sábado, 23 de mayo de 2015

Hunter S. Thompson: palabras


-Feliz… -dije entre dientes, tratando de apresar la palabra. Pero es una de esas palabras, como “amor”, que jamás he entenddo cabalmente. La mayoría de la gente que trabaja con las palabras no tiene mucha fe en ellas, y yo no soy una excepción (sobre todo si hablamos de las grandes palabras como Feliz y Amor y Honrado y Fuerte). Son demasiado huidizas y sobremanera relativas cuando las comparamos con otras palabras pequeñas y humildes y cortantes como Gamberro o Barato o Farsante. Con éstas me siento cómodo, porque son desnudas y fáciles de retener, pero las grandes palabras son duras y tendrías que ser cura o necio para utilizarlas con un mínimo de seguridad y soltura.


(Hunter S. Thompson, El diario del ron, Anagrama, 2002. Traducción de Jesús Zulaika).

martes, 19 de mayo de 2015

Olive Kitteridge o la incomodidad de ser uno mismo



Olive Kitteridge es una serie que habla de sentimientos y emociones que todos podemos tener: soledad, celos, culpabilidad, remordimientos, frustración. La serie está focalizada en Olive, una mujer casada y con un hijo, frágil y compleja. Hasta ahí, podría parecer una historia más o menos normal, pero lo que ocurre, es que la historia funciona a partir de las elipsis, y ahí es donde la narración comienza a brillar, ya que queda al servicio del espectador dilucidar sobre los cortes, los silencios, y sobre todo, lo que no se muestra. En tan solo 4 episodios, esta miniserie llena de momentos incómodos e intensos, teje una historia de varios años con saltos en el tiempo y grandes interpretaciones, sobre todo las encarnadas por Frances McDormand, Richard Jenkins, Peter Mullan y Bill Murray. Se trata de un relato abrupto, cortante, como el personaje principal, como su vida.

El otro gran fuerte de esta miniserie es la fuerza psicológica de lo personajes, su profundidad, que resulta por momentos violenta. Puede que incluso más de uno piense que Olive, la protagonista (brillante actuación de Frances McDormand, que también produce la serie) está un poco pirada y que resulta antipática. Pero al final, uno se da cuenta de que Olive es como la mayoría: le faltan recursos para desenvolverse en situaciones incómodas, herramientas que le permitan desarrollar las relaciones sociales y manejar la inteligencia emocional. Al final, uno puede incluso sentir empatía por ella, porque tiene algo de cada uno de nosotros, tal vez querer ser comprendidos; tal vez querer que las cosas sean más fáciles y no tener que sentirnos culpables. Al final, Olive Kitteridge, podría hablar, aunque no lo parezca, de nosotros mismos, con nuestras infidelidades y desolaciones. Porque la infelicidad puede instalarse y casi pasar desapercibida. No obstante, el final es hermoso, luminoso. Y sorprendente como pocos.


 (Olive Kitteridge, dirigida por Lisa Chodolenko. HBO, 2014, EEUU. Miniserie de 4 episodios. Basada en la novela homónima de Elizabeth Strout).

lunes, 11 de mayo de 2015

Paul Auster: Autobiografía del ojo



Autobiografía del ojo


Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.
Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.

(Paul Auster, Desapariciones. Pre-Textos, 1996. Traducción de Jordi Doce).

Invisible things, rooted in cold,
and growing toward this light
that vanishes
into each thing
it illumines. Nothing ends. The hour
returns to the beginning
of the hour in which we breathed: as if
there were nothing. As if I could see
nothing
that is not what it is.

At the limit of summer
and its warmth: blue sky, purple hill.
The distance that survives.
A house, built of air, and the flux
of the air in the air.

Like these stones
that crumble back into earth.
Like the sound of my voice
in your mouth.

martes, 28 de abril de 2015

La casa de pequeños cubos

Esta película de apenas 12 minutos (galardonada con el Oscar a mejor cortometraje de animación en 2009, entre otros muchos reconocimientos) está basada en el libro La casa de los cubos, de Kunio Kato y Kenya Kirata. La fusión de dibujo, historia, ritmo y música, configuran un mundo intimista y delicado que habla de la memoria, gracias a una construcción narrativa a la vez que poética. Aun así, creo que cada uno puede interpretar distintos temas, ya que uno de los logros del filme es su capacidad de sugerir.

