viernes, 6 de mayo de 2011
Un hombre en el umbral según Rafael-José Díaz
miércoles, 4 de mayo de 2011
Recital en La Casa del Libro

viernes, 29 de abril de 2011
Poemas en Literaria
lunes, 18 de abril de 2011
Poemas en Ophelia y El coloquio de los perros
Recientemente han aparecido poemas míos en las revistas Ophelia y El coloquio de los perros. La primera, Ophelia, revista de teatro y otras artes, ha publicado dos poemas de mi libro Un hombre en el umbral dentro de su nº 10, dedicado a la poesía. La segunda, El coloquio de los perros, ha publicado en su nº 28 un poema inédito, perteneciente a mi próximo libro.
Agradezco a José Luis Gómez Toré y a los redactores de El coloquio de los perros la oportunidad de publicar poemas en ambas revistas. Dejo aquí los enlaces para quien quiera leer los poemas:
miércoles, 16 de marzo de 2011
Un hombre en el umbral obtiene una Mención del Premio Ausiás March
Un hombre en el umbral ha obtenido una Mención del Premio Ausiás March a los mejores poemarios de 2010 por el Colectivo de Crítica de poesía Addison de Witt.
Los miembros del jurado han votado sobre un total de 328 libros. He aquí los ganadores:
Accésit al Premio Ausiás March al mejor libro publicado en España en 2010
José María Castrillón. “gramos”. Trea
Yaiza Martínez. “Siete – Los perros del cielo”. Club Cultural Leteo
Julieta Valero. “Autoría”. DVD
Finalista al Premio Ausiás March al mejor libro publicado en España en 2010
Marta López Luaces. “Los arquitectos de lo imaginario”. Pre-Textos
Mención especial al Premio Ausiás March al mejor libro publicado en España en 2010
Mar Benegas. “Niña pluma, niña nadie”. Amargord
Tobías Campos. “Llaves extremas”. Vitruvio
Carlos Huerga. “Un hombre en el umbral”. Amargord.
Abelardo Linares. “Y ningún otro cielo”. Tusquets
Clara Janés. “Río hacia la nada”. Plaza & Janés.
Mariano Peyrou. “Temperatura voz”. Pre-Textos Poesía.
Andrés Sánchez Robayna. “La sombra y la apariencia”. Tusquets.
Muchas gracias a los que han votado Un hombre en el umbral.
Enlace del blog Addison de Witt: aquí.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Poemas de mi libro Un hombre en el umbral (Amargord, octubre de 2010)
Cuervos
Todo podría ser como estos cuervos que se ciñen en su vuelo para no caer en este río seco que arrampla la tierra, donde los escombros y la suciedad alientan en sus márgenes la constancia de la muerte.
El transeúnte que mira el río zigzaguear, confunde el brillo del asfalto con la plata del agua. Los peces son ratas doradas por el sol. El salitre y el limo parecen esculturas talladas por el tiempo, vestigios de una incertidumbre que no existe. La destrucción espera paciente mientras los perros ladran a los cuervos.
Alguien dice que el graznido de los cuervos es hostil a la esperanza. Mas la esperanza es amarga en su dulzura y en el relente solo quedan cenizas con sabor a mostaza.
Una música de culebras resuena dentro de tu cabeza. Sientes la deserción en la mirada, la disidencia en la piel de los sarmientos. Casi tocas con tus dedos el sabor de la muerte en la pulsión de la distancia.
Mirada en una botella
Sueñas que Pedro Garfias lucha contra su sombra en un bar de Inglaterra. La sombra le habla en inglés: What are you doing here, my friend? Pedro Garfias se acurruca aún más en la silla de madera y paja y mira más allá del humo que brota del cigarrillo de su sombra. El camarero pasa un trapo por la barra y Pedro Garfias cree ver sus ojos reflejados en una botella de whisky escocés, una botella de vidrio verdoso donde se pueden ver unos ojos pequeñísimos, perdidos entre una maraña de humo y fonemas incomprensibles.
La sombra parece esbozar una ligera sonrisa de payaso, una bocaza roja que intenta disfrazar la muerte tras las montañas. Pedro Garfias mira de nuevo la botella y lo que ve se parece al paisaje verde de un valle, pero lo que no ve, es que detrás de las montañas se esconde un lago de hielo. Por la radio se oye una canción: Emptiness is loneliness, and loneliness is cleanliness, And cleanliness is godliness, and god is empty just like me.
Pedro Garfias deja caer la mano derecha y con la izquierda hace un gesto pidiendo un cigarrillo a su sombra, que ahora le mira con miedo. Alguien observa la escena desde el exterior, a través de la ventana llena de vaho. Pedro Garfias se contempla en la botella verdosa y ve un rostro envejecido por los años y el olvido. Las arrugas son surcos que se salen de la piel y el mentón parece un tronco ardiendo en una hoguera. Lejos, tras las ventanas llenas de frío y lluvia, una sombra corre hacia las montañas.
Poema de piedras
Miras dentro del pozo y lo que ves es un lenguaje de piedras, un esbozo de tiestos vacíos dibujados al final de la tarde. La mirada moldea el vacío para no perderse en su blancura ciega, con palabras de acero pulido en el aire.
Fuera, bajo el sol de agosto, la presencia de los lagartos y el musgo, la virtud de la muerte en sus rostros diurnos. Sientes cómo las palabras se apagan, se convierten en cenizas cuando el fulgor desaparece entre las carreteras perdidas y los rumores de las desembocaduras.
Una voz te dice que yacerás en los pliegues de la luz amoratada y bailarás en el umbral del desierto como una mosca sin alas y volverás a tu isla de tu largo exilio, como un lobo viejo que se pierde entre las garras de la manada.
Un hombre se detiene en el relente y escucha un canto esbozado, un rumor de insectos que rasgan la madera vieja. Al fondo, una ventana abierta, un lienzo dentro de otro lienzo. El hombre recita el comienzo del crepúsculo, escupe unas palabras que se deshacen en el aire como copos de nieve.
*Poemas pertenecientes a Un hombre en el umbral, Amargord, 2010.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Dos poemas que aparecerán en mi libro Un hombre en el umbral (Ed. Amargord) en la primavera de 2010.
Fotografías de la ciudad
Miras la tierra baldía incrustada a las paredes de las casas, el vuelo desmontado de los pájaros sucios del atardecer, los charcos pintados en mitad del asfalto, los coches de plomo que surgen de la nada y terminan en el vacío cotidiano.
Te diriges a casa para comprobar lo inevitable, las fotografías muestran el aire y los objetos que brotan hacia el vacío que nunca sabes dónde empieza ni dónde acaba. El musgo se cuela por tus ventanas con la velocidad de una bala y se refleja en el azogue de tus manos abiertas. El olvido que musguea en las paredes y polvorea en las ventanas. Sales de la habitación pero la habitación te persigue por la ciudad. Escarbas la tierra sin saber qué buscar y la tierra se traga tus manos. Miras el agujero y solo ves tierra húmeda. Sientes la tierra dislocada y áspera que agarra tus manos exhaustas.
Buscas un charco en el asfalto y te miras en él. El miedo te impide ver la verdad. Intentas reconocerte en tus manos que ahora son jirones de ceniza, brotes de tierra que de dirigen hacia la luz.