martes, 6 de junio de 2023

Kae Tempest: Que se coman el caos



Que se coman el caos, de Kae Tempest. Arrebato Libros, 2022. Traducción de Violeta Gil.

Se publica por primera vez la traducción al español del libro Let Them Eat Chaos de Kae Tempest, poemario que salió en 2016 como un complemento del álbum de mismo título, que fue nominado a los Mercury Prize y es uno de los trabajos musicales más innovadores de los últimos años. Allí, Tempest recita y rapea sobre ritmos electrónicos producidos por Dan Carey, donde se mezclan rap, spoken word, trip hop, grime…

Recordemos que Tempest es poeta, cantante, novelista y autora teatral, y este poema largo es una muestra de su escritura híbrida y su cualidad performativa. Ya se habían traducido algunas de sus obras al español, como el poemario Mantente firme (La Bella Varsovia), la novela Cuando la vida te da un martillo (Sexto Piso) o el ensayo Conexión (Sexto Piso). Ahora le toca el turno a Que se coman el caos (Arrebato Libros), un poema que no deja indiferente y que retrata a una generación perdida. Como señala la poeta Anne Waldman, su poesía “le habla al corazón y a la conciencia”, y lo cierto, es que Tempest es capaz de embaucarnos y hacernos reflexionar sobre el sentido de la vida, así como cuestionar las desigualdades generadas por el neoliberalismo. La fuerza que emana de sus versos proféticos recuerda a autores como Allen Ginsberg o Linton Kwesi Johnson. En este sentido, Tempest se ha convertido en una poeta del espacio público de importancia internacional.

Mientras el álbum se divide en canciones para poder digerirlo más fácilmente, aquí se presenta el largo poema sin separaciones, como un todo, si bien hay pequeños espacios o blancos a modo de transiciones, que además sirven para tomar aire y parar si fuera necesario. Decía el escritor Michael McClure que un poema “es una respiración entera o un grupo de respiraciones”, y Tempest lo corrobora con creces, creando ondulaciones, fluyendo siempre hacia delante, dejando espacios para coger aire y volver a la carga, sin perder su concepción unitaria.

Un aspecto importante de Que se coman el caos es su carácter oral. Al abrir el libro, reza: “Este poema fue escrito para ser leído en voz alta”. Tal vez así, cobran más entereza los siete personajes, cuyas vidas cruzadas son narradas con crudeza, intercaladas por una voz narradora que ordena, no solo las escenas que casi podemos ver, sino también las voces de los personajes y sus flujos de conciencia. Son las 4:18 de la madrugada y casi todo el mundo duerme en esta calle de un suburbio de Londres, excepto esas siete personas que padecen insomnio en una noche de tormenta, seguramente debido a sus preocupaciones propias del mundo hostil en que viven. La soledad y la alienación están presentes en todos ellos: “¿Cómo es que me he convertido en la / persona de la que huyo?”.

Escrito con un lenguaje sencillo y distendido, a la vez que sugerente, la artista británica dibuja imágenes e ilustra lo que sienten muchas personas “anónimas”, que ven cómo sus sueños no se cumplirán nunca: “¿Es esto / todo / lo que me espera?”. En ese extrañamiento que es muchas veces la vida cotidiana, donde no pasan cosas extraordinarias, uno de los personajes se dice: “Los días pasan como fotos en una pantalla. / A veces siento que mi vida / es el sueño de otra persona”. Esa sensación late a lo largo de los versos y nos apela a confrontar nuestras propias experiencias y sentimientos. Las microhistorias, unidas por un espacio y momento concretos, sirven a la vez como excusa para proyectar una visión más compleja y amplia de Londres, siendo extrapolable al resto de Occidente. La voz narradora denuncia los abusos de poder, las desigualdades sociales de Inglaterra, las dificultades por encontrar un trabajo estable o la falta de cuidado a la Tierra, creando un discurso crítico a la vez que resignado sobre la condición humana: “Somos Sísifo empujando su roca”.

También hay espacio para las sugerencias, que sintetizan ideas paradójicas sobre los efectos de la gentrificación: “Las okupas en las que hacíamos fiestas / son pisos que no nos podíamos permitir / Los antros en los que bailábamos / han sido todos reformados”. Ciudades que se podrían intercambiar unas por otras: Madrid, Londres, Nueva York. Frases que parecen grafitis para plasmar la frustración, el fin de una época: “He recorrido estas calles toda mi vida / me conocen como nadie. / Pero las calles han cambiado. / Ya no las siento / vibrar”.

Algunas escenas pueden recordar a películas de Ken Loach por cuanto tienen de realismo social típicamente british, con ejemplos de nihilismo contemporáneo, donde los personajes van a la deriva, desolados, mientras se resarcen entre drogas y alcohol, asumiendo su vacío, sin saber cómo remediar su situación: “Ketamina para el desayuno, / chicas malas con las que emborracharme”.

