Hace unos meses, una amiga me mostró una canción que desde entonces, no he podido dejar de escuchar, e incluso, esa canción ha ido creciendo en mí, como solo lo pueden hacer las grandes canciones, hasta convertirse en una gema que no puedo dejar de ver. Gotye, nombre artístico del músico y cantante australiano de origen belga Wouter "Wally" De Backer , es el autor de "Somebody That I Used To Know", una de las canciones más sorprendentes y bellas del último año. Y como suele ocurrir con las grandes canciones, el videoclip está a la altura. Aunque lo que uno no podía imaginar es que otro grupo ha versionado de manera sorprendente dicha canción unos meses después y también ha gozado del éxito. Añado los dos vídeos, el original de Gotye y Kimbra y el del grupo canadiense Walk Off The Earth.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Gotye: Somebody That I Used To Know
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viernes, 14 de septiembre de 2012
Reynaldo Jiménez: un poema
¡Verdades
eran paredes y adrede las eras…
Redes
puras cuya oscura pregunta…!
Las raíces son
los cuernos del ciervo. El ciervo es la velocidad del relámpago. El relámpago
es el cristal que se quiebra. El cristal es la memoria en la sangre. La sangre es
un delta de raíces. Las raíces flotan, se conmueven, son hijas y madres. Las
hijas son las madres son las hojas de ese futuro sin turbulencia de momento.
Este momento da un delta de voces. Las voces son sombras y luces. Sombras y
luces de oración. Presentimiento. Igualdad del humano con la piedra, raíz que
se mueve bajo los jueces. Hálitos de bestias
sin borde. ¿Cuándo fue que la sangre, la transportadora de oxígeno, cristalizó
reflejos de violencia? Es evidencia que la hoguera en su delta que se persigue
no permite sino aguzar a quien la escucha. Hasta las puntas distales cada
otoño, el ciervo renueva cornamenta…,
1995
(Reynaldo Jiménez, Esteparia, Amargord, 2012).
jueves, 16 de agosto de 2012
Entrevista a Joël Egloff
Joël Egloff (1970, Francia) es un joven escritor que ha logrado imponerse como uno de los más originales novelistas del actual panorama francés, aunando humor negro, poesía y personajes entrañables, siempre aportando una visión de la vida cotidiana que pone en evidencia las convenciones sociales y el absurdo de la existencia. En España, podemos gozar de todas sus novelas hasta la fecha, publicadas por Lengua de Trapo. Su última novela es El aturdimiento.
Pregunta: Sus novelas se
estructuran siempre alrededor de historias que unen lo cómico y lo triste. ¿No
hay humor sin tragedia?
Joël Egloff: En mis novelas, es cierto, conviven
siempre estos dos aspectos. No hay humor sin tragedia de la misma manera que no
hay tragedia sin humor. Pero, ¿no es lo propio de la condición humana? El humor
puede también ser a veces la única manera de abordar ciertas situaciones tan
absurdas y sombrías que llegan a ser divertidas. Un poco como si hubiese que
intentar batir una última muralla contra la desesperanza.
La realidad descrita en El aturdimiento es tan dura como sórdida.
¿Usted quería representar de alguna manera la sociedad post-industrial o se
trata de un contexto para contar una historia?
Incluso si mi primera intención no fue
describir la sociedad post-industrial y quise más bien crear un mundo extremo,
fuera del tiempo y de toda referencia con la realidad, debo reconocer que en
ciertos aspectos el entorno de El aturdimiento se asemeja extrañamente a nuestra sociedad, lo que
sin duda no es una casualidad. Es en este universo donde viven mis personajes,
es éste el contexto que supone el punto de partida de la historia, y lo que yo
cuento es la manera en la que esos personajes evolucionan en ese lugar, de qué
manera viven o sobreviven en medio de esa cloaca en la que intentan, como
pueden, ser humanos.
En El aturdimiento y también en otras novelas
como Edmond
Ganglion e hijo y
Qué
hago aquí sentado en el suelo encontramos mucho del absurdo. ¿Piensa
usted que el absurdo es una manera de abordar el mundo?
Creo que es a menudo el mundo lo que
es absurdo. No hay más que dejarle que se revele. No es necesario hacer grandes
esfuerzos para que se muestre tal y como es. La absurdidad es constante. Todos
avanzamos sin saber hacia dónde, sin saber por qué, y por tanto, avanzamos;
hacemos cada día lo que tenemos que hacer, sin obtener respuesta a ninguna de
nuestras grandes cuestiones. Pero ésa es nuestra condición.