(La casa de pequeños cubos, dirigida por Kunio Kato. Japón, 2008).


La casa de pequeños cubos from Steiner the magnificent on Vimeo.

martes, 21 de abril de 2015

Visiones de Cody, de Jack Kerouac


Por fin se reedita en España una de las novelas más importantes del escritor norteamericanocon una nueva traducción a cargo de Daniel Ortiz Peñate. (Por cierto, conviene resaltar la traducción, ya que la novela se lee muy bien a pesar de los complejos juegos y vericuetos lingüìsticos de Kerouac).
Visiones de Cody, escrita a partir de 1951, no se publicó en vida de Kerouac por ser considerada pornográfica (recordemos los problemas que tuvieron para ser publicados los libros Aullido de Allen Ginsberg y la versión original de En el camino, que vio la luz más de cincuenta años después). Lo cierto, es que hay alusiones al sexo de manera explícita en Visiones de Cody, pero afirmar que se trata de pornografía hoy en día resultaría ridículo, lo que evidencia los prejuicios morales de la sociedad conservadora y mojigata en la que vivió el autor, que además no supo comprender la importancia del sexo en Kerouac. Asimismo, hay que señalar el rechazo que suscitó la novela, seguramente debido a la estructura  irregular y experimental que contiene, sin duda incomprendida para la época. Tal vez por estas dos razones, debemos considerar la importancia que merece Visones de Cody como un libro clave en la narrativa del autor de Los vagabundos del Dharma, además de ser la otra cara de la moneda de En el camino, ya que forma parte de los manuscritos que el joven escritor escribió en los primeros años de la década del 50. En en el ensayoKerouac en la carretera. Sobre el sello mecanografiado original y la generación beat (Anagrama) explica Howard Cunnell: “Kerouac se puso a escribir Visiones de Cody, basándose en las correcciones que había hecho a En la carretera en el otoño de 1951, de modo que entre todos estos textos hay conexiones muy complejas”. Así, el lector actual podrá leer esta novela como una protonovela, aunque también es factible hacerlo de manera independiente, y tal vez así debería ser.
Dividido en distintas partes sin apenas separación de las mismas, con una estructura desigual, Visiones de Cody  más bien se trata de un collage o de yuxtaposiciones que incluyen fragmentos descriptivos, escenas poéticas, largos diálogos y reflexiones proustianas. Con la excusa de ser un homenaje a Cassady, pero también a América “sea ésta lo que sea”, el autor de origen francocanadiense esboza una novela poliédrica que tematiza la pérdida como objeto de reconstrucción. Decía el crítico Aaron Latham en su reseña publicada en el New York Times que se leyera este libro por piezas, como un libro de poesía, más que como una novela porque no es narrativa contínua. Y tal vez sea una buena idea, pues ayudaría a leer el libro con menos prejuicios y nos acercaría a la pura sensación, a la fuerza que emana de las frases y las imágenes que brotan de este libro-río, en detrimento de la linealidad y la trama más convencional.
La estructura por capas contiene repeticiones y variaciones, dejando vislumbrar las obsesiones del autor, así como su capacidad lúdica desde el punto de vista plenamente narrativo: ¿Juega Kerouac con la posibilidad de copiar las experiencias y llevarlas al plano literario? ¿O planeta la imposibilidad de reconstruir las experiencias del pasado?
El ritmo es otro de los elementos sobre los que se fundamenta Visiones de Cody. La asociación libre de ideas, tanto en el monólogo interior como en los diálogos de la cinta grabada conforman un collage donde el desorden entra en juego para desbaratar los códigos más anquilosados y ampliar la conciencia estirándola hacia el subconsciente. El lector tendrá que dejarse llevar por los distintos ritmos de las frases, a la vez que desligarse de los itinerarios de lectura elementales. Como en la improvisación del jazz, hay ritmos atolondrados, pero siempre subyace una estructura que sirve para dar forma a todo el entramado. Lo mismo ocurre con las descripciones: en ellas, Kerouac logra horadar la realidad más cotidiana y dibujar, como si de Edward Hopper se tratara, personajes circunscritos a su entorno, resaltar sus soledades, sus comportamientos que delatan inseguridad y zozobra. En ocasiones, ese sentimiento de soledad es enorme: “Ahora se va -hermosa, simple. Verla partir ya no me hace gritar y morir y hacerme añicos porque todo se aleja de mí del mismo modo -las muchachas, las visiones, todo, siempre del mismo modo y para siempre y acepto la pérdida para siempre”. Ese objeto que decíamos antes de pérdida va permaneciendo a lo largo de las páginas y adquiere su sentido en la escritura “por esbozos”.
