martes, 13 de octubre de 2020

Franz Kafka: el forastero




 “Usted no es del castillo, usted no es del pueblo, usted no es nada. Por desgracia usted sí es algo, un forastero, alguien que está de más aquí, que estorba allá donde va”.

(Franz Kafka, El castillo. Cátedra, 1998. Traducción de Luis Acosta).

(Dibujo de Australia Lattke Valencia).


miércoles, 7 de octubre de 2020

Burroughs



GINSBERG: ¿Y qué hay de Bill Burroughs? Yo creo que quedaría genial en la película.

DYLAN: Pero ¿qué sabe hacer?

GINSBERG: Ser él mismo, simplemente.

(Sam Shepard, Rolling Thunder. Con Bob Dylan en la carretera. Anagrama, 2006. Traducción de Fernando González Corugedo).

jueves, 17 de septiembre de 2020

La Mano de la Buena Fortuna, de Goran Petrović


La Mano de la Buena Fortuna, de Goran Petrović (Traducción de Dubravka Sužnjević, Sexto Piso, 2020).


Feliz noticia esta reedición de La mano de la buena fortuna (esta reseña corresponde a la primera edición publicada en 2006). 


Si ya antes Sexto Piso publicó en España a otro escritor serbio, el gran Milorad Pavić, ahora le toca el turno a este alumno aventajado del autor de Diccionario jázaro. Siempre se agradece la difusión de este tipo de autores, ante la escasa atención de literaturas provenientes de Europa del Este. Pero algo debe de tener el país serbio cuando leemos a autores de la talla de Milorad Pavić, Goran Petrović o Vladimir Velikić –y sin nombrar al gran Danilo Kiš, autor reconocido internacionalmente-.


Vayamos ahora a esta La Mano de la Buena Fortuna. El libro Mi legado de Anastas S. Branica es el punto de partida que une todas las historias de esta novela de novelas. Adam Lozanić es un joven filólogo belgradense que tiene por encargo la misión de corregir la novela de un tal Anastas S. Branica, un autor desaparecido cuya obra apenas es conocida, debido a su alto grado de experimentación, pues se trata de una obra descriptiva y sin personajes. El joven Lozanić no tarda en verse inmerso en la propia novela, en la que sin embargo, aparecen varios personajes como el propio Lozanić, Anastas Branica, su amada Natalia Dimitrijević, la joven Jelena, Madame Didier, Sreten, lectores de esa misma novela, protagonizando un conglomerado de historias cruzadas –algunas hermosísimas- que son un trozo de la historia del siglo XX.


Se trata de muchas novelas dentro de una misma novela, porque incluso hay cabida a elementos políticos e históricos –como esa dificilísima historia que ha marcado y sigue marcando el destino de los Balcanes y de Europa-. Pero no olvidemos que la realidad histórica, que importante, no es más que el contexto donde se mueven el curioso Adan Lozanic y el aburrido y sensible Anastas Branica. Es tal vez por ello que, ante la fría e insípida realidad cotidiana, Anastas Branica escribe su codiciado libro.


Escrita con un lenguaje fluido y vivaz, si la traductora Dubravka Sužnjević hace justicia al original, podríamos decir que se trata de una joya lingüística, pues el propio Petrović ha reconocido su pasión por el léxico y las palabras en desuso en contra del actual empobrecimiento (¿globalización?) del lenguaje. Tal vez por ello la traductora ha advertido de la dificultad de traducir una obra de este calibre.


Encontraremos algunos pasajes brillantes, que son un verdadero canto a la poesía, como los inolvidables 23 y 25, donde Anastas Branica entra en contacto por primera vez con la literatura y realiza su primer viaje al mar, así como el divertido pasaje en que su protectora madre, que rehúsa tener relaciones sexuales con su marido, prefiere soltarse el pelo con la lectura de un libro. Momentos en que la literatura puede suplir la vida, porque de eso trata La Mano de la Buena Fortuna; de la frontera entre la literatura y la vida cotidiana, de la fuerza de la literatura y de los libros, de la realidad, del pasado, futuro y presente. De todo a la vez.


