viernes, 9 de febrero de 2018

La vegetariana, de Han Kang



La vegetariana, de Han Kang (Editorial Rata, 2017). 

¿Qué ocurriría si una mujer casada, ama de casa, decide un día dejar de comer carne? Podría no pasar nada. O sí. Podría pasar mucho. Porque depende de qué rol tenga esa mujer en la sociedad. Depende de lo que se espera de ella. 

En esta novela podríamos entenderlo como: ¿qué ocurriría si en una sociedad violenta (sea Corea del Sur o sea cualquier país occidental) una mujer decide súbitamente hacer frente a esa hostilidad por la vía pasiva, es decir, pacífica?  

La vegetariana trata sobre una mujer casada que complace a su marido, le prepara la cena todos los días y abre las piernas cuando él quiere entrar en ella. Es una mujer sumisa; sin embargo, un día decide dejar de comer carne y esto acarrea una serie de situaciones que cambian radicalmente el modo de vida de ella y de su marido y familiares. Porque su marido no entiende por qué su mujer modifica un hábito, un rol, tan repentinamente. Le genera dudas. Le entra miedo. Desconfianza. Y el problema es que nadie, ni siquiera los familiares de Yeonghye, la comprenden ni hacen esfuerzos por comprenderla. De hecho, se sienten ofendidos. Nadie le pregunta por qué ha tomado esa decisión. Es más, se sienten amenazados, tal vez porque esta decisión es un cambio que modifica un rol y cuestiona un código social que hasta ese momento, todos aceptaban. Pero, ¿cuál es el código?  

Gran parte del interés del libro radica en su estructura: hay tres puntos de vista, tres narradores. Una protagonista. Sin embargo, y a pesar de las narraciones de los tres personajes (marido, cuñado y hermana), es el lector quien tiene que sacar conclusiones de lo que se narra. No hay muchas novelas que permitan este tipo de lectura. 

La vegetariana es una novela sugerente, poética, política. En su interpretación está el mayor atractivo, si bien la lectura es por sí misma jugosa. Como en la narrativa de Kakfa, la sociedad que representa es violenta y acoge cómodamente comportamientos absurdos que perpetúan jerarquías donde los más débiles no tienen ningún atisbo de prosperar, de acercarse a una situación de cierta libertad. Por ello, Yeonghye, la protagonista, parece una zombie que pulula por entre sus familiares sin explicar lo que le ocurre, comportándose de una manera poco habitual, y por ello, provoca (especialmente en los hombres, especialmente en su marido y su padre) auténticas zozobras que les lleva a la desesperación, e incluso, a diferentes formas de violencia. 

Para sus familiares, para la sociedad, Yeonghye está desequilibrada. Pero habría que cuestionarse cuánto tiene la sociedad de responsable para que esa persona sea considerada loca. Porque lo diferente puede ser rechazado hasta el punto de ser considerado como desequilibrado; depende de las relaciones de poder, de quién decide quién está loco, como ilustró hace décadas Foucault. 

Como toda novela sugerente, puede leerse desde diferentes ángulos y por tanto, el lector podrá interpretar matices distintos, en función de sus percepciones; así, caben lecturas políticas o incluso psicoanalíticas. En todo caso, La vegetariana es una novela que no deja indiferente y que plantea cosas de difícil resolución. Es una novela kafkiana, y como tal, disimula la trama para sugerir otros calados: la indefensión de la mujer en la sociedad coreana, el asombroso machismo que lleva a los hombres a tratar a sus mujeres como objetos, la escasa capacidad de las mujeres para sentirse independientes y expresar sus emociones. Mujeres violadas dentro de sus matrimonios. Sumisas. Anuladas.  

Libro valiente, necesario, bien traducido, raro, perturbador y por momentos, poético, publicado por una editorial valiente y necesaria.  

lunes, 5 de febrero de 2018

Adrián Pérez Avendaño: "Locura"




Cuando le pusieron la camisa de fuerza sintió que alguien le abrazaba por primera vez.



(Adrián Pérez Avendaño, extraído del blog Un mal día para el pez plátano. Ver aquí).

miércoles, 24 de enero de 2018

Nicanor Parra (1914-2018)


Hace apenas un día moría a la edad de 103 años el poeta chileno Nicanor Parra, autor conocido sobre todo por sus “antipoemas”. Poco se puede añadir a lo que ya ha dicho la crítica sobre él, pero creo que el mayor interés de su obra poética radica es la desacralización del lenguaje, la ironía y la mirada punzante de la realidad. Parra logra dibujar una sonrisa en el lector a la vez que lo provoca para que observe directamente la realidad que habita y lo enfrenta a la incomodidad de tener que reconocer lo que muchas veces no quiere: un mundo donde el caos y la injusticia predominan sobre todas las cosas.

Dejo aquí un par de antipoemas:

Hay dos panes.
Usted se come dos.
Yo ninguno.
Consumo promedio:
un pan por persona

*

Advertencias al lector

El autor no responde de las molestias que puedan
    ocasionar sus escritos :
Aunque le pese
El lector tendrá que darse siempre por satisfecho
Sabelius, que además de Teólogo fue un humanista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de
              la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso por su herejía?
Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En que forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!
Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco-iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra tormento.
Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.
Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:
Pero el Círculo de Viena se disolvió hace tres años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huellas
Y yo he decidido declarar la guerra a las Cavalieri della luna.
Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
"Las risas de este libro son falsas", argumentarán mis detractores
"Sus lágrimas, ¡artificiales!"
"En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza"
"Se patalea como un niño de pecho"
"El autor se da a entender con estornudos"
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
como los fenicios pretendo fabricarme mi propio alfabeto
"¿A qué molestar al público entonces?", se preguntarán los amigos lectores:
"Si el propio autor empieza a desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!".
Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,
Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.
Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.
(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de
                               los señores lectores!