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domingo, 9 de marzo de 2025

Allen Ginsberg y Kenneth Koch: “Nana”



 Nana


KK:     Una vez el pequeño Larry Fagin

            Le dijo a su padre que era un burro.

AG:     Y le dijo el papi de Larry Fagin:

            “Larry, dilo de nuevo y estás muerto”.


KK:     Ya es suficiente de nanas, quiero decir ¿qué más?

AG:     Podemos hacerlo en otro momento.

AUDIENCIA:     Haiku.

KK:     ¡Oh, Dios! No puedo contar sílabas.

AG:     Sin sílabas. 

AUDIENCIA:     Épica.

AG:     Haiku. La épica es fácil. El haiku es difícil.

KK:     ¿Todos los haikus van sobre ranas, verdad?



*


Nursery Rhym


KK:     Little Larry Fagin once.

            Told his dad he was a dunce

AG:     Larry Fagin’s daddy said:

           “Larry, say it again you’re dead”.


KK:     That’s enough nursery rhymes, I meant what else?

AG:     We can do it another time.

AUDIENCE:     Haiku.

KK:     Oh God! I cant’t count syllables.

AG:     No syillables.

AUDIENCE:     Epic.

AG:     Haiku. Epic’s easy. Haiku’s hard.

KK:     All haikus are about frogs, right?




(Nos lo inventamos todo, de Allen Ginsberg, Kenneth Koch, Ron Padgett. Kriller71. Traducción de Silvia Galup).


miércoles, 6 de abril de 2022

Patti Smith: “Nota a Pie de página de Aullido”, de Allen Ginsberg

Ayer 5 de abril se cumplieron 25 de la muerte del poeta Allen Ginsberg, cuyo legado sigue siendo muy actual. Como pequeño homenaje, subo este video de la música y poeta Patti Smith recitando uno de los poemas más famosos de Aullido (Howl).





viernes, 12 de febrero de 2021

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Kaddish, de Allen Ginsberg



Kaddish, de Allen Ginsberg (Anagrama, 2014. Traducción de Rodrigo Olavarría). 
Allen Ginsberg es una fuerza de la naturaleza. Un huracán que arrasa con todo. Pero también es delicado como un crepúsculo naranja. Su fuerza es directamente proporcional a su sutileza; su belleza puede ser entrañable o desgarradora y vulgar. Ese es su secreto. Conozco pocos poetas como Ginsberg, por no decir, que es un poeta único.

Recuerdo cuando leí por primera vez Aullido. Tenía menos de 20 años y era joven y quería comprender la realidad y sobre todo, quería absorber la poesía. Y Aullido me mostró una mirada que abarca muchos matices, contradicciones, celebraciones. El libro me reveló una parte dolorosa y emocionante de la realidad, así como una parte fascinante y compleja  de la poesía. Entre otras cosas, porque no lo entendí desde el punto de vista tradicional, pero por eso mismo me gustó. Porque me deslumbró desde su ritmo trepidante, desde su sintaxis violenta. Además, apreciaba una ética políticamente incorrecta como pocas veces había leído, así como una belleza trágica y una visión crítica con el mundo occidental. Después de varias lecturas, el libro ha seguido creciendo dentro de mí, ramificándose, filtrando sentidos y descubrimientos nuevos. Ginsberg es un poeta que ilumina y no todo el mundo está preparado para enfrentarse a esa experiencia. Para querer ver la luz, hay que adentrarse en las sombras.

Creo que solo por este libro, Allen Ginsberg es uno de los poetas más necesarios del siglo XX. Pero uno lee Sándwiches de realidad o La Caída de América, y comprende que el poeta tiene un largo recorrido, más allá de su personaje, de la construcción del mito que Occidente ha creado de él (y él ha contribuido a crear). Sus poemas siguen siendo racionalmente irracionales, emocionales, valientes, prosaicos. Da igual el personaje, porque el poeta es todavía mayor que el personaje.

