lunes, 17 de diciembre de 2012

Correr o sucumbir



Correr, de Jean Echenoz, Anagrama, 2010. Traducción del francés de Javier Albiñana.


La vida de Emil Zátopek (1922-2000) es la vida de la Europa de mediados se siglo XX, con sus contradicciones y sus miserias. Atleta checoslovaco que ganó varias medallas olímpicas, Emil Zátopek era un joven superdotado para la carrera de larga distancia, a pesar de contar con un estilo poco ortodoxo. Era un hombre sencillo, que se dedicaba a correr bajo el contexto de una Europa convulsa todavía por el nazismo, mientras avanzaba por el Este el comunismo soviético, que utilizaría al gran atleta checo como herramienta de propaganda e incluso acabaría marginándolo socialmente al final de su carrera cuando apoyó la Primavera de Praga.

La Locomotora Humana (así llamaban al corredor checoslovaco) se dedicaba a correr, tal vez para huir de la tiranía de las dictaduras, tal vez, para huir de sí mismo. Y mientras tanto, batió varios récords mundiales. Bueno, más bien los pulverizó. Y también ganó varias medallas olímpicas. Todavía hoy, Emil Zátopek mantiene una hazaña no igualada: tres medallas de oro en 5000 metros, 10000 metros y maratón en los JJOO de Helsinki 1952.

Esta novelita tiene múltiples lecturas, si bien su escritura es sencilla (la escritura de Echenoz es precisa y limpia como un hueso y elegante como un galgo) y no está exenta de fina ironía. Esta mezcla de ficción y realidad es fecunda en el autor francés, que también ha novelizado las biografías del músico Maurice Ravel y del ingeniero Nikola Tesla.

El propio Echenoz, decía en una reciente entrevista al diario El País: “Correr es lo que le daba vida, pero al mismo tiempo se la robaba, porque le quitaba todo el tiempo, le arrebataba casi todo”. Esta paradoja resume no solo la novela, sino la condición humana, y revela el absurdo al que está sometido el ser humano ante la sociedad totalitaria. Y ese es su atractivo: comprobar cómo un personaje que para muchos es un héroe, solo puede superar la adversidad por medio del deporte. Pero no se trata de correr como un acto de huida, sino como un acto individual, libre, que permite aislarse ante las terribles vicisitudes que encierra la realidad más cotidiana y absurda. Y ahí, en ese soplo de libertad, se encuentra también la cautividad.

¿Cuánto hay de biografía y cuanto de ficción? Qué más da. Lo que importa, es que Correr se lee muy bien y casi diría que crea adicción. El propio Echenoz leyó miles de artículos sobre Zátopek, pero no la biografía sobre el corredor checoslovaco. De ahí el interés literario del libro, de la capacidad del autor de Me voy para literaturizar vidas ajenas. ¿Qué es, si no, el trabajo de un novelista?



lunes, 10 de diciembre de 2012

Hans Magnus Enzensberger: Modelo para una teoría del conocimiento





Aquí tienes una caja,
una caja grande
con una etiqueta que dice
caja.
Ábrela,
y dentro encontrarás una caja,
con una etiqueta que dice
caja dentro de una caja cuya etiqueta dice
caja.
Mira adentro
(de esta caja,
no de la otra)
y encontrarás una caja
con una etiqueta que dice…
y así sucesivamente,
y si sigues así,
encontrarás
tras esfuerzos infinitos
una caja infinitesimal
con una etiqueta
tan diminuta
que lo que dice
se disuelve ante tus ojos.
Es una caja
que sólo existe
en tu imaginación.
Una caja
perfectamente vacía.

(Hans Magnus Enzensberger, El hundimiento del Titanic, traducción de Heberto Padilla).

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ice Haven, de Daniel Clowes



Ice Haven, de Daniel Clowes (Reservoir Books-Mondadori, 2006).

El mundo del cómic no sería lo mismo sin la presencia de Daniel Clowes (1961, Chicago, EEUU), quien ha logrado imponerse como un autor de culto leído y admirado a partes iguales, aunando sensibilidad literaria, humor crítico y un dibujo depurado. Gracias sobre todo a su notable Ghost World, el autor de Chicago demostró que la novela gráfica puede tener una profundidad narrativa propia.