En el acto que tuvo lugar en
Madrid, el escritor que presentó El aturdimiento (Rafael Reig) dijo que se
puede leer esta novela con sumo placer, gracias al humor y a la voz narrativa,
y que esto es más importante que la posible crítica social que podamos
encontrar. Para usted, ¿qué es lo más importante?
Lo uno no impide lo otro. Cada lector
se apropia de la novela de manera diferente, cada uno lee un libro distinto,
según quien sea, sus preocupaciones, sus propias experiencias, etc. Podemos
decir que de un mismo libro hay tantas novelas diferentes como lectores.
En lo que a mí respecta, creo que la
crítica social está presente en la novela, pero he intentado que sea lo más
discretamente posible. Quería, sobre todo, evitar ser pesado y reivindicativo.
Mis personajes parecen estar acostumbrados a su entorno social, casi no tienen
consciencia de lo que viven, y es tal vez todavía más violento e inadmisible
verlos tan anestesiados.
La niebla presente en el
pasaje de El
aturdimiento,
¿es la niebla del mundo actual?
Creo que aquí también hay varias
interpretaciones posibles. No querría dar una explicación concreta, pero creo
que hay tanta niebla en nuestro mundo como en el del individuo que, realmente,
no sabe ni de dónde viene, ni qué hace aquí, ni a dónde va. Incluso, aunque los
personajes de la novela no se hagan explícitamente este tipo de preguntas,
sufren por no encontrar ninguna respuesta, ningún sentido que dar a su
existencia.
En sus novelas hay una mezcla
de humor negro y poesía muy personal. ¿Busca realmente esa fusión o le sale
así, de manera natural?
No es el fruto de una búsqueda
consciente. Todo lo que tiene que ver con el estilo es bastante instintivo.
Cuando empiezo un libro, es un poco como si me fuese a la aventura. Todo está
por descubrir. Me dejo llevar por las frases y me voy al encuentro de mis
personajes, a descubrir el universo que quiero describir. Trabajando busco mi
propia voz, intento estar lo más cerca posible de mí mismo. Creo que ese tono
es mi manera de mirar el mundo, y naturalmente, es él quien se impone en mis
novelas.
He leído en algún sitio que le
gusta bastante el cine italiano. ¿Es una referencia para usted?
Es cierto que el cine italiano me ha
marcado mucho. Sobre todo el de Dino Risi, Ettore Scola, Marco Ferreri, y
también el de Fellini, por supuesto. Usted hablaba de humor y poesía en su
pregunta anterior. Creo que es precisamente ese cocktail lo que me seduce tanto
del cine italiano de esa época. Así como esos personajes con tantos matices,
esos antihéroes que no podemos dejar de amar porque son profundamente humanos y
vivos, a pesar de sus defectos y debilidades.
En sus novelas los espacios
suelen estar alejados de la gran ciudad. ¿Por qué?
No siempre es así; por ejemplo, en Qué hago aquí sentado en el
suelo la mayor parte
de la novela se desarrolla en el centro de una ciudad. Se trata de París,
aunque poco importa. Lo importante es que ocurre en el centro de una ciudad que
se hunde. Generalmente, lo que me interesa son los universos que no logramos
situar. Un poco en ninguna parte y en todas partes a la vez. No suele ser ni la
ciudad, ni la periferia ni el campo. Me gusta perder a mis personajes en medio
de espacios indeterminados, en los que les faltan referencias y están
abandonados a su suerte, obligados quizás a acercarse los unos a los otros para
hacer frente a un entorno hostil.
Una gran ciudad, a pesar de todo, es
un lugar lleno de referencias y esto puede llegar a ser tranquilizador. A cada
instante uno sabe dónde está. Es por lo que mis historias no se desarrollan en
las ciudades. O en todo caso, en las ciudades comunes…
¿Cómo encuentra los motivos y
los temas de sus novelas?
Creo que mis motivos, mis temas
predilectos, los llevo conmigo mismo. Son mis preocupaciones profundas, mis
angustias, y también mis anhelos. Creo que al final se trata del mismo tema. Lo
que cambia es la manera en la que voy a abordar esas mismas cuestiones. El
punto de partida puede ser diferente en cada ocasión. Puede ser una imagen, una
vivencia, un hecho cualquiera, una frase. Si encuentro algo que me resulta
interesante intento ir más lejos. Es como si percibiese una forma entre la
niebla e intentase acercarme para ver mejor de qué se trata. Es así, más o
menos, como funciona mi escritura.
