lunes, 28 de febrero de 2011

Enrique Morente & Sonic Youth


Visitanto la web de Sonic Youth me he encontrado con esta maravilla, un homenaje explítico de la banda neoyorkina al cantaor granadino. Yo ya había colgado en este blog la improvisación que perpetraron Lee Ranaldo y Steve Shelley junto a Morente cuando los neoyorkinos asistieron a la presentación de la exposición "Sonic Youth etc.: Sensational Fix" en el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles. Pero en esta ocasión, se trata de la formación al completo (Thurston Moore, Kim Gordon y los citados Ranaldo y Shelley) junto a Enrique Morente sobre el escenario del Festival Greenspace de Valencia en 2005. Un magma de quejíos, ritmos flamencos, descargas de guitarras eléctricas, palmas y percusiones. Los caminos del rock y del flamenco enfrentados y fusionados por dos de los exponentes que más han investigado en sus formas. Diez minutos de música intensa, un choque de trenes.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Un poema de Yves Bonnefoy

Una piedra


Hace dos o tres años,

Yo me sentía plena. No me igualaban

Ni los astros, ni los ríos ni los bosques.

La luna se desconchaba sobre mis ropas grises.

Mis ojeras

Iluminaban los mares bajo sus bóvedas de sombra,

Y mis cabellos eran más amplios que este mundo

De ojos vencidos, de gritos que no me alcanzaban.



Gritan las bestias nocturnas: ese es mi camino,

Puertas negras que se cierran.


*


Une pierre


Deux ans, ou trois,

Je me sentis suffisante. Les astres,

Les fleuves, les forêts ne m’égalaient pas.

La lune s’écaillait sur mes robes grises.

Mes yeux cernés

Illuminaient les mers sous leurs voûtes d’ombre,

Et mes cheveux étaient plus amples que ce monde

Aux yeux vaincus, aux cris qui ne m’atteignaient pas.



Des bêtes de nuit hurlent, c’est mon chemain,

Des portes noires se ferment.


(Yves Bonnefoy, Poèmes, Gallimard, París, 1982. Versión de C. H.).

Estupendo poema de Yves Bonnefoy. Misterioso, oscuro y bello; resuenan ecos de Baudelaire o incluso Rimbaud. He intentado adaptarlo al español, espero que el resultado no entorpezca su lectura. Me parece muy interesante el "blanco" del poema que no solo separa las dos estrofas, sino que también supone un cambio en el tiempo verbal, del imperfecto pasamos al presente. Hay una escisión. Algo ha pasado. Ese "blanco" es un enigma, ahí nace el verdadero poema.

viernes, 18 de febrero de 2011

Lost Highway: fragmentos de conciencia


Lost Highway habla de cómo los celos pueden llevar a la locura, y la película, está narrada a partir de la pesadilla, de la cabeza de un hombre que está a punto de estallar (ahí está el final, con Fred conduciendo un coche en una carretera perdida y esa cabeza baconiana llena de desesperación).

El Hombre Misterioso le dice a Fred que él mismo está en otro sitio (es omnipresente). Fred no quiere entender el porqué. Es más fácil engañarse uno mismo que asumir la verdad. La mente teje estratagemas para no enfrentarse a uno mismo, para rehuir el espejo.

Dice Javier Avilés en su blog que el narrador de esta película sería El Hombre Misterioso y me parece una posibilidad muy interesante. Toda obra ficticia, tiene un narrador, alguien que, aunque de manera desordenada, ordena el discurso. El narrador omnisciente es el ojo que todo lo ve y todo lo sabe y maneja a su antojo la información. La conciencia a veces adopta la forma de un narrador, solo que a veces uno no quiere escucharlo.


La hermosa Renee duerme junto a Fred, y como suele ocurrir con Lynch, uno no sabe diferenciar los sueños de la vida “real”. Porque, ¿qué es “lo real”? ¿Es menos real lo que uno vive en sus sueños? ¿En qué se diferencian las narraciones de los sueños y las de los hechos “reales”?

Un sueño dentro de otro sueño dentro de otro sueño. Fred no encuentra a Renee. Y cuando cree encontrarla, aparece El Hombre Misterioso. ¿Tal vez porque El Hombre Misterioso le recuerda lo que le hizo a Renee? Podemos entender que El Hombre Misterioso es la conciencia de Fred que no puede ocultar. El narrador es el lado oscuro, la "verdad" que sale a la superficie.

domingo, 13 de febrero de 2011

Haikus de Matshuo Bashó


Primavera desconocida -

flor de ciruelo

detrás del espejo.

*

Fin del viaje –

todavía vivo

este atardecer de otoño.

*

El grillo agonizante –

llena de vida

su canción.