Clowes casi siempre utiliza los estereotipos americanos para mostrar el lado sórdido de la realidad. En algunos casos, puede asemejarse al del realizador cinematográfico Todd Solonz (en el humor negro, en el desparpajo y la falta de pudor), pero lo cierto es que Clowes emplea menos el “patetismo solonziano” y más la teoría del iceberg popularizada por Hemingway, donde todo lo que se ve no es todo lo que hay. En muchas ocasiones se ha dicho que Clowes es un gran narrador ligado a la mejor tradición norteamericana de cuentistas (Ernest Hemingway, Raymond Carver, Sam Shepard), desarrollando historias sencillas sobre la problemática de la vida cotidiana. Es lo que ha demostrado en novelas gráficas como Ghost World, David Boring, o incluso en Como un tallo de hierba, Joe, una pequeña historieta perteneciente al número 6 de su revista Bola 8 (Eightball) y ahora agrupada junto a otras ocho historias cortas en Caricatura (Ed. La Cúpula), alcanzando un gran nivel de calidad y efectividad narrativa. Además, el autor estadounidense ha sabido alternar historias sencillas con otras más disparatadas a lo largo de su carrera, destacando la fascinante Como un guante de seda forjado en hierro (también editado en un álbum) o la gamberra ¡Poussy!, todo un alegato paródico y crítico del mundo del cómic o incluso el pastiche en Lloyd Llewellyn.

Con Ice Haven (hasta el momento su mejor obra), Dan Clowes logra sorprender aún más, si bien, se trata de una novela gráfica compleja, caleidoscópica, con varios elementos deudores del posmodernimo literario. Uno de los mayores atractivos de Ice Haven es su formato apaisado –que recuerda a la monumental Jimmy Corrigan de Chris Ware- y también la soltura con la que Clowes retrata a una ciudad –que puede ser cualquier ciudad pequeña de EEUU-, gracias a una serie de pequeñas historias intercaladas y fragmentadas, ampliando la polifonía de una obra que ha de completarse con la lectura de la misma. La linealidad queda interrumpida por una cierta originalidad fragmentaria, elipsis, cortes, sugerencias, intertextualidad, confirmando que todavía se puede explorar mucho en el lenguaje del cómic, pero también reconociendo el deslumbramiento de algunas de las experimentaciones llevadas a cabo por Chris Ware. Así, Clowes introduce historias con formatos distintos, lo que le permite enriquecer su discurso a la vez que multiplicar su lenguaje; tenemos desde la típica tira cómica estadounidense hasta un uso de la parodia o el realismo sucio, con estilos picapiedra o cartoon, colores y tonos diversos aplicados a los ambientes o situaciones distintas, obligando al lector a formar parte de la historia de una manera activa.

Utilizando la excusa del secuestro de un niño del pueblo, asistimos a fragmentos de la vida de varios personajes, a veces narrados en tan sólo una página, siendo capaz de contar y sugerir con unos elementos mínimos. Tenemos personajes típicamente cloweianos, como Vida o Mr. Ames. Llaman la atención el  crítico de cómic Harry Naybors –Clowes se ríe de sí mismo pero siempre con un amor y un respeto al cómic como pocos-, o el patético poeta Random Wilder. Se trata de personajes enajenados (lo que puede recordar a varios cineastas norteamericanos como Jim Jarmusch, Halt Hartley, Todd Solonz o creadores de cómic como Robert Crumb), personas que viven una vida tediosa. En esto, también entran ciertos elementos típicos de la sociedad norteamericana que ayudan a confeccionar un imaginario común como el sexo adolescente, la falta de voluntad, los deseos y frustraciones, la inestabilidad familiar y de la pareja, la incomunicación, elementos todos ellos que conforman un entramado más complejo de lo aparentemente visible, pues con esta obra debemos leer (y mirar) entre líneas (y viñetas). Clowes es un escritor de relaciones humanas, pero también un dibujante, porque sus viñetas logran visualizar lo que las palabras no pueden.

Una última nota: por mucho que algunos se empeñen en llevar al cine los cómics de Dan Clowes y a pesar de tener como resultado películas tan notables como Ghost World, (esperamos con ganas el estreno de Art School Confidential con guión de Daniel Clowes) lo cierto es que el mundo tan personal de este artista siempre será más rico –y necesario- en su propio medio y con su lenguaje y estilo únicos, el del cómic.

(Reseña publicada originariamente en www.deriva.org en 2007 y retocada ligeramente).



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Hong Sang-soo: The Day He Arrives




Seúl, Corea del Sur. Actualidad. Sungjoon, un joven director de cine, llega a la ciudad donde vivió anteriormente, y llama por teléfono a un amigo para verlo.

Elipsis.

La realidad es compleja.  La narración también.

Al personaje principal la realidad se le escapa, se le diluye entre los dedos como cuando se queda mirando nevar.

¿Y si la película está narrada desde la cabeza de uno de los personajes (o desde la de varios)?

Las cosas no tienen una sola lectura, tampoco una sola manera de ser contada.

La narración se convierte en protagonista y el protagonista deambula por sus propias dudas y miedos.

El presente y el futuro pueden ser una ampliación distorsionada del pasado. O no.

Metadiscurso, reconstrucción narrativa, repeticiones, coincidencia, azar, confusión.

Reconstrucción. Reflexión.

Sugerir mediante imágenes y escenas.

Blanco y negro.

Crear una lógica propia.

Tal vez, The Day He Arrives, sea la historia de una obsesión.