Y ahora llega uno de los poemas más celebrados en su vida, por fin traducido al español. Me pregunto por qué hemos tenido que esperar tantísimos años para disponer de una edición que nos permita leer un poema comparable a Aullido, tanto en calidad como en cantidad (¿tal vez porque España tiene esas lagunas, esos agujeros negros que tardan décadas en resolverse?). Obviando este agujero negro (si es que un agujero negro puede obviarse), encontramos que en Kaddish hay de nuevo más dolor y más belleza,  más ritmo trepidante que corta el aliento. No olvidemos que el poeta de Nueva Jersey lo escribió a finales de los 50, pocos años después de Aullido, una vez que ya había deslumbrado al mundo con su primera publicación y lo que el lector tiene ahora en sus manos sigue teniendo la vigencia y la pegada de hace 50 años. De manera que el paso del tiempo parece que le ha sentado bien al poemario. ¿Hasta qué punto Occidente ha perpetuado sus comportamientos abominables? ¿Hasta qué punto Ginsberg se sigue erigiendo como un poeta iluminador?

Obviando todo esto (si es que se puede obviar una fuerza de la naturaleza, si es que se puede obviar un agujero negro de más de cincuenta años), Kaddish es otro huracán, otro poema elegíaco lleno de dolor, belleza e intento de comprensión. Porque Ginsberg, al igual que su admirado Lorca, es un poeta deshumanizado y lleno de humanismo. Porque su mirada es la ampliación de una realidad que casi nadie quiere ver. Parece que Ginsberg se rizoma con poetas de la estirpe de Rimbaud, Lorca, Vallejo. Y eso es algo que da miedo y a la vez, deslumbra.

Pero vayamos al poemario. Naomi, madre de Allen Ginsberg, fue diagnosticada con esquizofrenia paranoide, y tratada varias veces con electroshock y lobotomía, estando internada en numerosas ocasiones, sufriendo una degradación física y psicológica cada vez mayor, hasta morir en 1956, a la edad de 60 años. En el momento de su entierro, tan solo hubo siete personas que asistieron al acto, número insuficiente para poder realizar un kadish, un tipo de plegaria judía que rinde tributo a los muertos. Kaddish, es el poema fúnebre de origen judío que el joven Allen dedicó a su malograda madre.

Decía Michel Foucault que a partir del siglo XVII el loco es "juzgado y condenado por la sociedad de la que forma parte". Y también hablaba de los hospitales afirmando que son una "instancia de orden, de orden monárquico y burgués que surge en Francia en esa misma época". No cabe duda, después de leer el epílogo, de que Naomi sufrió auténticas aberraciones y sería pertinente detenernos un momento para reflexionar sobre el sometimiento que seguramente sufrió Naomi en manos de las instituciones. En todo caso, el dolor de Allen por ver cómo su madre empeoraba y cómo era tratada en esos centros, le produjo la rabia suficiente para rendirle un homenaje y acabó revelando una parte muy íntima de su historia familiar. De la tragedia que vivió su madre, salió un poema bello y duro, repleto de amor y ternura.




Kaddish fue publicado en España en el año 2014 (su primera edición es de 1961 en la editorial City Light Books del gran Lawrence Ferlinguetti) y parece llegar en un momento necesario, desesperado, lleno de incertidumbre política y ética. El libro, traducido correctamente por Rodrigo Olavarría, está muy bien editado. Cuenta con un epílogo firmado por el crítico Bill Morgan y una nota del propio Allen, repasando la situación que le llevó a escribir Kaddish y la relación que tuvo con su madre, además de un resumen biográfico de esta. De manera que uno acaba entendiendo la importancia que Naomi tuvo no solo en su vida, sino también en su poesía. El epílogo de Morgan es un esclarecedor ensayo sobre el proceso de escritura del poema y la larga vida posterior que este ha tenido, con intentos de adaptación cinematográfica y numerosas representaciones sobre los escenarios.