De manera que Visiones de Cody es una novela compleja y conceptual. ¿Acaso la novela no es un género que aglutina distintos tonos? Ya el Nouveau Roman francés experimentó con las técnicas narratológicas en este sentido. ¿No hay libros de Michel Butor o de Alain Robbe-Grillet donde se suprime la historia y el tema es la novela misma? ¿No escribió Georges Perec novelas con enormes listas de objetos y grandes descripciones de cosas? En algunas novelas del siglo XX, el monólogo interior se convierte en un parloteo incesante. Aquí, los diálogos entre Cody y Duluoz son puro charloteo. Para Kerouac, la verbalidad es la coherencia del pensamiento y no la coherencia del discurso que encontramos en la mayoría de la narrativa, de manera que la palabra es una representación del pensamiento, de ahí su exposición en bruto en Visiones de Cody. Por lo que en los diálogos que surgen a partir de unas cintas grabadas por el propio Kerouac hay de todo; desde conversaciones aburridas y tediosas hasta revelaciones místicas de Cody (no olvidemos que se trata de Neal Cassady) o dibujos más o menos profundos sobre autores como William S. Burroughs o Allen Ginsberg (incluso se hace alusión a la muerte de Joan Vallmer jugando a William Tell con su marido drogado, William S. Burroughs). De hecho, se pueden rastrear anécdotas y experiencias contadas en otros libros de Burroughs, Carolyn Cassady o el propio Jack Kerouac.
El libro, dentro de su línea experimental, contiene también metaliteratura e ironía, algo que pocas veces se relaciona con Kerouac. Un ejemplo: “Pero ya basta, durmamos, averigüemos, mañana se verá si hay modo de abstraer o extraer párrafos interesantes de todo este material que fluye por ese torrente de conciencia y cuyo movimiento puede valer para armar capítulos progresivos de iluminación y conformar ese gran ensayo sobre las maravillas del mundo cual iluminación continua y retroactiva”. De manera que el autor de Libro de haikus demuestra no solo tener humor, sino autocrítica, pues parece que es consciente del embrollo que es esta novela, pero también parece lanzar un cabo a los lectores para guiar su lectura: “Sí, por favor, vuelve al hilo de la historia”, dice Jack a Cody mientras conversan.
Decía Milan Kundera que la novela es: “La gran forma de la prosa en la que el autor, mediante egos experimentales (personajes), examina hasta el límite algunos de los grandes temas de la existencia”. Y siguiendo sus palabras, podríamos afirmar que Visiones de Cody se ajusta a dicha definición, pues examina los temas que le incumben al autor hasta explorar sus propios límites.
Al final de Visiones de Cody leemos: “No sólo acepté la pérdida para siempre, pues al fin y al cabo estoy hecho de pérdidas -también estoy hecho de Cody-”. Y esa escritura intenta reconstruir la pérdida que es innata a la vida; los recuerdos con Cody, sus viajes, sus amantes, sus andanzas; los pequeños momentos cotidianos llenos de sentido. Al final, todo tiene una cohesión, pues la novela empieza y acaba fundamentándose sobre la pérdida y su reconstrucción.

(Reseña publicada originariamente en Culturamas el 23/03/2015).

lunes, 6 de abril de 2015

Pedro Lemebel: Loco afán, crónicas de sidario


Ella se compró la epidemia en Nueva York, fue la primera que la trajo en exclusiva, la más auténtica, la recién estrenada moda gay para morir. La última moda fúnebre que la adelgazó como ninguna dieta lo había conseguido. La dejó tan flaca y pálida como una modelo del Vogue, tan estirada y chic como un suspiro de orquídea.

*

Quizás, la homosexualidad acomodada nunca fue un problema subversivo que alterara su pulcra moral. Quizás, había demasiadas locas de derecha que apoyaban el régimen. Tal vez su hedor a cadáver era amortiguado por el perfume francés de los maricas del barrio alto. Pero aun así, el tufo mortuorio de la dictadura fue un adelanto del sida, que hizo su estreno a comienzos de los ochenta.


(Pedro Lemebel, Loco afán: crónicas de sidario. Anagrama, 2000).