domingo, 26 de enero de 2020

lunes, 20 de enero de 2020

Luis Cernuda: "La casa"


Desde siempre tuviste el deseo de la casa, tu casa, envolviéndote para el ocio y la tarea en una atmósfera amiga. Mas primero no supiste (porque eso lo aprenderías luego, a fuerza de vivir entre extraños) que tras de tu deseo, mezclado con él, estaba otro: el de un refugio con la amistad de las cosas. Afuera aguardaría lo demás, pero adentro estarías tú y lo tuyo.

Un día, cuando ya habías comenzado a rodar por el mundo, soñando tu casa, pero sin ella, un acontecer inesperado te deparó al fin la ocasión de tenerla. Y la fuiste levantando en torno de ti, sencilla, clara, propicia: la mesa, el diván, los libros, la lámpara atmósfera— que llenaban con su olor algunas flores de temporada.

Pero era demasiado ligera, y tu vida demasiado azarosa, para durar mucho. Un día, otro día, desapareció tan inesperada como vino. Y seguiste rodando por tantas tierras, alguna que ni hubieras querido conocer. Cuántos proyectos de casa has tenido después, casi realizados en otra ocasión para de nuevo perderlos más tarde.

Sólo cuatro paredes, espacio reducido como la cabina de un barco, pero tuyo y con lo tuyo, aún a sabiendas de que su abrigo pudiera resultar transitorio; ligera, silenciosa, sola, sin la presencia y el ruido ofensivos de esos extraños con los que tantas veces ha sido tu castigo compartir la vivienda y la vida; alta, con sus ventanas abiertas al cielo y a las nubes, sobre las copas de unos árboles.

Pero es un sueño al que ya por imposible renuncias, aunque sea realidad de todos a la que no puedes aspirar. Resistir es demasiado pobre y cambiante —te dices, escribiendo estas líneas de pie, porque ni una mesa tienes; tus libros (los que has salvado) por cualquier rincón, igual que tus papeles. Después de todo, el tiempo que te queda es poco, y quién sabe si no vale más vivir así, desnudo de toda posesión, dispuesto siempre para la partida.


(Luis Cernuda, Ocnos, 1942).

miércoles, 8 de enero de 2020

Videjuegos: los dos lados de la pantalla


La exposición “Videojuegos: los dos lados de la pantalla” es una muestra de cómo los videojuegos se han erigido en el décimo arte, llegando no solo a influenciar otros lenguajes artísticos, sino también imponiéndose en la industria cultural y de ocio (de hecho, supera en inversión a las industrias de cine y música, juntas). No cabe duda de que actualmente supone un legado cultural importante que cada vez está más presente en nuestras vidas.

La exposición se divide en distintos espacios que homenajean algunas consolas y videojuegos que han sido importantes a lo largo de la historia. Sin ser exhaustiva, sirve de muestra para entender la importancia que tiene esta industria y a la vez resume algunos hechos significativos de las últimas décadas. También invita a reflexionar sobre el impacto que tiene en la sociedad (llegando a afectar al mundo de las emociones, la ciencia, la realidad virtual o incluso el arte). 

Desde el el punto de vista del lenguaje, el videojuego es un medio que aúna literatura, cine, música e ilustración, por lo que su propuesta es rica y suele estar llena de referencias interculturales, aunque también reproduce estereotipos sexistas o de raza, algo que la exposición ilustra con pequeñas muestras. 


Todavía hay mucha gente con prejuicios que piensa que los videojuegos son cosas de adolescentes, pero cualquiera que haya experimentado algunas de las propuestas más recientes, como Journey, Life is Strange, Red Dead Redemption, Hellblade Senua’s Sacrifice, Detroit Become Human o GRIS -por señalar algunos muy diferentes-, sabrá que esa capacidad para generar emociones, disfrute visual, así como experimentación a nivel narrativo, es propia del décimo arte. Por no hablar de la interacción y la oportunidad de tomar decisiones que pueden modificar las historias. 

(Espacio Fundación Telefónica, Madrid. Hasta el 12 de enero de 2020. Más información aquí).










sábado, 28 de diciembre de 2019

Olga Tokarczuk y Jim Jarmusch: Animales muertos





Qué tristeza, qué gran tristeza siento por los animales muertos, una tristeza que no parece terminar nunca. Mueren uno tras otro, de modo que estoy en duelo permanente. Me hinqué de rodillas en la nieve manchada de sangre y acaricié su pelo áspero, frío, tieso.
-Usted lamenta más la muerte de un animal que la de un ser humano.
-No es cierto. Me duele igual la muerte de unos y de otros. Pero nadie la dispara a la gente indefensa -le dije al funcionario de la Guardia Urbana aquel mismo día por la tarde.


(Olga Tokarczuk, Sobre los huesos de los muertos, Siruela, 2016).

lunes, 16 de diciembre de 2019

domingo, 8 de diciembre de 2019

sábado, 30 de noviembre de 2019

Patti Smith: un poema


Nos tumbamos en la hierba maldita privada de magia,
trazamos nuestra desintegración en el cielo cinético.
Te toqué el brazo y la carne se desprendió,
y mis manos dejaron de estar vacías.
Nuestro monte es de tierra sangrienta,
cuando se moja es una masa de barro retorcida.
Si respiras en su boca volará
sobre las torres moriscas hacia el azur.
La Pinta es un barco que navegan los solitarios,
canaliza la mente antaño encantada.
Te toqué la cadera, el hueso se desprendió
y el mar dejó de estar vacío.
Amamos pero a la vez recogemos nuestras velas negras,
para engordar el buche de un perro rojo.

*

We lay in the cursed grass devoid of magic,
tracing our disintegration in the kinetic sky.
I touched your arm and the flesh fell away,
and my hands were no longer empty.
Our mount is made of blood earth,
when wet a clay thing writing.
If you breath in its mouth it will fly
above the Moorish towers into the blue.
The Pinta is a ship the lone navigate,
channeling the mind once beguiled.
I touched your hip, the bone fell away
and the sea was no longer empty.
We love yet reclaim our dark sails,
gorging the belly of a red dog.


(Patti Smith, Augurios de inocencia. Lumen, 2019. Traducción de Ana Mata Buil).