"Kaddish", el poema que da título al libro, es un texto prosaico, una letanía escrita con versículos largos y una construcción sintáctica rica en matices, de ritmo oscilante, con repeticiones,  imágenes surrealistas, flashbacks, sin restricciones morales o estéticas. El poema, dividido en cinco fragmentos, en su conjunto resulta impresionante. Además del celebrado poema, encontramos otros textos notables, surgidos a partir de experiencias con drogas o con viajes a Europa y Sudamérica, como "En la tumba de Apollinaire", "Gas de la risa", "Mescalina" o "Ácido lisérgico", donde la prosa poética de Ginsberg pulula a sus anchas, repleta de escenas oníricas y surrealistas que buscan un sentido místico, una reflexión profunda a la vez que alucinada. Muchas de sus frases dibujan una sentencia incuestionable, celebradora de la existencia, ampliadora de la conciencia.

Leyendo sus versos intensos, las plegarias dedicadas a su madre, uno podría pensar que su rezo público es una necesidad de recordar, de aceptar y de celebrar. Hay gente que no tiene memoria; hay instituciones que no tienen memoria; hay países que no tienen memoria. Sin embargo, la memoria es una herida que no puede desaparecer. Naomi, la madre de Allen, podría ser la madre de cuaquiera, o por qué no, el país de cualquiera, o el mismo Occidente. Una enfermedad que tiene difícil cura. Decía Rimbaud: “Para qué un mundo moderno, si se inventan semejantes venenos”.

En la poesía de Allen Ginsberg hay comprensión, denuncia, visión. Eso es suficiente para muchos, pues amplía el área de conciencia. Leyendo su poesía, pienso en un escorpión mirándose en un espejo.  El mundo no sabe (casi) nada sobre Ginsberg, y si lo sabe, es que no lo tiene en cuenta y se está suicidando.

lunes, 17 de febrero de 2014

Kerouac y la generación beat


A finales del pasado mes de enero, publiqué en la revista Culturamas una reseña del libro Kerouac y la generación beat de Jean-François Duval. Este es el texto:

Kerouac y la generación beat, de Jean-François Duval (Anagrama, 2013).

Jean-François Duval, periodista y escritor suizo, lleva varias décadas dedicándose a investigar sobre la generación beat, por lo que la publicación de Kerouac y la generación beat viene a desarrollar algunas ideas sobre el autor de Los subterráneos y su relación con dicho movimiento. El libro se divide en distintas secciones que son a su vez fecundas entrevistas a Allen Ginsberg (poeta, autor de Aullido e icono de la contracultura norteamericana), Carolyn Cassady (mujer de Neal Cassady y autora de Off the Road, sus memorias sobre Neal, Allen y Jack -de reciente publicación en España-), Joyce Johnson (ex novia de Jack Kerouac y escritora, autora de Personajes secundarios), Timothy Leary (escritor, psicólogo e investigador sobre el LSD), Anne Waldman (poeta, editora y fundadora de la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics de Colorado) y y Ken Kesey (escritor, autor de Alguien voló sobre el nido del cuco, y gurú de los Merry Pranksters, un grupo de aventureros que viajaron por EEUU a bordo de un autobús psicodélico iniciando a la gente en el LSD en los años 60).

Duval se centra principalmente en las figuras de Jack Kerouac, Neal Cassady y Allen Ginsberg, y trata de manera tangencial a William S. Burroughs, John Clellon Holmes (autor de Go, para muchos, la primera novela beat), Gregory Corso, Anne Waldman, Joyce Johnson, Diane Di Prima, Lawrence Ferlinguetti o Gary Snyder, por lo que el libro no es un estudio completo de la generación, sino más bien un mosaico configurado por numerosos testimonios que hablan de la vida de Neal Cassady y Jack Kerouac y más concretamente sobre sus destinos trágicos y la degradación que sufrieron ambos a partir de la publicación y éxito de En el camino, sugiriendo la pregunta inevitable: ¿Kerouac y Cassady fueron víctimas del éxito literario de Sal Paradise y Dean Moriarty?

