
Han transcurrido 20 años de la aparición de dos álbumes ('Nevermind', de Nirvana y 'Ten', de Pearl Jam) que revitalizaron el rock, en una década dominada por el Capitalismo salvaje, la Guerra del Golfo, o la irrupción de la burbuja inmobiliaria y la telebasura (Tele 5 y Mama Chicho a la cabeza) en España, entre otras muchas desgracias. Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains, Soundgarden y un largo etcétera surgieron del húmedo y verdoso Seattle con rabia y desencanto, para reflejarnos el cariz que estaba tomando el mundo, cada vez más violento y deshumanizado (como refleja esa joya de canción que es "Do The Evolution" de Pearl Jam). Letras intensas, sonidos densos y distorsionados, que reflejan la frustración del individuo ante una sociedad hostil. Ya no están ni Kurt Cobain, ni Layne Staley (fallecidos ambos un 5 de abril, el líder de Nirvana en 1994 y el de Alice in Chains en 2002, ni tapoco Mike Starr, bajista de Alice in Chains que murió hace unos meses. En la lejanía, queda la muerte por sobredosis de Andrew Wood -1990-, cantante de uno de los grupos gérmenes de la escena Grunge, Mother Love Bone). La adicción a la heroína parece haberse llevado a estos grandes músicos. Pero otros siguen, y en buena forma, como Pearl Jam, para quien esto escribe, uno de los escasos grupos de rock que siguen siendo fieles a ellos mismos tras 20 años. (Para celebrarlo, en septiembre se estrena el documental Pearl Jam Twenty dirigido por Cameron Crowe). Muchos afirman que estos músicos eran fatalistas y oscuros; yo les preguntaría a esas personas qué piensan de la sociedad hiperconsumista e hipócrita en la que vivimos, donde los valores éticos y morales se diluyen cuando uno puede comprarse un artículo de lujo, otro tipo de droga. Señores, estos tipos hacían verdadero rock, y todavía hoy, siguen sonando auténticos.
He aquí una pequeña muestra. 20 años no son nada, pero han pasado muchas cosas.