¿Qué le gusta de la literatura
actual?
De la literatura actual, como de los
libros en general, me gustan los autores que tienen un universo que les es
propio, los autores que conceden una gran importancia al trabajo de la
escritura, algo que me parece esencial. Me gustan las historias simples, me
gusta estar ligado a los personajes, oír sus voces todavía después de haber
cerrado el libro, tener la impresión de haber conocido personas reales. Me gusta, simplemente, estar
conmovido, y ésa es para mí la mejor manera de apreciar un libro.
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miércoles, 25 de julio de 2012
Poemas de Miguel Ángel Curiel
5
Pegaron patadas a un pan, patearon una gran hogaza de pan. Me
puse un pan en la oreja y oí pájaros, oí el viento del trigo.
*
29
Montones de piedras que no significan nada, pero alguien las
acumula, las coloca, elige el lugar para el amontonamiento, se toma su tiempo y
su fuerza. Después quedan mucho tiempo así. Se calientan y se enfrían, y nadie
se las lleva. Nadie vuelve a esparcirlas ni a derribarlas. El amontonamiento de
piedras es uno de los hechos más misteriosos del hombre. No significa realmente
nada. El lenguaje se complica, los filósofos se oscurecen. Los poetas deberían
hacer con el lenguaje diáfano, transparente, lo mismo. Amontonar piedras. Que
cada poema fuera un amontonamiento de piedras.
*
91
Noche abierta. Los árboles respiran como tú, de afuera a dentro.
De ellos se ve a esta hora el contorno, la silueta, masas oscuras de ramas y
hojas. Albergan nidos en las partes más altas. Pájaros dormidos a los que les
basta un ápice de luz para despertarse. El hombre ronca.
*
210
En mundo cada vez más veloz. Yo cada vez más lento.
(Miguel Ángel Curiel, Luminarias. (Cuaderno de Roma), Amargord, 2012).
viernes, 20 de julio de 2012
Pieza única, de Milorad Pavic
Pieza única, de Milorad Pavic (Traducción de Dubravka Suznjevic, Ed. Sexto Piso España, 2007).
Dos libros que forman una novela, esto es la última publicación del serbio Milorad Pavic. En la preciosa edición, una cajita de cartón azul, econtramos un primer tomo que lleva por título Pieza única. El segundo tomo es un librito que reza “Cuaderno azul. Inspector superior Eugen Stross”. Por lo tanto el “Cuaderno azul” complementa la lectura de la novela. Perdón, falta una tercera parte para completarla realmente: el lector.
Aleksandar Klozevits, un ser andrógino (unas veces es una mujer, Sandra, otras un hombre con un piercing en la ceja, Aleksa) es un vendedor de sueños que debe asesinar a dos personas para que lo dejen vivir. Sirviéndose de su extraña naturaleza y de las ventas de sueños futuros, que pueden llegar a costar demasiado caros a sus compradores, asistimos a una serie de asesinatos de varios personajes en historias cruzadas, donde además de sus vidas, se mezclan olores de perfumes, sueños del futuro y del pasado y distintas relaciones sentimentales, planeando la sombra de la muerte en cada momento, todo ello envuelto en una realidad enigmática, con unos personajes a cada cual más friki: la bella y bomba sexual Marquesina Lemptiksa, el cantante de ópera Distelli, Maurice Erlangen o el propio Klozevits. Este es el punto de partida de una novela, onírica, poética, delirante.
Se podría decir que el protagonista es el inspector Stross, ya que finalmente es quien debe guiar al lector a resolver los asesinatos (por lo que también es lícito afirmar que el protagonista implícito es el lector). Pero la naturaleza de los acontecimientos cobra un sentido cada vez más borroso, la temporalidad se extiende y deforma a su gusto, la importancia de los sueños va creciendo a medida que avanzamos en la historia, de manera que el propio Stross debe rectificar en muchas de sus pesquisas y reconocer que la realidad es más poderosa e indescifrable de lo que le gustaría.
Uno de los mayores atractivos de la novela es la fascinante narración de los sueños, que ya quisieran escuchar o leer los mismísimos Sigmund Freud y Carl Gustav Jung, con algunos personajes protagonistas como Pushkin, el gran poeta romántico ruso o el compositor Mussorgski, acompañados de detalles sensitivos y visuales, que acaban configurando una novela sin un sentido total, caótica y disparatada. Y ese tono entre absurdo, mítico y fabulador, unido al cuaderno azul de Stross, acaban dotando a la historia el aire detectivesco que indudablemente tiene.