En todo caso, el volumen supone una guía para entender este movimiento, así como amplía información sobre la gestación del grupo, la relación entre los autores mencionados, y algunas líneas temáticas que los unen. En un momento dado, Ginsberg cuestiona si el la generación beat existió, y más adelante el propio Duval afirma: “La característica principal del 'movimiento beat', si existiera, sería su sorprendente disparidad”. Y eso cierto. Tanto en poesía, como en narrativa, la heterogeneidad es grande, si bien hay varios puntos en común que permiten trazar un itinerario: desde el interés por el budismo (sobre todo relacionado en autores como Ginsberg y Kerouac) a la experimentación con las drogas (marihuana, LSD), pasando por la apertura sexual, la crítica al mundo editorial mercantilista, el antibelicismo, la innovación con el lenguaje o la espontaneidad como un intento de captar un momento único. Tal vez, la idea que sintetice todos estos aspectos sea la que señala la poeta Anne Waldman, quien afirma que lo que caracteriza a dicha generación es: “una verdadera búsqueda espiritual”.

Uno de los aciertos del volumen, es la presencia femenina, pues Duval cuenta con los testimonios de varias mujeres que conocieron de manera íntima a Kerouac, Ginsberg, Cassady, Corso y compañía, ampliando la mirada sobre estos escritores, pero también reclamando un papel más significativo para estas Penélopes en la sombra. Parece que cada vez hay más mujeres que tuvieron incidencia en una generación muy rompedora, que sin embargo, no supo (o no quiso) darle importancia a las mujeres. El libro sugiere que todavía no se ha hecho justicia, y prueba de ello es la reciente y constante aparición de distintas publicaciones de mujeres relacionadas con la generación beat. Ese debate queda abierto y me temo que sigue siendo muy actual.

También el libro apunta a si Kerouac es un autor suficientemente comprendido por sus lectores, pues su compromiso con la literatura a veces parece ajeno a su figura como héroe literario. Muchas veces la fama y la dimensión social que adquirió su nombre supera a la importancia como escritor renovador.

Para muchos entrevistados, el alcance de Kerouac o Ginsberg supuso una nueva mirada sobre América, una crítica al modo de vida conservador de los años precedentes: “Con ella [la obra de Kerouac], transformó Norteamérica, cambió su percepción del continente, aunque muchos lo ignoren”, dice Ken Kesey. Una manera de romper con los prejuicios y los clichés. Para ello, Kerouac y Cassady se echan a la calle a recorrer América a buscar experiencias, a sentirse libres. Recordemos lo que decía Milan Kundera en El arte de la novela, señalando la ruptura de la novela europea con la capacidad de buscar experiencias, donde los personajes “se encuentran en un tiempo en el que no hay principio ni fin, en un espacio que no conoce fronteras” y que ya con Balzac y Flaubert “ese horizonte lejano ha desaparecido como un paisaje”. Creo que parte del encanto de En el camino es precisamente esa vuelta a los orígenes de la novela europea, esa herencia de búsqueda de libertad y los espacios abiertos.

Cabe destacar la introducción que realiza Duval, aclarando el contexto en el que se se publica On the Road, y relacionándolo con los diferentes momentos socio-culturales de los años 40, 50 y 60, así como la posterior influencia, tanto en la cultura hippie, como en músicos de la talla de Bob Dylan, The Beatles, Patti Smith o Kurt Cobain. Asimismo, se agradece el abundante material fotográfico, completado con un glosario de autores relacionados con el movimiento beat (desde el propio Kerouac, pasando por su hija Jan, Charles Bukowski o el escritor y periodista Hunter S. Thompson; en total, casi cuarenta personas), una bibliografía extensa sobre literatura beat y hasta una cronología de hechos y fechas que van desde 1914 (nacimiento de William S. Burroughs) hasta 2012, estreno de la película On the Road, dirigida por Walter Salles.

A estas alturas, nadie puede dudar de la repercusión que ha tenido -y sigue teniendo- la generación beat. Por si acaso, este libro viene a corroborarlo.

(Reseña publicada originariamente en la revista Culturamas en enero de 2014).

domingo, 19 de enero de 2014

Off The Road. Veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg, de Carolyn Cassady


Hace dos semanas salió publicada una reseña mía sobre Off The Road. Veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg de Carolyn Cassady en el suplemento Los Lunes de El Imparcial. Este es el texto.