Tempest es como un torbellino controlado; tiene la capacidad para hacer poesía desde la rabia y canalizarlo por medio de un discurso poético calmado pero lleno de reivindicación. Su personalidad le permite afirmar con total rotundidad frases que se graban en la memoria: “Europa está perdida / América perdida / Londres perdida / Y aun así clamamos victoria”. No hay espacio para el regocijo ni la autocomplacencia tan europea. Tempest tiene sus versos cargados de verdades incómodas, pero también hay resquicios para motivarnos: “Nos toca hacer de este / un mundo mejor”. Sus versos nos ponen contra la pared y nos hacen preguntarnos sobre el sentido de estar vivos. ¿Estamos preparados para despertar? Según Tempest, no podremos, “hasta que el amor sea incondicional”.

(Reseña publicada originariamente en Culturamas el 6/02/23).


lunes, 29 de mayo de 2023

miércoles, 17 de mayo de 2023

Susan Briante: El mercado se pregunta

 


El mercado frunce el ceño,

cruza la calle en rojo, se instala, como si

fuera su hijo está encima de una hoja de cálculo

con su asistente administrativo, duerme en otra cama

después de 3 años y medio de matrimonio,

solo puede dormir en la mitad de la cama

después de 43 años de matrimonio, ve un ataúd

en el escaparate de una tienda y siente nostalgia

por los escaparates de las calles congestionadas de su ciudad

donde los hombres hicieron marcos, repararon

televisores, amontonaron herramientas en sus entradas, atendieron

máquinas para tostar y moler café,

operaron una imprenta. El mercado quiere ser aprendiz,

no puede ser aprendiz, luce como un nido en el árbol. El mercado

es un parásito que luce como un nido en el árbol, berrea

a través de un sistema de ventilación, sin pelo, ciego, un becerro

recién nacido duerme sobre tu pecho, el Mercado está cuajando, 

y su leche empieza a bajar.


*


The market scowls,

crosses the street against traffic, settles, hovers

over a spreadsheet with his administrative assistant

as if it were an infant, sleeps in another bed

after 3 1/2 years of marriage, 

can only sleep on half the bed

after 43 years of marriage, sees a coffin

in a shop window, grows nostalgic

for shop windows on crowded city streets

when men made picture frames, repaired

television sets, piled tools in doorways, nursed

machines to roast and grind coffee,

operated a printing press. The Market wants to apprentice,

cannot apprentice, looks like a nest in a tree. The Market

is a parasite that looks like a nest in a tree, howls

through the ventilation system, hairless, blind, a newborn

calf sleeping on your chest, the curdling Market

whose milk has come in.


(El mercado se pregunta, de Susan Briante. Kriller71, 2023. Traducción de Giancarlo Huapaya).

lunes, 8 de mayo de 2023

Enemy, dirigida por Denis Villeneuve


(Enemy, dirigida por Denis Villeneuve, Canadá, 2013. Basada en la novela El hombre duplicado, de Jose Saramago).

martes, 25 de abril de 2023

Paco Bezerra: El corazón de Fedra

 


HIPÓLITO: Podríamos jugar a un juego.

FEDRA: ¿A qué juego?

HIPÓLITO: A adivinar, por su trino, el nombre de los pájaros.

FEDRA: Eso es muy difícil. Además, yo perdería.

HIPÓLITO: Podemos jugar, si lo prefieres, a tumbarnos boca arriba sobre la hierba.

FEDRA: ¿Y ese qué juego es?

HIPÓLITO: El de las olas del cielo y las nubes del mar.

FEDRA: ¿Las olas del cielo y las nubes del mar? Vuelve a repetirlo.

HIPÓLITO: Las olas del cielo y las nubes del mar.

FEDRA: ¿Y no sería al revés?

HIPÓLITO: Los errores, muchas veces, encierran su belleza que en los aciertos es difícil encontrar. Aunque no sea correcto, las olas del cielo y las nubes del mar evoca algo mucho más hermoso. ¿No te parece?

(Velocidad mínima. El teatro viene después, de Paco Bezerra. Ediciones La uÑa RoTa, 2022).

lunes, 10 de abril de 2023

Los delirantes, de Matilda Södergran



Los delirantes, de Matilda Södergran. 2022, Letraversal. Traducción del sueco de David Guijosa Aeberhard.

No es muy común acceder a la poesía nórdica traducida al español, por lo que esta es una buena ocasión para acercarnos a ella, ya que se trata de una autora joven, aunque ya con una trayectoria importante. Södergran, nacida en Finlandia, pero afincada en Suecia (escribe en sueco), tiene varios libros publicados, tanto de poesía como narrativa. Este título es una antología que incluye los poemarios Ella arranca las venas (2008), Delirante (2009), Pesadillas (una forma de ser) (2012), Pies de loto (2014) y Supervivencias (2018).