*

Luna llena –

tronco de árbol

talado.


(Matshuo Bashó, La mirada del peregrino. Selección y versión de Rosa Burillo, Ediciones Endymion, Madrid, 2010).

martes, 8 de febrero de 2011

Salinger, ¿el impostor?


Me siguen sorprendiendo y a la vez atrapando las noticias sobre algunos famosos que se han convertido en mitos modernos. Recientemente he leído en el diario Público una pequeño artículo sobre J. D. Salinger que hablaba de la correspondencia privada que mantuvo con su amigo Donald Hertog (a la izquierda en la foto) y la publicación de esas cartas tras la muerte de ambos. Pero la noticia, era que, gracias a esas cartas, se revelaba que Salinger era un tipo “normal”.
Otra vez, la vida de un famoso acaba imponiéndose a su propia obra. Yo me pregunto, si no debería ser la obra de un artista o un escritor, su propia imagen. El caso es que ahora parece que Salinger no era tan irascible ni antipático como se decía, que incluso le gustaba el tenis y las hamburguesas del Burger King, que, no crea usted que no, también tenía gustos musicales y le apasionaba los Tres Tenores, en especial, Josep Carreras. Vaya, parece que Salinger también era humano, como todo el mundo. Pero la cosa no queda ahí. Leo en Abc, que en esas cartas se demuestra que Salinger “saludaba con amabilidad a sus vecinos”. Todos pensábamos que era un hombre de hierro, que no cruzaba la mirada con el resto de los mortales, y ahora resulta que era “amable” con sus vecinos. Habrá más de uno que pensará que entonces, la obra de un autor que parecía hacerse el misántropo, carecerá de autenticidad. Vaya. Sigo leyendo por la red, y encuentro que las hijas de su amigo Hertog, donaron estas cartas a la Universidad de East Anglia en Reino Unido. Sigo la pista y echo un vistazo a la web de esta universidad y compruebo que es cierto, Salinger era una personal “normal”. ¿Decepcionado?
En fin, lejos de esta red de prensa rosa que se sigue tejiendo en todo el mundo (¿no será esto una muesca de la incompetencia intelectual y cultural?), yo me pregunto cuánta de esta gente que habla sobre Salinger ha leído Nueve cuentos o Franny y Zooey. El autor de El guardián entre el centeno es de esos artistas que la sociedad acaba convirtiendo en personajes, y después, con el paso del tiempo, en mitos. Ahí están Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Kurt Cobain y un largo etcétera. Muchos hablan de Rimbaud, pero me gustaría saber quiénes lo han leído realmente.
Yo siempre he pensado en Salinger como en un genio huraño y misántropo, que se vio obligado, ante tanta estupidez humana, a esconderse en los bosques de New Hampshire, en un intento de ser libre. Y ahora, resulta que a lo mejor era mentira. Pero no, no es mentira. Su retiro, su “silencio”, era una manera de decirnos que lo importante es la literatura y no las habladurías y los paparazzis. Tal vez una manera de buscar la felicidad, más bien, otra manera de intentar ser feliz. Un intento de ubicarse. Sin duda, es una elección diferente, ya que la mayoría no elige más que el bote de mayonesa que más le gusta o qué canal de televisión ver después de cenar.
Yo reconozco que también me siento atrapado por el morbo. ¿A quién no le gustaría saber cómo fue su vida durante las últimas décadas? El silencio de Rimbaud. El silencio de Salinger. Tal vez, leyendo sus cartas y el libro de memorias, uno pueda desentrañar la explicación de ese silencio. ¿Será su silencio su gran obra maestra? ¿O tal vez no es otra cosa que una farsa? ¿No será toda esta parafernalia formada en torno a uno de los grandes escritores del siglo XX una gran novela? A pesar de todo, y sobre todo, a pesar de la enorme cantidad de artículos que, me temo, irán saliendo sobre la vida y las intimidades de este gran escritor, seguiré leyendo a Salinger por encima de su silencio, porque lo que no cambiará, será su literatura.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Notas de Michelangelo Antonioni I

Hacer un film no es como escribir una novela.

*

El actor de cine no ha de comprender, ha de ser.

*

La costumbre de tener un ojo abierto dentro y el otro fuera creo que es algo que todos los cineastas tienen en común. En un momento determinado, las dos visiones se acercan y, como dos imágenes al enfocarlas, se superponen. De este acuerdo entre el ojo y el cerebro, entre el ojo y el instinto, entre el ojo y la conciencia, procede el impulso para hablar, para hacer ver.

*

He aquí una ocupación de la que nunca me canso: mirar.


(Michelangelo Antonioni, edición de Domènec Font, Ediciones Cátedra, 2003).