martes, 23 de octubre de 2012

Paul Auster: El escritor y el detective


El detective es quien mira, quien escucha, quien se mueve por ese embrollo de objetos y sucesos en busca del pensamiento, la idea que lo une todo y le dé sentido. En efecto, el escritor y el detective son intercambiables. El lector ve el mundo a través de los ojos del detective.

(Paul Auster, Ciudad de cristal, Anagrama).

martes, 16 de octubre de 2012

El viento ligero en Parma, de Enrique Vila-Matas




El viento ligero en Parma, de Enrique Vila-Matas (Ed. Sexto Piso, 2008).

Normalmente abordamos los libros de ensayo de los grandes novelistas con el prejuicio de que se trata de una publicación menor, una circunstancia o un encargo; el caso es que la presente obra muestra varias razones para afirmar que se trata de un libro que supera con creces la categoría de “publicación menor”, pues uno de mayores intereses de leer a Vila-Matas radica en que no importa mucho la etiqueta del género literario, porque él ya se ha ido encargando desde hace décadas de difuminar esas marcas sociales en pos de una nueva manera de entender y aprehender la literatura. En el caso que nos ocupa, El viento ligero en Parma es un libro de ensayos, relatos, conferencias y artículos de ocasión, donde apenas encontramos diferencias de tono y tema con respecto a algunos de sus últimos títulos, Bartleby y compañía o El mal de Montano; es verdad que no hay una trama novelesca, pero en todo lo demás, tenemos el mismo Vila-Matas de aquellos libros: ensayo, coloquio, diario, crítica literaria, experiencia autobiográfica, incluso relatos que se (con)funden con el resto del corpus, de manera que este libro supone un buen suplemento a su obra narrativa pero también una continuación; si además, tenemos en cuenta que hallaremos algún pasaje que ya leímos en la novela autobiográfica París no se acaba nunca, obtendremos la corroboración de que la obra de Vila-Matas dialoga consigo misma en una especie de ramas de un árbol o rizomas que no se acaban nunca, una obra que podría denominarse como uno de los capítulos del libro: “Un tapiz que se dispara en muchas direcciones”. 


Llama la atención la (aparente) sinceridad con que el autor barcelonés se describe y las confesiones que despliega en sus páginas, si bien lo más interesante sigue siendo el estilo vilamatiano tan característico, los juegos metaliterarios, el ingenio junto al sutil y elegante humor que siempre aborda en sus frases, el tono –como dice Ricardo Piglia- como modulador de la obra. Estamos ante capítulos brillantes donde el mapa literario de Vila-Matas adquiere un sentido más personal que nunca, lo que por un lado nos ayuda a comprender el funcionamiento creador del autor, además de suponer un importante diálogo con el lector, en cuanto a las referencias del mundo literario, cinematográfico o pictórico se refiere. 

En la escritura Vila-Matas (tanto la narrativa como el ensayo) el argumento es una excusa para crear frases magistrales, elegantes, a la vez que configurar un discurso lleno de alusiones que por un lado interpelan al lector y por otro constituyen un rico friso lleno de ventanas abiertas, de rizomas que no tienen fin. Entre esas ventanas vilamatianas o ese viento ligero, el autor establece un diálogo con sus autores de cabecera, con personajes de novelas o películas y con ciudades como Lisboa, París, Barcelona o Parma, mostrando su visión de la literatura y a la postre de la Realidad, como el homenaje a Tabucchi-Pessoa-Mastroianni, en “Mastroianni-sur-Mer” o la asimilación del relato “los muertos” de Joyce con la película de Rossellini Viaggio in Italia, donde asistimos al más puro y sugerente Vila-Matas. 

En el desarrollo de los ensayos o conferencias, no importa tanto el fondo como la forma, y por tanto lo mismo da si se trata de una conferencia o una novela, pues él mismo parece (con)fundirlo en un discurso plenamente literario donde la Realidad es un todo que absorbe distintos niveles y se retroalimenta de ello: “Una conferencia que había yo dado, un año antes, en Barcelona, y cuya estructura fragmentaria así como su deliberada eliminación de fronteras entre los géneros había dado origen a la estructura o diseño general de Bartleby y compañía”. 

Entre los muchos autores por los que el autor barcelonés profesa una devoción abierta en estas páginas tenemos a Witold Gombrowicz, de quien dice: “Creo que se puede decir de Gombrowicz que sus temas preferidos eran la forma y la inmadurez”, y yo me pregunto si no está refiriéndose también a sí mismo viéndose reflejado en el autor polaco. Esto es lo que le ocurre a este enfermo de literatura cuando escribe sobre algunos de los autores que admira y con los que entabla una relación de empatía como son: Roberto Bolaño, Antonio Tabucchi, Samuel Beckett, Fernando Pessoa, James Joyce, Sergio Pitol, realizadores como Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard, y pintores como Vicente Rojo o Miquel Barceló. 