Milorad Pavic sorprende con su escritura; sus frases son delirantes y bellas, llenas de aliento poético, de manera que ante lo que podría resultar artificioso resulta embriagador y lleno de naturalidad, y el lector se ve inmerso en un viaje sin billete de vuelta, en una experiencia liberalizadora. Que sepa el lector que vaya a leer Pieza única que el título hace honor a la obra. Pavic es de esos pocos escritores que uno siempre necesita para descubrir mundos inéditos.
(Reseña publicada originariamente en www.deriva.org el 25/01/2008)
lunes, 9 de julio de 2012
La poesía según Ezra Pound
LENGUAJE
No uses ninguna palabra superficial, ningún adjetivo que no
revele algo. No uses expresiones como "dim lands of peace" (brumosas tierras de paz).
RITMO Y RIMA
Que el candidato se llene la mente con las mejores cadencias
que pueda descubrir, de preferencia en lengua extranjera.
*
Naturalmente, tu estructura rítmica no debe destruir la
forma de tus palabras, o su sonido natural, o su significado.
*
Aquella parte de tu poesía que golpea el ojo de la imaginación del lector no perderá nada por la
traducción a una lengua extranjera; lo que apela al oído sólo es accesible en
el original.
(Ezra Pound, Antología,
Ed. Visor, 1986. Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).
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Taller de escritura
miércoles, 4 de julio de 2012
La tetería del oso malayo, de David Rubín
La tetería del oso malayo, de David Rubín (Ed. Astiberri, 2006).
Este cómic es sin duda una
de las sensaciones del final del año 2006, porque se trata de una gran novela
gráfica, tanto en su dibujo como en su guión. David Rubín es un joven autor
gallego que ya llamó la atención en varias revistas y fanzines del medio del
cómic como BD Banda, Dos Veces Breve, Barsowia o Fanzine Enfermo, cosechando
varios premios, como el Injuve 2006. En 2005 tuvo un muy buen estreno con su
primer álbum en Astiberri bajo el título de El circo del desaliento.
La tetería del oso
malayo, aun recopilando varias historietas
publicadas en Dos Veces Breve, y añadiendo algunas inéditas (como la extensa
“Las cosas que terminan por romperse” o “Antón en llamas”) alcanza aquí un gran
nivel de coherencia tanto narrativa como gráficamente, gracias sobre todo al
espacio significativo que supone la tetería regentada por Sigfrido, que sirve
como nexo común para dar vida a un sinfín de personajes, cada cual más
fascinante, cobrando un sentido casi mitológico, con tintes de raigambre
gallega. Además del indudable atractivo que mantienen todas las historias y la
rica polifonía de sus personajes, Rubín logra dotar un grafismo natural,
expresivo, con influencias del cine expresionista alemán (tanto en el trazo
como en la planificación), con un gran control del tempo narrativo, lo que
evidencia las cualidades de esta novela gráfica y de su autor. Pero por si esto
fuera poco, la poesía y el humor melancólico que emiten las viñetas (a veces ni
siquiera hacen falta las palabras), se funde perfectamente con los dibujos y
los personajes. Y es que las historias que se cruzan con la tetería del oso
malayo huelen a soledad, a desamor, a desencanto, pero también a cotidianidad,
a vida.
A nivel de la construcción
de personajes, es muy interesante la mezcla de humanos, animales y superhéroes,
tamizados con elementos cotidianos, lo que permite visualizar ciertos aspectos
de la vida cotidiana con mayor naturalidad, ya que el distanciamiento muchas
veces logra comprender algo que en otras circunstancias correría el riesgo de
evadirse, y me refiero a historias como la emocionante y rabiosa “Antón en
llamas”. Por otra parte, podemos encontrar influencias visibles –como en todo
joven autor-, asimilando influencias que van desde Frank Miller hasta Javier
Olivares, pasando por el nuevo cómic francés (Blutch, Sfar, David B), pero lo
cierto es que David Rubín se muestra como un gran dibujante de historias, con
una gran dosis de poesía, y con un resultado bastante personal.
Si ya en el prólogo Enrique
Ventura denomina “eximios poetas” a Miguelanxo Prado y Carlos Portela, yo me
atrevería (sin arriesgarme mucho) a añadir que David Rubín es ya un poeta, y
que, viendo su edad, esperamos que continúe deleitándonos con mucha más de su
poesía.
(Reseña publicada originariamente en las revistas Qubo y www.deriva.org).
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