Poco se puede añadir la detallada introducción del traductor, salvo glosar y reforzar las ideas que apunta con sus palabras. Comenta David Guijosa Aeberhard que la poesía de Södergran se construye desde las preguntas incómodas que deben ser confrontadas, algo que se aprecia cuando se leen sus poemas, porque sus textos basculan entre lo sugerido y la imagen que nos entra por los sentidos. Por ello, se trata de una poesía sensorial a la vez que física, que remueve por dentro al ser leída y nos invita a hacernos preguntas de esas que nos llevan a reconstruirnos o a plantearnos cuestiones que no tienen fácil respuesta. De hecho, es esa dualidad entre “el delirio y lo matérico” donde reside su mayor hallazgo. Algunos ejemplos: “¿por qué maté una mariposa / y tu cuerpo, y todo lo demás tan frágil?” o “Mi amor / es un hígado anémico entre mis piernas”. Por momentos, su expresividad recuerda a la fuerza y a la vez la fragilidad de Sylvia Plath.

Muchos poemas, sobre todo los pertenecientes a sus poemarios Ella arranca las venas y Delirante, hablan de la memoria del sujeto que oscila entre los sueños y los recuerdos, si bien se intuye una idea de reconstrucción poética a partir de experiencias traumáticas, donde se tematiza la violencia sufrida, las relaciones de poder marcadas por los roles de género. Es un recorrido por la pérdida, por el cuerpo femenino como una herida, pero también constituye un mapa que permite ser interpretado para poder avanzar en el camino: “Estoy orgullosa como un padre. El pájaro / controla su destino”.

En Pesadillas (una forma de ser) destacan los versos cortos con la aparente sencillez de los haikus: “Si me duermo al sol / llegará la libélula / y coserá mis párpados”. También abundan las frases a modo de aforismos y sentencias: “Siempre hay demasiadas formas de decir la misma cosa”. Se aprecia un intento por aprender de la experiencia traumática y a la vez hipnótica, construido con un lenguaje paradójico, sinestésico, que busca indagar y a la vez comprender(se) desde el dolor.

La sección más lúdica es Pies de loto, donde se alternan triadas de versos en cada página, que se leen de manera peculiar, pues no tienen mucho sentido de manera seguida, uno debajo de otro, sino uniendo el primer verso con el primero de la página siguiente, y así sucesivamente con el segundo y el tercero. Aquí se presentan incompletos, pues como dice el traductor, son “tres retales que empiezan y terminan de manera abrupta, pero que dialogan entre sí y se complementan”. De manera que la intención de Södergran va más allá de la búsqueda de una experimentación formal, también implica una manera de leer diferente, un ir y venir por las páginas del libro para dar continuidad. Si se quiere, se pueden leer los versos agrupados en cada página, a pesar de su incoherencia, como la poesía automática o la técnica del cut up y encontrar “chispazos” que despierten algunas conexiones. En todo caso, los versos reflejan la soledad, nacida del conflicto, que evoca escenas y emociones desgarradoras.

En Supervivencias hay una intensificación de imágenes surrealistas: “Me froto el labio con el pico de la golondrina”, que a los lectores hispánicos nos pueden evocar al Rafael Alberti de Sobre los ángeles o al Federico García Lorca de Poeta en Nueva York. También hay cabida para la reflexión poética y metalingüística, que desmitifica la escritura acercándose a la boutade: “Todo lenguaje es fingido. / Todo trabajo se malogra”. Sin embargo, esa escritura fragmentaria y a veces paradójica permite reconstruirnos: “Aprendo sobre mí misma aquello que no quisiera saber”.

A lo largo del libro, perdura una sensación de búsqueda en la realidad y en una misma, que nace en el dolor y la violencia. Por cómo la poeta habla de heridas físicas y psicológicas, la fragilidad está presente, se acepta sin remilgos. Pero también se deriva que la poesía puede mostrar un camino que nos permite adquirir conocimiento.

Los poemas de Södergran son como peces de colores que se mueven en varias direcciones, si bien se mantienen en la superficie. Ahí radica uno de los intereses del libro, en lo que se sugiere o no se dice y queda en el intersticio del lenguaje. Un lenguaje brillante, expresivo, que crea imágenes potentes y que bascula entre la alucinación y la rememoración. 

Intuyo que Södergran tendrá más traducciones por lo que aquí se presenta, y así podamos valorar un título completo como se merece. Una antología es un comienzo y esta es una buena manera para adentrarnos en la poeta nórdica.


(Reseña publicada originariamente en Vallejo & Co. el 9/02/23).

lunes, 3 de abril de 2023

La Mode: "La evolución de las costumbres"


 

(La Mode: "La evolución de las costumbres", La evolución de las costumbres, 1986).