Enrique Vila-Matas se ha propuesto crear una Realidad literaria llena de vasos conductores que adquieren un estatus propio, pero su interés radica en que, lo que podría haber sido una obra narcisista y subjetiva, se ha convertido en un corpus lleno de referencias internas y externas que han sabido conectar con los lectores. Por favor, lean este libro para corroborarlo.


(Reseña publicada originariamente en 2008 en www.deriva.org)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Gotye: Somebody That I Used To Know

Hace unos meses, una amiga me mostró una canción que desde entonces, no he podido dejar de escuchar, e incluso, esa canción ha ido creciendo en mí, como solo lo pueden hacer las grandes canciones, hasta convertirse en una gema que no puedo dejar de ver. Gotye, nombre artístico del músico y cantante australiano de origen belga Wouter "Wally" De Backer , es el autor de "Somebody That I Used To Know", una de las canciones más sorprendentes y bellas del último año. Y como suele ocurrir con las grandes canciones, el videoclip está a la altura. Aunque lo que uno no podía imaginar es que otro grupo ha versionado de manera sorprendente dicha canción unos meses después y también ha gozado del éxito. Añado los dos vídeos, el original de Gotye y Kimbra y el del grupo canadiense Walk Off The Earth.



viernes, 14 de septiembre de 2012

Reynaldo Jiménez: un poema






¡Verdades eran paredes y adrede las eras…
Redes puras cuya oscura pregunta…!

Las raíces son los cuernos del ciervo. El ciervo es la velocidad del relámpago. El relámpago es el cristal que se quiebra. El cristal es la memoria en la sangre. La sangre es un delta de raíces. Las raíces flotan, se conmueven, son hijas y madres. Las hijas son las madres son las hojas de ese futuro sin turbulencia de momento. Este momento da un delta de voces. Las voces son sombras y luces. Sombras y luces de oración. Presentimiento. Igualdad del humano con la piedra, raíz que se mueve bajo los jueces. Hálitos de bestias sin borde. ¿Cuándo fue que la sangre, la transportadora de oxígeno, cristalizó reflejos de violencia? Es evidencia que la hoguera en su delta que se persigue no permite sino aguzar a quien la escucha. Hasta las puntas distales cada otoño, el ciervo renueva cornamenta…,

1995


(Reynaldo Jiménez, Esteparia, Amargord, 2012).

jueves, 16 de agosto de 2012

Entrevista a Joël Egloff



Joël Egloff (1970, Francia) es un joven escritor que ha logrado imponerse como uno de los más originales novelistas del actual panorama francés, aunando humor negro, poesía y personajes entrañables, siempre aportando una visión de la vida cotidiana que pone en evidencia las convenciones sociales y el absurdo de la existencia. En España, podemos gozar de todas sus novelas hasta la fecha, publicadas por Lengua de Trapo. Su última novela es El aturdimiento.

