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martes, 12 de abril de 2011

Monstruo devorándose a sí mismo


Hace tan solo unos días, leí en Público que Matthew Weiner, el creador de la estupenda serie Mad Men ha llegado a un acuerdo con AMC, la cadena que la emite (y que también cobija otras series recientes como Breaking Bad) para renovar por tres temporadas. Sin embargo, parece ser que la cadena quiere recortar el presupuesto de una serie que ha ido creciendo poco a poco en todo el mundo hasta convertirse en una referencia de culto. Esta “lucha” entre cadena y creador ha ocasionado un retraso considerable para grabar la esperadísima 5ª temporada. De hecho, se habló de que AMC continuaría el proyecto sin su creador. Finalmente, AMC recortará en dos minutos cada capítulo para así introducir más publicidad –entre otras cosas-.

Sin embargo, no parece que Matthew Weiner haya quedado satisfecho. Arguye el creador de Mad Men que no comparte estas medidas: “No entiendo por qué, con todo el éxito de la serie, de pronto, es necesario cambiarla". Bien, pues yo le sugeriría al creador de Mad Men que revisara Mad Men. Recuerdo el final de la tercera temporada, cuando la empresa de publicidad Sterling & Cooper tenía un éxito considerable y los mismos dueños decidieron venderla para ganar más dinero. Uno de los aspectos más sofisticados e interesantes de esta magnífica serie es su capacidad para describir cómo el Capitalismo de comienzo de los años 60 se fue introduciendo en la vida de los ciudadanos, apoderándose de sus "sueños" a la vez que los ciudadanos acababan siendo apresados por las fauces del sistema. Mad Men está llena de ceses laborales, de caprichos y decisiones locas de jefazos que se deleitan en su sillón de cuero mirando tras los grandes ventanales, cigarrillo en una mano, vaso de whisky en la otra, sin que se les mueva un solo pelo de la cabeza. “Todo lo que quiero hacer es seguir haciendo mi programa, y hacerlo de la manera que quiero, con la gente que quiere hacerlo”, dice Weiner sobre los cambios producidos en torno a la continuidad de la serie, cambios que son todos concernientes al dinero y la publicidad (por ejemplo, AMC aumentará la presencia de publicidad en los decorados de cada capítulo). Vaya. ¿Y lo dice en serio? Todavía me acuerdo de Don Draper queriendo recuperar la “independencia” de Sterling & Cooper en manos de empresas británicas cuando Sterling & Cooper tenía un gran éxito. Amigo Weiner, el dinero lo mueve todo en este mundo, y la ética no sirve para nada, si no, pregúntele a los personajes que usted mismo ha creado. ¿Acaso hay un ápice de honestidad y altruismo artístico en una sociedad como la capitalista? Cuando en la cuarta temporada, Peggy Olson, cuestiona que su empresa (Sterling Cooper Draper & Pryce) tenga como cliente a otra empresa que es abiertamente racista, la respuesta que recibe de su jefe, Don Draper, es contundente: “Nuestro trabajo consiste en que a las personas les guste Fillmore Auto, no en que a Fillmore Auto le guste los negros”.

¿No es Mad Men la metáfora de un monstruo hermoso y salvaje que engulle todo cuanto tiene delante? Parece que, 50 años después, la realidad iguala –o supera- a la ficción. Matthew Weiner ha caído en la trampa que él mismo ha diseñado. Parece un monstruo devorándose a sí mismo.