»Verá usted. Una niña es un pecado al que se rodea de atentos cuidados para que nunca se convierta en virtud. Le enseñan a disfrazar sus pensamientos bajo palabras engañosas.
(...)
»¿Dónde podríamos situar al hombre en el universo femenino? ¿En el pensamiento? Imposible, es demasiado mezquino. ¿En el ámbito de la psicología? Tampoco: hay una incompatibilidad ambiental demasiado fuerte. ¿En la necesidad espiritual? ¡En eso, créame querida, le puedo decir que nos bastamos a nosotras mismas!
(...)
»Nada de eso tiene que ver con los milagros: tan solo se trata de mi deber de mujer perfecta: mujer esposa, mujer madre, mujer sostén de un universo creado por el hombre para satisfacer egoístamente sus necesidades. Y tengo la obligación de sentirme enferma, visceralmente enferma, si algunos de esos detalles no se realiza cuando aparezco.
(El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos. Cabaret Voltaire. 2007. Traducción de Adoración Elvira Rodríguez).
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