otros sencillamente escriben cuentos más o menos válidos, pero son pocos los que se sumergen (no se me ocurre otra palabra mejor para ilustrar la manera de enfrentarse a este género narrativo) hasta el fondo y después son capaces de salir a la superficie para mostrar la punta del iceberg. Por derecho propio, Ednodio Quintero demuestra con este libro que es un cuentista de raza, de los que exigen una lectura activa por parte del lector. Esperamos con ganas la nueva entrega de Candaya, y así podremos comprobar y contrastar la evolución de los relatos de un escritor ya importante. Por cierto, el prólogo de Carmen Ruiz Barrionuevo no hace sino confirmar la atracción de la escritura de Quintero, además de servir para comprender mejor una poética repleta de hallazgos.



lunes, 14 de diciembre de 2009

Ednodio Quintero y Vila-Matas

Acabo de descubrir a Ednodio Quintero. Su libro de relatos Combates me ha dejado sin aliento -es uno de esos libros que conviene leer poco a poco para poder digerirlo-. He escrito una reseña para Deriva que publico también aquí, pero de momento, os dejo la presentación de Combates junto a Enrique Vila-Matas perteneciente a Canal-L.