Off The Road. Veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg, de Carolyn Cassady (Ed. Escalera, 2013. Traducción de Ana Lima).

Carolyn Cassady, la que fuera mujer de Neal Cassady, moría el pasado 20 de septiembre a los 90 años de edad, y al mismo tiempo, se publicaba en España sus memorias tras veinte años de relación con Neal Cassady, Jack Kerouac (del que fue amante) y Allen Ginsberg.

Carolyn Robinson (apellido de soltera) nace en Michigan en 1923 y tras residir en varios sitios, recala en Denver para estudiar en la Universidad, donde posteriormente impartirá clases de arte. Allí conoce a Neal Cassady, se casa con él y tienen tres hijos. Ya en 1984 se muda a Inglaterra y en 1990 publica Off the Road, sus memorias sobre su relación con Cassady, Kerouac y Ginsberg. Carloyn aparece como personaje en varias novelas de Kerouac: es Camille en En el camino, y Evelyn en Big Sur y Visiones de Cody -de próxima aparición en Ediciones Escalera-, por lo que no se puede obviar la importancia que tuvo en la vida y la literatura del autor de Los subterráneos.

En Off The Road encontramos unas memorias desmitificadoras sobre los héroes de la generación Beat, poniendo énfasis en las experiencias cotidianas y asistiendo desde cierta distancia a las numerosas peripecias de su marido. Carolyn, cual Penélope del siglo XX, está fuera de la carretera, tejiendo, cuidando a sus hijos y esperando a su Ulises, que no es otro que el <<ángel loco>> Neal Cassady, en quien se basa Kerouac para dar vida al mítico Dean Moriarty de la famosa En el camino y con quien Ken Kesey se embarca en la aventura lisérgica de los Merry Pranksters en los años 60. Y ese es uno de los mayores intereses del libro, asistir a las las experiencias de la mujer de Cassady, así como amante del propio Kerouac y amiga de Allen Ginsberg durante cincuenta años. Un testimonio privilegiado de la gran novela de la vida de Kerouac y compañía.

Desde el comienzo, la autora remarca el choque que supuso conocer a Neal, Jack y Allen, bohemios y aventureros, teniendo en cuenta la educación basada en principios victorianos que había recibido. Los jóvenes beatniks fumaban hierba, viajaban de costa a costa y experimentaban todo tipo de sensaciones. No tuvo que ser fácil para una mujer “criada para temer y reverenciar los códigos sociales dominantes en los años treinta y habiendo llevado una existencia protegida y llena de restricciones”.

En el libro se percibe la lucha interna no solo de Neal, sino también de Kerouac o de la propia autora. Sin embargo, Carolyn destila cierta sabiduría cotidiana y por momentos hasta escribe con una ironía que aflora con un poso de amargura: “Solo me importaba casarme y no había caído en la fecha. Nací en abril y ya era tonta de por sí, así que ¿qué podría ser más apropiado para mí que casarme el 1 de abril, Día de los Tontos en EEUU?”. Y ante tantos años de relación con Neal, en su difícil papel de esposa y madre, no puede evitar resignarse, seguramente como un mecanismo de protección, para salir adelante: “(Me llevó mucho tiempo y muchos ejemplos aprender que 'ojos que no ven corazón que no siente')”. Carolyn tiene que criar a tres niños en muchos momentos sola, ante las idas y venidas de Neal y no sin esfuerzo. La ambivalencia entre el cariño, y las decepciones de Neal es constante. Aun así, Carolyn mantiene la comprensión y el cariño hacia su marido hasta el final.

Este libro viene a completar una visión bastante realista y cruda de Neal Cassady y Jack Kerouac, que se une a otros testimonios que recalcan el sufrimiento existencial de ambos, así como su inevitable autodestrucción.

Off The Road se completa con fragmentos de cartas de Neal, Jack y Allen, lo que ayuda a componer un mosaico sobre las relaciones entre ellos y sirve de contraste con la visión de Carolyn, de manera que satisfará a los numerosos lectores de Kerouac, Ginsberg y compañía.

(Reseña publicada el 5 de enero de 2014 en Los lunes de El Imparcial).