Pregunta: Sus novelas se estructuran siempre alrededor de historias que unen lo cómico y lo triste. ¿No hay humor sin tragedia?
Joël Egloff: En mis novelas, es cierto, conviven siempre estos dos aspectos. No hay humor sin tragedia de la misma manera que no hay tragedia sin humor. Pero, ¿no es lo propio de la condición humana? El humor puede también ser a veces la única manera de abordar ciertas situaciones tan absurdas y sombrías que llegan a ser divertidas. Un poco como si hubiese que intentar batir una última muralla contra la desesperanza.
La realidad descrita en El aturdimiento es tan dura como sórdida. ¿Usted quería representar de alguna manera la sociedad post-industrial o se trata de un contexto para contar una historia?
Incluso si mi primera intención no fue describir la sociedad post-industrial y quise más bien crear un mundo extremo, fuera del tiempo y de toda referencia con la realidad, debo reconocer que en ciertos aspectos el entorno de El aturdimiento se asemeja extrañamente a nuestra sociedad, lo que sin duda no es una casualidad. Es en este universo donde viven mis personajes, es éste el contexto que supone el punto de partida de la historia, y lo que yo cuento es la manera en la que esos personajes evolucionan en ese lugar, de qué manera viven o sobreviven en medio de esa cloaca en la que intentan, como pueden, ser humanos.
En El aturdimiento y también en otras novelas como Edmond Ganglion e hijo y Qué hago aquí sentado en el suelo encontramos mucho del absurdo. ¿Piensa usted que el absurdo es una manera de abordar el mundo?
Creo que es a menudo el mundo lo que es absurdo. No hay más que dejarle que se revele. No es necesario hacer grandes esfuerzos para que se muestre tal y como es. La absurdidad es constante. Todos avanzamos sin saber hacia dónde, sin saber por qué, y por tanto, avanzamos; hacemos cada día lo que tenemos que hacer, sin obtener respuesta a ninguna de nuestras grandes cuestiones. Pero ésa es nuestra condición.
En el acto que tuvo lugar en Madrid, el escritor que presentó El aturdimiento (Rafael Reig) dijo que se puede leer esta novela con sumo placer, gracias al humor y a la voz narrativa, y que esto es más importante que la posible crítica social que podamos encontrar. Para usted, ¿qué es lo más importante?
Lo uno no impide lo otro. Cada lector se apropia de la novela de manera diferente, cada uno lee un libro distinto, según quien sea, sus preocupaciones, sus propias experiencias, etc. Podemos decir que de un mismo libro hay tantas novelas diferentes como lectores.
En lo que a mí respecta, creo que la crítica social está presente en la novela, pero he intentado que sea lo más discretamente posible. Quería, sobre todo, evitar ser pesado y reivindicativo. Mis personajes parecen estar acostumbrados a su entorno social, casi no tienen consciencia de lo que viven, y es tal vez todavía más violento e inadmisible verlos tan anestesiados.
La niebla presente en el pasaje de El aturdimiento, ¿es la niebla del mundo actual?
Creo que aquí también hay varias interpretaciones posibles. No querría dar una explicación concreta, pero creo que hay tanta niebla en nuestro mundo como en el del individuo que, realmente, no sabe ni de dónde viene, ni qué hace aquí, ni a dónde va. Incluso, aunque los personajes de la novela no se hagan explícitamente este tipo de preguntas, sufren por no encontrar ninguna respuesta, ningún sentido que dar a su existencia.
En sus novelas hay una mezcla de humor negro y poesía muy personal. ¿Busca realmente esa fusión o le sale así, de manera natural?
No es el fruto de una búsqueda consciente. Todo lo que tiene que ver con el estilo es bastante instintivo. Cuando empiezo un libro, es un poco como si me fuese a la aventura. Todo está por descubrir. Me dejo llevar por las frases y me voy al encuentro de mis personajes, a descubrir el universo que quiero describir. Trabajando busco mi propia voz, intento estar lo más cerca posible de mí mismo. Creo que ese tono es mi manera de mirar el mundo, y naturalmente, es él quien se impone en mis novelas.
He leído en algún sitio que le gusta bastante el cine italiano. ¿Es una referencia para usted?
Es cierto que el cine italiano me ha marcado mucho. Sobre todo el de Dino Risi, Ettore Scola, Marco Ferreri, y también el de Fellini, por supuesto. Usted hablaba de humor y poesía en su pregunta anterior. Creo que es precisamente ese cocktail lo que me seduce tanto del cine italiano de esa época. Así como esos personajes con tantos matices, esos antihéroes que no podemos dejar de amar porque son profundamente humanos y vivos, a pesar de sus defectos y debilidades.
En sus novelas los espacios suelen estar alejados de la gran ciudad. ¿Por qué?
No siempre es así; por ejemplo, en Qué hago aquí sentado en el suelo la mayor parte de la novela se desarrolla en el centro de una ciudad. Se trata de París, aunque poco importa. Lo importante es que ocurre en el centro de una ciudad que se hunde. Generalmente, lo que me interesa son los universos que no logramos situar. Un poco en ninguna parte y en todas partes a la vez. No suele ser ni la ciudad, ni la periferia ni el campo. Me gusta perder a mis personajes en medio de espacios indeterminados, en los que les faltan referencias y están abandonados a su suerte, obligados quizás a acercarse los unos a los otros para hacer frente a un entorno hostil.
Una gran ciudad, a pesar de todo, es un lugar lleno de referencias y esto puede llegar a ser tranquilizador. A cada instante uno sabe dónde está. Es por lo que mis historias no se desarrollan en las ciudades. O en todo caso, en las ciudades comunes…
¿Cómo encuentra los motivos y los temas de sus novelas?
Creo que mis motivos, mis temas predilectos, los llevo conmigo mismo. Son mis preocupaciones profundas, mis angustias, y también mis anhelos. Creo que al final se trata del mismo tema. Lo que cambia es la manera en la que voy a abordar esas mismas cuestiones. El punto de partida puede ser diferente en cada ocasión. Puede ser una imagen, una vivencia, un hecho cualquiera, una frase. Si encuentro algo que me resulta interesante intento ir más lejos. Es como si percibiese una forma entre la niebla e intentase acercarme para ver mejor de qué se trata. Es así, más o menos, como funciona mi escritura.
¿Qué le gusta de la literatura actual?
De la literatura actual, como de los libros en general, me gustan los autores que tienen un universo que les es propio, los autores que conceden una gran importancia al trabajo de la escritura, algo que me parece esencial. Me gustan las historias simples, me gusta estar ligado a los personajes, oír sus voces todavía después de haber cerrado el libro, tener la impresión de haber conocido personas reales. Me gusta, simplemente, estar conmovido, y ésa es para mí la mejor manera de apreciar un libro.

