martes, 28 de febrero de 2017
Viento Smith: "Así surge un recuerdo"
martes, 21 de febrero de 2017
Miguel Hernández y René Magritte: los amantes
El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.
El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada,
fueron pétreos los labios.
El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.
Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.
(“El amor ascendía entre nosotros”, Cancionero y romancero de ausencias, en El hombre y su poesía, Cátedra, 1992).
Etiquetas:
Artes plásticas y visuales,
Miguel Hernández,
Poesía,
René Magritte
lunes, 13 de febrero de 2017
The Affair: la narración múltiple
Cuatro personajes. Una historia. Cuatro narradores.
Narrar una historia puede hacerse de
distintas maneras, pero ¿cómo narrar una historia con fragmentos de distintos puntos de vista?
Una historia contada desde distintos
puntos de vista no es una sola historia, sino un conglomerado de maneras de
sentir y vivir cada historia. La realidad es poliédrica y
no hay una sola manera de contarla.
Cuando uno narra, miente. Se miente.
La narración múltiple no es otra cosa que la suma de subjetividades. ¿Dónde está la verdad?
Uno puede pensar que su vida tiene un
sentido, como si hubiera un guión escrito
que ya conociera. Pero entonces,
el extrañamiento, la insatisfacción, el miedo, se mezclan y crean un
embrollo que acaba por apoderarse de esas vidas. Como si el destino marcado por los dioses viniera
a decirnos que
por mucho que nos esforcemos, siempre nos vamos a equivocar, y además, nos
sentiremos culpables, porque somos frágiles, porque no sabemos hacerlo
mejor. De eso, entre otras cosas, habla The Affair. Y de qué es narrar.
(The Affair, 3 temporadas. Creada por Sarah Treem y Hagai Levi, Showtime).
lunes, 6 de febrero de 2017
Agota Kristof: narración y verdad
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La verdad no es unívoca sino que ha ido cambiando de novela
en novela y está sujeta a enfoques distintos. No obstante, si la verdad no es
única y cambia según la perspectiva y el punto de vista del universo narrativo,
el hombre que se dibuja en el trasfondo de la narración no ha hecho más que
querer ser y dotarse de una identidad propia en el devenir de su vida.
*
La poética de Kristof podría definirse por la técnica de lo
ambiguo y de lo incierto (…). Finalmente el Yo que a lo largo de tres universos
narrativos de líneas convergentes y divergentes se confronta ante el problema
de la identidad (de su aprehensión en el tiempo y en el espacio) así como de su
permanente disolución tiende hacia una unidad (fracturada) en la que las
palabras y las imágenes se subordinan al principio de la mentira y la ilusión.
Un Yo que se lanza al vacío consciente de hacer una elección salvífica
(estética y existencial) que solo la escritura le puede conferir.
(Margarita Alfaro Amieiro, “Escribir en la frontera. Exilio
y escritura en la trilogía de Agota Kristof” en Más allá de la frontera: cinco voces para Europa, Barcelona, Calambur, 2007).
Etiquetas:
Agota Kristof,
Literatura,
Margarita Alfaro Amieiro
martes, 31 de enero de 2017
León Benavente: "Ser Brigada"
domingo, 22 de enero de 2017
Antonio Gamoneda: "Delación del verano"
Dios y su máscara. Oyes a los insectos que se alimentan en
tu
alma
y, de pronto, un árbol dice su clamor y arde la lengua del
olvido
y todo acaba en transparencia, en formas cuya verdad no se
concede
hasta que las espumas queman el corazón de hombres
desconocidos y los caballos hablan de aquella sangre, de aquel aire extinguido
en los patios de España,
de aquella tierra sin descanso,
de aquel olvido lleno de sangre.
(Antonio Gamoneda, Lápidas,
1986).
miércoles, 11 de enero de 2017
Ricardo Piglia: el escritor desviado
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| Fotografía extraída de www.cronista.com |
Ha muerto Ricardo Piglia (Adrogué, Buenos Aires, 1940 - Buenos Aires,
2017), un escritor único, y esto no se puede decir de muchos autores actuales.
Piglia escribió una novela que puede considerarse una ventana nueva dentro del
panorama de la narrativa hispanoamericana de las últimas décadas: Respiracion artificial (1980), una obra que
alterna ficción, ensayo y provocación. En ella, Piglia revisa la estructura de
la novela, la manera de contar las historias y el hecho de teorizar sobre ellas
(si bien hay numerosos detalles que precisarían mayor espacio para comentar).
También conviene destacar sus relatos, lúdicos, heterogéneos, repletos
de fricciones y cuestionamientos sobre el arte de narrar, dominando lo
fragmentario. Es el caso de Prisión
perpetua: “Todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está
diciendo la verdad”.
Asimismo, sus ensayos han sido muy celebrados debido a su visión amplia,
profunda y su manera de leer tan peculiar, que revela detalles que hasta ese
momento nadie había reparado, rasgos no muy evidentes y que solo las mentes más
agudas y laterales son capaces de ver.
Es el caso de libros como El último
lector o el reciente La forma inicial, elaborando teorías sobre la nouvelle
que implican una revisión del género.
Y cómo no, también escribió un diario, como sus amados Kafka y
Gombrowicz. Tres tomos (todavía ha de publicarse el tercero) que resumen la
vida y la visión del escritor y donde, por supuesto, juega con la memoria: “La memoria sirve para olvidar, como todo el mundo
sabe, y un diario es una máquina de dejar huellas”. Los tres tomos llevan por
título Los diarios de Emilio Renzi.
Pero donde Piglia fue un revolucionario, fue en su fusión de géneros, en
la amalgama de ensayo con relato, de ensayo con entrevista, de charla con
diario, de diario con novela, de novela con aforismos. Su imaginativa y su
visión de la escritura, indisociable de su visión de la lectura, son sagaces y
profundamente originales (Piglia continúa la línea inteligente y extraña de
escritores tan dispares como Kafka, Borges o Gombrowicz). Es el caso de libros
como Formas breves y Crítica y ficción, donde se (con)funden
los géneros: “La crítica es la forma moderna de la autobiografía”. En dichos
textos, sobresale la capacidad investigadora que esboza teorías sobre el cuento
o sobre cómo la tradición de una literatura nacional puede alterase desde
lecturas (y escrituras) desviadas. De hecho, Piglia hizo del “desvío” una
poética, como buen heredero de los formalistas rusos, de críticos de corte marxista
como Lukács, Bretch, Benjamin o de Godard (al igual que el director de cine
franco-suizo, el argentino era un creador que narraba a la vez que teorizaba
sobre el acto de narrar).
Al final, parece decirnos Piglia que la literatura, como la vida, está
llena de paradojas y de enigmas. Y uno de sus objetivos ha sido desentrañarlas.
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