domingo, 22 de enero de 2017

Antonio Gamoneda: "Delación del verano"



Delación del verano

Dios y su máscara. Oyes a los insectos que se alimentan en tu
 alma

y, de pronto, un árbol dice su clamor y arde la lengua del
olvido

y todo acaba en transparencia, en formas cuya verdad no se
concede

hasta que las espumas queman el corazón de hombres desconocidos y los caballos hablan de aquella sangre, de aquel aire extinguido en los patios de España,

de aquella tierra sin descanso,

de aquel olvido lleno de sangre.


(Antonio Gamoneda, Lápidas, 1986).

miércoles, 11 de enero de 2017

Ricardo Piglia: el escritor desviado


Fotografía extraída de www.cronista.com

Ha muerto Ricardo Piglia (Adrogué, Buenos Aires, 1940 - Buenos Aires, 2017), un escritor único, y esto no se puede decir de muchos autores actuales. Piglia escribió una novela que puede considerarse una ventana nueva dentro del panorama de la narrativa hispanoamericana de las últimas décadas: Respiracion artificial (1980), una obra que alterna ficción, ensayo y provocación. En ella, Piglia revisa la estructura de la novela, la manera de contar las historias y el hecho de teorizar sobre ellas (si bien hay numerosos detalles que precisarían mayor espacio para comentar).

También conviene destacar sus relatos, lúdicos, heterogéneos, repletos de fricciones y cuestionamientos sobre el arte de narrar, dominando lo fragmentario. Es el caso de Prisión perpetua: “Todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad”.

Asimismo, sus ensayos han sido muy celebrados debido a su visión amplia, profunda y su manera de leer tan peculiar, que revela detalles que hasta ese momento nadie había reparado, rasgos no muy evidentes y que solo las mentes más agudas y laterales son capaces de ver. Es el caso de libros como El último lector o el reciente La forma inicial, elaborando teorías sobre la nouvelle que implican una revisión del género.

Y cómo no, también escribió un diario, como sus amados Kafka y Gombrowicz. Tres tomos (todavía ha de publicarse el tercero) que resumen la vida y la visión del escritor y donde, por supuesto, juega con la memoria: “La memoria sirve para olvidar, como todo el mundo sabe, y un diario es una máquina de dejar huellas”. Los tres tomos llevan por título Los diarios de Emilio Renzi.

Pero donde Piglia fue un revolucionario, fue en su fusión de géneros, en la amalgama de ensayo con relato, de ensayo con entrevista, de charla con diario, de diario con novela, de novela con aforismos. Su imaginativa y su visión de la escritura, indisociable de su visión de la lectura, son sagaces y profundamente originales (Piglia continúa la línea inteligente y extraña de escritores tan dispares como Kafka, Borges o Gombrowicz). Es el caso de libros como Formas breves y Crítica y ficción, donde se (con)funden los géneros: “La crítica es la forma moderna de la autobiografía”. En dichos textos, sobresale la capacidad investigadora que esboza teorías sobre el cuento o sobre cómo la tradición de una literatura nacional puede alterase desde lecturas (y escrituras) desviadas. De hecho, Piglia hizo del “desvío” una poética, como buen heredero de los formalistas rusos, de críticos de corte marxista como Lukács, Bretch, Benjamin o de Godard (al igual que el director de cine franco-suizo, el argentino era un creador que narraba a la vez que teorizaba sobre el acto de narrar).

Al final, parece decirnos Piglia que la literatura, como la vida, está llena de paradojas y de enigmas. Y uno de sus objetivos ha sido desentrañarlas. 

jueves, 29 de diciembre de 2016

Alain Robbe-Grillet: narrar





Desde Flaubert, todo comienza a vacilar. Basta con leer las grandes novelas del comienzo de nuestro siglo para constatar que, si la disgregación de la intriga no ha hecho otra cosa que definirse en el curso de los últimos años, ya había dejado de constituir la estructura del relato desde hacía tiempo. Las exigencias de la anécdota son sin ninguna duda menos limitadoras para Proust que para Flaubert; para Faulkner que para Proust; para Beckett que para Faulkner… De quí en adelante, se trata de otra cosa. Narrar se ha convertido en algo propiamente imposible.

(Alain Robbe-Grillet, Pour un nouveau roman, París, Les Éditions de Minuit, 1963. Traducción de C. H).

lunes, 19 de diciembre de 2016

Álvaro García: Ícaro


Foto: Juan Yanes sobre escultura de Julio Nieto



Ícaro

La meta es como un túnel, se nutre de tiniebla.

Lo propio de las alas es quemarse
cinco minutos antes de llegar hasta el sol.

Toda meta es un túnel que te absorbe,
es una oscuridad que se alimenta
de tu propia sustancia y de tu olvido
y ese modo de muerte que es el conseguir.

Cuando uno logra un fin se queda triste.
La meta se lo traga.

Mejor ser el mejor sin beso de champán, sin aureola.
Y el sueño se ha quemado en su inminencia,
como sabiendo que vencer es chusco.

Tus sueños se han quemado de pura lucidez.

(Álvaro García, Para lo que no existe, Valencia, Pre-Textos, 1999).

miércoles, 23 de noviembre de 2016



Sentenza, de David Cruz Barrio (Ediciones Amargord, 2016). 

