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martes, 9 de febrero de 2016

Amal Kenawy: "Un bosque artificial púrpura"




Soñé con un bosque artificial púrpura.
Creé un teatro artificial púrpura.
Fragmentos de muebles y de cuerpos.
La cama estaba rodeada de postes eléctricos.
Yo yacía.
Partes de un cuerpo.
Una mano, piernas, un rostro.
Todo miraba al interior del espejo.
Tan solo le veo devorando mi imagen.
Fragmentos de muebles.
Una mesa de comedor.
Estaban sentados al final del túnel.
Sentados en la mesa devorándome una vez más.
Se comen unos a otros.
Mis piernas crecen.
Paro una luz y esta me devora.
Finalmente me disuelvo en un túnel interminable de oscuridad.
Fragmentos de muebles y de cuerpos.


*





I dreamed of a purple artificial forest.
I created an artificial purple theatre.
Parts of home furniture, human parts.
The bed was surrounded with electricity pylons.
I was lying.
Parts of a human body.
Hands, legs, a face.
All loking into the mirror.
The only thing I see him devouring my picture.
Parts of home furniture.
Dinner table.
They were sitting at the end of the tunnel.
They were sitting across the table eating me once more.
They eat each other.
My legs grow.
I give birth to light, and the light eats me.
And I melt into a tunnel of endless darkness.
Parts of home furniture, human parts.


(Amal Kenawy (Egipto, 1974 - Egipto, 2012) fue una artista visual egipcia que desarrolló performance, videos e instalaciones. Murió en 2012, enferma de leucemia. Sin embargo, puede visitarse su web personal para ver sus trabajos y exposiciones: http://amal-kenawy.com/index.html. Las fotografías están tomadas de su video "The Purple Artificial Forest", perteneciente a la exposición El iris de Lucy. Artistas africanas contemporáneas en el MUSAC, León. Del 30 de enero de 2016 al 12 de junio de 2016. Más información aquí).

viernes, 31 de diciembre de 2010

Definiciones de mapa


Hace tan solo unos días estuve en León y pude conocer el MUSAC, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, y lo cierto es que me ha gustado mucho. Llevaba varios años con ganas de conocerlo. Me fascina el edificio anguloso, lleno de cristales de colores donde se refleja el sol al atardecer, dotándolo de una belleza casi irreal.

Había una exposición, titulada “Modelos para armar. Pensar Latinoamérica desde la colección MUSAC” (que durará hasta el 9 de enero de 2011), heterogénea y sugerente, una pequeña muestra del arte que se hace en Latinoamérica. Me llamó la atención un hermoso texto junto a un mapa. Lo dejo aquí como una muestra de la exposición, y también porque creo que ese texto contiene una reflexión sobre la literatura y el arte en general, así como sobre el ser humano en particular.


“J’écris pour me parcourir”

Henri Michaux

“On ne compendrait pas le finit sans l’infinit”

Nouveau Traité d’Astronomie à l’usage des demoiselles

Prólogo

El universo, escribió Lewis Carroll, contiene cosas, por ejemplo yo, Londres, el color escarlata, la carta que recibí ayer. La lista podría aumentarse porque el universo, se sabe, coincide con el infinito sueño de ser Nada. Así, alguien podría proponer el otoño del año 1536, o un vasto río aéreo de pájaros dolientes, o los chicos que se enamoraron de la maestra, o el poema justo, el que se conoce antes de ser leído, y todavía nada se habría agotado, nada habría empezado a perder su derecho al vacío.

Quizás por esa razón, lo que llamamos un mapa es un conjunto de líneas diversas que funcionan al mismo tiempo como armadura, premonición, código lingüístico y colección arbitraria de la memoria. Hay líneas que representan algo y otras que son abstractas. Las hay que forman contornos y las que no, éstas son las más hermosas. Las líneas son los elementos constitutivos de los acontecimientos, los que vivimos con otros, los que vivimos a solas, los que soñamos o tenemos, algo así como un escenario dispuesto para el periplo de los deseos. También son las coordenadas que nos ayudan a perdernos, a agotar aquello que sabemos, y así llegar más rápido al cansancio y a la entrega. No sería otra cosa la escritura, el sueño de unos paseos interminables por paisajes olvidados, una grafía incierta donde cada lugar es un mundo (un espacio interior) que indica solo lo impronunciable: esa quietud inspirada donde buscamos reconocernos, unirnos a aquello de nosotros mismos que pertenece al Absoluto, en el que todo participa.

M. N.