(Entrevista realizada y traducida por Carlos Huerga y publicada originariamente en www.deriva.org y www.literaturas.com en 2006).

miércoles, 25 de julio de 2012

Poemas de Miguel Ángel Curiel





5

Pegaron patadas a un pan, patearon una gran hogaza de pan. Me puse un pan en la oreja y oí pájaros, oí el viento del trigo.

*

29

Montones de piedras que no significan nada, pero alguien las acumula, las coloca, elige el lugar para el amontonamiento, se toma su tiempo y su fuerza. Después quedan mucho tiempo así. Se calientan y se enfrían, y nadie se las lleva. Nadie vuelve a esparcirlas ni a derribarlas. El amontonamiento de piedras es uno de los hechos más misteriosos del hombre. No significa realmente nada. El lenguaje se complica, los filósofos se oscurecen. Los poetas deberían hacer con el lenguaje diáfano, transparente, lo mismo. Amontonar piedras. Que cada poema fuera un amontonamiento de piedras.

*

91

Noche abierta. Los árboles respiran como tú, de afuera a dentro. De ellos se ve a esta hora el contorno, la silueta, masas oscuras de ramas y hojas. Albergan nidos en las partes más altas. Pájaros dormidos a los que les basta un ápice de luz para despertarse. El hombre ronca.

*

210

En mundo cada vez más veloz. Yo cada vez más lento.


(Miguel Ángel Curiel, Luminarias. (Cuaderno de Roma), Amargord, 2012).

viernes, 20 de julio de 2012

Pieza única, de Milorad Pavic


Pieza única, de Milorad Pavic (Traducción de Dubravka Suznjevic, Ed. Sexto Piso España, 2007). 




Dos libros que forman una novela, esto es la última publicación del serbio Milorad Pavic. En la preciosa edición, una cajita de cartón azul, econtramos un primer tomo que lleva por título Pieza única. El segundo tomo es un librito que reza “Cuaderno azul. Inspector superior Eugen Stross”. Por lo tanto el “Cuaderno azul” complementa la lectura de la novela. Perdón, falta una tercera parte para completarla realmente: el lector. 

Aleksandar Klozevits, un ser andrógino (unas veces es una mujer, Sandra, otras un hombre con un piercing en la ceja, Aleksa) es un vendedor de sueños que debe asesinar a dos personas para que lo dejen vivir. Sirviéndose de su extraña naturaleza y de las ventas de sueños futuros, que pueden llegar a costar demasiado caros a sus compradores, asistimos a una serie de asesinatos de varios personajes en historias cruzadas, donde además de sus vidas, se mezclan olores de perfumes, sueños del futuro y del pasado y distintas relaciones sentimentales, planeando la sombra de la muerte en cada momento, todo ello envuelto en una realidad enigmática, con unos personajes a cada cual más friki: la bella y bomba sexual Marquesina Lemptiksa, el cantante de ópera Distelli, Maurice Erlangen o el propio Klozevits. Este es el punto de partida de una novela, onírica, poética, delirante. 

Se podría decir que el protagonista es el inspector Stross, ya que finalmente es quien debe guiar al lector a resolver los asesinatos (por lo que también es lícito afirmar que el protagonista implícito es el lector). Pero la naturaleza de los acontecimientos cobra un sentido cada vez más borroso, la temporalidad se extiende y deforma a su gusto, la importancia de los sueños va creciendo a medida que avanzamos en la historia, de manera que el propio Stross debe rectificar en muchas de sus pesquisas y reconocer que la realidad es más poderosa e indescifrable de lo que le gustaría. 

Uno de los mayores atractivos de la novela es la fascinante narración de los sueños, que ya quisieran escuchar o leer los mismísimos Sigmund Freud y Carl Gustav Jung, con algunos personajes protagonistas como Pushkin, el gran poeta romántico ruso o el compositor Mussorgski, acompañados de detalles sensitivos y visuales, que acaban configurando una novela sin un sentido total, caótica y disparatada. Y ese tono entre absurdo, mítico y fabulador, unido al cuaderno azul de Stross, acaban dotando a la historia el aire detectivesco que indudablemente tiene. 

Milorad Pavic sorprende con su escritura; sus frases son delirantes y bellas, llenas de aliento poético, de manera que ante lo que podría resultar artificioso resulta embriagador y lleno de naturalidad, y el lector se ve inmerso en un viaje sin billete de vuelta, en una experiencia liberalizadora. Que sepa el lector que vaya a leer Pieza única que el título hace honor a la obra. Pavic es de esos pocos escritores que uno siempre necesita para descubrir mundos inéditos.


(Reseña publicada originariamente en www.deriva.org el 25/01/2008)