David Cruz, quien ya publicó hace años dos libros de ensayo sobre Dostoievski, se estrena con su primera novela, un texto crudo e irónico que se adentra en la Cosa Nostra, la sociedad criminal de la mafia siciliana. 

La novela está narrada en primera persona por Michele Partino, un miembro de la Cosa Nostra que se encuentra encarcelado y le relata al juez Falcone (un personaje real, conocido por su persecución a la mafia durante años) sus peripecias vividas desde sus comienzos en dicha sociedad. Lo primero que llama la atención es la profunda documentación que hay en el texto, ya que abundan multitud de datos históricos así como explicativos sobre la Cosa Nostra y sobresalen ciertas expresiones sicilianas que ilustran -a veces con sarcasmo- cómo funciona esta sociedad cerrada y singular. Sin embargo, la lectura no resulta pesada, sino todo lo contrario, pues esa información se funde dentro de la narración gracias a la fluidez con que está escrita, que avanza hacia un final sorprendente. 

Lo segundo que llama la atención es que Michele Partino, alias Sentenza, narra desde la necesidad de confesar, de contar, aunque eso no quiera decir nada más que ordenar unos hechos y narrarlos de manera subjetiva, con un peculiar humor que ayuda a distanciarse de la brutalidad de esas mismas experiencias. El personaje siente la necesidad de confesar sus crímenes, sus hazañas y las justifica como un Raskólnikov de la mafia. ¿No es esto la conciencia, buscar una justificación ante las acciones que le podrían hacer a uno sentirse culpable?  

Decía Piglia que lo que define la relación con la escritura es el "tono" y no el lenguaje, y en este sentido podríamos decir que Sentenza está construida a partir de un tono que se va imponiendo a lo largo de la novela, construyendo un vocabulario entre culto y vulgar, un ritmo marcado a la vez que fluido, que tiende a la oralidad, y un peculiar humor negro, no exento de ironía. De manera que la novela se compone de una historia con una voz fuerte que enganchará al lector y hará que empatice con ese personaje, a pesar de ser un mafioso.  

Si hablamos de referentes culturales sobre la mafia italiana, es inevitable no pensar en El padrino y Los Soprano, obras mayúsculas de la cultura popular reciente que han ayudado a configurar un imaginario colectivo sobre esta sociedad criminal. Cuando pensamos en estas obras –y en la mafia-, seguramente nos referimos a códigos de honor, adaptación al medio, entresijos, corrupción, relaciones de poder. Sin embargo, hay una idea que define y a la vez sintetiza Sentenza: la necesidad de sobrevivir. Al igual que en la película francesa Un profeta, dirigida por Jaques Audiard, los vericuetos de la intriga, las idas y venidas del protagonista, sus dudas, sus aciertos y errores, son un ejemplo diáfano de su necesidad de sobrevivir en un mundo violento donde el que quiera abrirse hueco, acabará siendo igualmente violento para no ser devorado por los demás. En este submundo, no hay otra alternativa. Esto es algo que comparte Sentenza con Un profeta, pues el protagonista es arrojado al mundo y al principio es más o menos "puro"; sin embargo, la violencia de esa sociedad le acaba sirviendo de alimento y acaba creciendo, en el caso de Sentenza, hasta una posición verdaderamente relevante, como él mismo reconoce: "Los corleoneses en lo más alto: Bernardo y Totò capos de todos los capos, y Sentenza, el más importante de sus hombres. Dos balas del 30 en la pierna era un precio muy pequeño por convertirme en el Caballero Blanco, el hombre que se sentaba a horcajadas sobre el mundo, con un pie en Oriente y otro en Occidente". La endogamia y el carácter mercantil determinan la sociedad capitalista, si bien la mafia, muchas veces tildada de "submundo", no es otra cosa que un reflejo más ampliado del mundo normalizado donde encontramos corrupción, extorsión, jerarquías, sometimiento, violencia.  

El tratamiento irónico que hay en la novela, así como algunos de los testimonios que en ella se narran, confieren un carácter desmitificador sobre la Cosa Nostra que se mantiene a lo largo de sus páginas. No se trata tanto de analizar un entramado político o establecer una crítica a un país afectado de manera notable por la corrupción, sino más bien de exponerlo desde dentro y jugar con la manera de cómo la lectura puede cuestionar los hechos narrados. Por ello, Sentenza conlleva la intimidad del protagonista y su necesidad de contar sus experiencias como otra manera de sobrevivir en una realidad que tiene múltiples lecturas.

Casualmente, hace tan solo unos meses, fallecía a la edad de 82 años Bernardo Provenzano, capo dei capi de la Cosa Nostra, personaje destacado en la novela, que como ya hemos dicho, gira en torno a hechos históricos y a personajes reales, como son también el juez Falcone y Totò Riina entre otros, lo que corrobora que la temática es de rabiosa actualidad. Seguramente, el fin de Provenzano no sea más que un punto y aparte de la Cosa Nostra. Sentenza es un jugoso paréntesis que merece la pena.


(Reseña publicada originariamente el 23/10/2016 en www.elimparcial.es).