miércoles, 28 de noviembre de 2012

Hong Sangsoo: The Day He Arrives




Seúl, Corea del Sur. Actualidad. Sungjoon, un joven director de cine, llega a la ciudad donde vivió anteriormente, y llama por teléfono a un amigo para verlo.

Elipsis.

La realidad es compleja.  La narración también.

Al personaje principal la realidad se le escapa, se le diluye entre los dedos como cuando se queda mirando nevar.

¿Y si la película está narrada desde la cabeza de uno de los personajes (o desde la de varios)?

Las cosas no tienen una sola lectura, tampoco una sola manera de ser contada.

La narración se convierte en protagonista y el protagonista deambula por sus propias dudas y miedos.

El presente y el futuro pueden ser una ampliación distorsionada del pasado. O no.

Metadiscurso, reconstrucción narrativa, repeticiones, coincidencia, azar, confusión.

Reconstrucción. Reflexión.

Sugerir mediante imágenes y escenas.

Blanco y negro.

Crear una lógica propia.

Tal vez, The Day He Arrives, sea la historia de una obsesión.

Cine en estado puro.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Roberto Bolaño: desde el planeta de los monstruos

Esta es mi última transmisión desde el planeta de los monstruos. No me sumergiré nunca más en el mar de mierda de la literatura. En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré para no morirme de hambre y no intentaré publicar.

(Roberto Bolaño, Estrella distante, Anagrama, 1996).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Matar a Borges o seguir bajo la sombra



Hoy mismo ha salido un artículo publicado en El País (ver aquí) sobre si tiene sentido matar el Boom latinoamericano (Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, etc). Me llama la atención las palabras vertidas de los distintos escritores que opinan que no tiene sentido matar al padre, que el legado del Boom es grandioso. Pero, o el artículo no está del todo bien orientado (ni mucho menos pretendo criticar a ese gran periodista que es Juan Cruz) o me pregunto si los escritores citados entendieron el sarcasmo así como la profundidad de la famosa frase de Witold Gombrowicz gritando: “Maten a Borges” desde el transatlántico que lo devolvía a su Europa natal, casi 25 años después de llegar a Buenos Aires. El alcance de esta frase se podrá entender si uno conoce un poco no solo la obra del genial autor polaco, sino también algo de su carácter provocador e irreverente. Bien es sabido, como algunos escritores han demostrado (Ricardo Piglia, Juan José Saer, Enrique Vila-Matas) y no pocos estudiosos de la literatura, que a Borges no le gustó la traducción española de Ferdydurke (ejercida por el propio Gombrowicz y ayudado por, entre otros, los cubanos Virgilio Piñera y Humberto Rodríguez Tomeu) y que rehusó publicar un fragmento de la novela en la influyente revista Sur arguyendo que estaba mal traducida. Más tarde, el tiempo quitó la razón a Borges, cuando muchos escritores e intelectuales mostraron (y siguen mostrando) su fascinación por dicha traducción y los efectos que esta tiene para el lector en español. Incluso algunas traducciones se han basado en esta versión más que en la original en polaco, como la francesa. Además, y esto Gombrowicz lo sabía, Borges (aquí nadie discute ni pone en duda su importancia como escritor) era también un escritor muy orgulloso y su poder literario era enorme, hasta tal punto, que lo que no se publicaba en Sur, sufría la soledad de la marginación, pues la revista dirigida por las hermanas Ocampo era la crème de la crème… Por otro lado, Gombrowicz fue un autor marginal, vanguardista, poco conocido y reconocido, que, al final de su vida comenzó a recobrar mayor importancia, sobre todo en Francia, y posteriormente en el resto de Occidente. Los padres también se equivocan.

Pero esto no es lo más importante. En las palabras de Gombrowicz también hay un ápice de anarquismo, de actitud dadaísta más que saludable. Si la sombra de un escritor abarca un ámbito tan vasto, los escritores que se cobijen bajo sus dominios nunca tendrán su propia voz ni su propia personalidad. Esto es de cajón. No se trata tanto de matar a Borges o el Boom, como de jugar a aniquilarlos, aun sabiendo que nunca te podrás desprender de ellos. No es tanto matar, en un sentido literal, sino emanciparse. Decirles que después de ellos sigue habiendo vida.  Y ya de paso, gamberrear un poco, reclamar atención en otras literaturas, pues ante tanta elite y tanta endogamia institucional, los artistas periféricos que aportan otras voces, suelen quedar soslayados. Cuando uno está en el poder, la visión desde arriba suele olvidarse de los de abajo. Pero hay excepciones notables: ¿No son raros Ricardo Piglia, Javier Marías o Enrique Vila-Matas? Ellos se han ganado a pulso su prestigio, pero además de reconocer a los padres literarios, también han sabido buscar los tíos y hasta primos lejanos.

Recuerdo una vez, en un taller de escritura con Roberto Bolaño, cuando le pregunté por qué había en su actitud cierta hostilidad o rechazo hacia Octavio Paz o Pablo Neruda. Y él me respondió que no les odiaba, que eran grandísimos escritores, pero no los únicos, y que a veces su poder y su influencia eran tan grandes, que no permitía que las generaciones posteriores evolucionaran, y que era muy sano “matarlos”. Yo, me quedo con la frase de Gombrowicz glosada por Bolaño. Y añado: resuciten a Gombrowicz.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mogwai: el rock venido de otro planeta


El grupo escocés Mogwai (1995-Actualidad) es una de esas raras bandas que logran ampliar sus horizontes musicales hasta convertirse en artistas de culto. La crítica siempre les ha celebrado como uno de los grupos más experimentales y necesarios para que el lenguaje del rock busque caminos intransitados. Destacan sus desarrollos instrumentales, sus descargas de guitarras y baterías, canciones envueltas en atmósferas y pa(i)sajes intensos, llenos de matices y de fuerza, aunque a veces esa fuerza pueda ser casi silenciosa y otras arrebatadora, o, incluso contenida en medios tiempos, como en la pieza que se puede escuchar en este vídeo: ‘Travel is Dangerous’ (Mr. Beast, 2006).