Petrović tiene la destreza de saber contar además de saber jugar con el lector, dejando vías abiertas. Anastas Branica es una especie de Don Quijote, un ser complejo, medio loco y muy sensible, para quien la realidad literaria supera la pura realidad cotidiana y por medio de esas lecturas simultáneas conoce a Natalia, la mujer de quien se enamora y por quien escribirá Mi legado, una novela de amor en la que no hay personajes, si bien ellos dos podrán encontrarse en ella, huyendo de la realidad, superándola. La realidad se multiplica, siempre urdida por la lectura del personaje Adam Lozanić, pero también por la de los propios personajes que entran y salen a su antojo, sin olvidar a los propios lectores, o sea, nosotros.


Petrović demuestra ser un claro heredero de esa línea que va desde Cervantes a Perec, pasando por Borges o Calvino. ¿Qué ocurriría si este libro lo hubiese escrito un argentino o un italiano? No sé qué calado tendrá en la crítica española, pero de momento no parece que se le preste mucha atención. ¿Prejuicios?, ¿falta de curiosidad? Al menos en México, donde se han editado varias de sus codiciadas obras, parece que Petrović tiene una importante serie de lectores y admiradores. Sigamos su ejemplo.


(Reseña publicada originariamente en 2006 en www.deriva.org y retocada ligeramente). 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

LiteraturaLab: talleres de escritura creativa



Nace un nuevo proyecto en el que estoy involucrado: LiteraturaLab, una escuela de escritura creativa on line centrada en la experiencia personalizada del alumno/a, con profesores de más de diez años de experiencia. De momento cuenta con tres talleres que comienzan próximamente:

  • Taller de Poesía contemporánea
  • Taller de Cuento contemporáneo
  • Curso de escritura creativa (anual)

Quien quiera mejorar o iniciarse en la escritura literaria, esta es una buena oportunidad para aprender desde casa. Para más información: aquí.



domingo, 6 de septiembre de 2020

Esther Ramón: Reses

 


En la cantera cedió una de las cuerdas. Buscan el cuerpo. Los animales descargados buscan sus marcas.

 

Amordazan a las mulas para que sostengan más peso.

 

Un complicado sistema de cuerdas divide el paisaje.

Un puñado de hombres guía al entramado de bestias.

 

Trabajan con herramientas nuevas. Aparecieron el primer día, en grandes cestas, se acostumbraron a manejarlas. La montaña se deshace en bloques mas uniformados hasta que ocupan su forma.

 

Mulas que van y vienen por los carriles: cargadas, vacías, cargadas. Lentitud de intoxicados.

 

Si caen, inyectan voces en los muslos. O uno de los hombres retrocede.

 

El polvo se impregna de sudor. Humedad de las piedras.

 

La base es ovalada. Las apilan encima: viejas tomadas de los hombros que sonríen a la vez y quedan rígidas.

 

Tienden el cuerpo sobre la sábana. Muros de frío para el frío.

 

Desde abajo, desde uno de los flancos. Crece, se divisa desde el promontorio, desde la tierra removida, desde los ojos de los pájaros.

 

Si se tocara los dedos los hallaría cubiertos de anillos.

La sombra invita al sueño. A su alrededor el lecho se agranda y endurece.

 

Un animal despeñado. Otros dos se reparten el peso.

 

El túmulo ya corta el viento. Acarrean las últimas piedras, les quitan a las mulas sus mordazas. Acarician lomos temblorosos. Las conducen adentro, y cierran.

 

Anochece en la casa abandonada. Faros de paso. Cortinas de encaje proyectan sombras de animales.

 

 

 

 

En la maceta

pinto

un enrejado

de ramas negras

y un cuervo

Hundo semillas

con los mismos

dedos

 

(Esther Ramón, Reses. Ediciones Trea, 2008).