Cine en estado puro.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Roberto Bolaño: desde el planeta de los monstruos

Esta es mi última transmisión desde el planeta de los monstruos. No me sumergiré nunca más en el mar de mierda de la literatura. En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré para no morirme de hambre y no intentaré publicar.

(Roberto Bolaño, Estrella distante, Anagrama, 1996).

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Matar a Borges o seguir bajo la sombra



Hoy mismo ha salido un artículo publicado en El País (ver aquí) sobre si tiene sentido matar el Boom latinoamericano (Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, etc). Me llama la atención las palabras vertidas de los distintos escritores que opinan que no tiene sentido matar al padre, que el legado del Boom es grandioso. Pero, o el artículo no está del todo bien orientado (ni mucho menos pretendo criticar a ese gran periodista que es Juan Cruz) o me pregunto si los escritores citados entendieron el sarcasmo así como la profundidad de la famosa frase de Witold Gombrowicz gritando: “Maten a Borges” desde el transatlántico que lo devolvía a su Europa natal, casi 25 años después de llegar a Buenos Aires. El alcance de esta frase se podrá entender si uno conoce un poco no solo la obra del genial autor polaco, sino también algo de su carácter provocador e irreverente. Bien es sabido, como algunos escritores han demostrado (Ricardo Piglia, Juan José Saer, Enrique Vila-Matas) y no pocos estudiosos de la literatura, que a Borges no le gustó la traducción española de Ferdydurke (ejercida por el propio Gombrowicz y ayudado por, entre otros, los cubanos Virgilio Piñera y Humberto Rodríguez Tomeu) y que rehusó publicar un fragmento de la novela en la influyente revista Sur arguyendo que estaba mal traducida. Más tarde, el tiempo quitó la razón a Borges, cuando muchos escritores e intelectuales mostraron (y siguen mostrando) su fascinación por dicha traducción y los efectos que esta tiene para el lector en español. Incluso algunas traducciones se han basado en esta versión más que en la original en polaco, como la francesa. Además, y esto Gombrowicz lo sabía, Borges (aquí nadie discute ni pone en duda su importancia como escritor) era también un escritor muy orgulloso y su poder literario era enorme, hasta tal punto, que lo que no se publicaba en Sur, sufría la soledad de la marginación, pues la revista dirigida por las hermanas Ocampo era la crème de la crème… Por otro lado, Gombrowicz fue un autor marginal, vanguardista, poco conocido y reconocido, que, al final de su vida comenzó a recobrar mayor importancia, sobre todo en Francia, y posteriormente en el resto de Occidente. Los padres también se equivocan.

Pero esto no es lo más importante. En las palabras de Gombrowicz también hay un ápice de anarquismo, de actitud dadaísta más que saludable. Si la sombra de un escritor abarca un ámbito tan vasto, los escritores que se cobijen bajo sus dominios nunca tendrán su propia voz ni su propia personalidad. Esto es de cajón. No se trata tanto de matar a Borges o el Boom, como de jugar a aniquilarlos, aun sabiendo que nunca te podrás desprender de ellos. No es tanto matar, en un sentido literal, sino emanciparse. Decirles que después de ellos sigue habiendo vida.  Y ya de paso, gamberrear un poco, reclamar atención en otras literaturas, pues ante tanta elite y tanta endogamia institucional, los artistas periféricos que aportan otras voces, suelen quedar soslayados. Cuando uno está en el poder, la visión desde arriba suele olvidarse de los de abajo. Pero hay excepciones notables: ¿No son raros Ricardo Piglia, Javier Marías o Enrique Vila-Matas? Ellos se han ganado a pulso su prestigio, pero además de reconocer a los padres literarios, también han sabido buscar los tíos y hasta primos lejanos.

Recuerdo una vez, en un taller de escritura con Roberto Bolaño, cuando le pregunté por qué había en su actitud cierta hostilidad o rechazo hacia Octavio Paz o Pablo Neruda. Y él me respondió que no les odiaba, que eran grandísimos escritores, pero no los únicos, y que a veces su poder y su influencia eran tan grandes, que no permitía que las generaciones posteriores evolucionaran, y que era muy sano “matarlos”. Yo, me quedo con la frase de Gombrowicz glosada por Bolaño. Y añado: resuciten a Gombrowicz.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mogwai: el rock venido de otro planeta


El grupo escocés Mogwai (1995-Actualidad) es una de esas raras bandas que logran ampliar sus horizontes musicales hasta convertirse en artistas de culto. La crítica siempre les ha celebrado como uno de los grupos más experimentales y necesarios para que el lenguaje del rock busque caminos intransitados. Destacan sus desarrollos instrumentales, sus descargas de guitarras y baterías, canciones envueltas en atmósferas y pa(i)sajes intensos, llenos de matices y de fuerza, aunque a veces esa fuerza pueda ser casi silenciosa y otras arrebatadora, o, incluso contenida en medios tiempos, como en la pieza que se puede escuchar en este vídeo: ‘Travel is Dangerous’ (Mr. Beast, 2006).