lunes, 31 de enero de 2022

lunes, 24 de enero de 2022

Luis García Montero: “Las razones del viajero” (un poema)


 

Las razones del viajero

Está solo. Para seguir camino 

se muestra despegado de las cosas. 

No lleva provisiones.

Cuando pasan los días 

y al final de la tarde piensa en lo sucedido, 

tan sólo le conmueve 

ese acierto imprevisto 

del que pudo vivir la propia vida 

en el seguro azar de su conciencia, 

así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor. 

Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana 

con los ojos negados al presente 

y sólo tuvo sombras que apretar en la mano, 

fantasmas como saldo, 

un camino de nubes.

Soledad, libertad, 

dos palabras que suelen apoyarse 

en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence. 

Sus huellas tienen hoy la quemadura 

de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino 

acepta que la vida se refugie 

en una habitación que no es la suya. 

La luz se queda siempre detrás de una ventana. 

Al otro lado de la puerta 

suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario 

aprender a vivir en otra edad, 

en otro amor, 

en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.


(Luis García Montero, Habitaciones separadas, en Poesía completa (1980-2015), Tusquets, 2015).

lunes, 10 de enero de 2022

David Lynch: The Art Life

 


(David Lynch: The Art Life. Dirigida por Jon Nguyen y Rick Barnes, EEUU, 2016). Ver en Filmin).

lunes, 3 de enero de 2022

Too Old To Die Young: un monumento sobre la violencia

 



Expresiva, incendiaria, lenta, brillante, osada, densa, aburrida, intensa, poética, violenta, incómoda,…


Too Old To Die Young, creada por el inclasificable Nicolas Winding Refn (director de películas como Drive o The Neon Demon) y Ed Brubaker (guionista de cómics como Daredevil o The Fade Out), es un experimento fílmico a la altura de la tercera temporada de Twin Peaks. La serie, que también es una pesadilla de 13 horas, supone un compendio de escenas e historias hiladas por una trama consistente sobre la violencia en América. Sin embargo, gracias a su narrativa lenta y meticulosa, compuesta por largos planos secuencia, a la fuerza de sus escenas y a una fotografía donde destacan los neones y colores saturados, Too Old To Die Young se convierte (para quien esto escribe) en un monumento fílmico.


De primeras, puede parecer una serie aburrida, una paraonoia soporífera (y para muchos lo será), pero también se trata de una cuidadísima producción, llena de pequeños detalles. En la actualidad, el cine ha ido tendiendo hacia la velocidad narrativa, la hiperproducción de planos y contraplanos y la verborrea de sus personajes, que tan solo sirve para disimular su falta de poesía y sugerencia. El ojo actual no está acostumbrado a los planos secuencia, a los paneos y a una puesta en escena más propia de un videoclip que de una película o serie. En Too Old To Die Young es como si se mezclaran un estilo más contemplativo de Andrei Tarkovsky o Theo Angelopoulos con una trama y construcción de personajes más violenta y paranoica, similar al cine de Quentin Tarantino o incluso David Lynch.


Son varias sus líneas argumentativas: el cártel de México, la anodina y corrupta vida de un policía sin escrúpulos de Los Ángeles, las vengadoras andanzas de un ex miembro del FBI enfermo terminal que aniquila a violadores y pedófilos. En ese mosaico de personajes turbios, encontramos algunos memorables: Viggo, el ex agente del FBI, magistralmente interpretado por John Hawkes, que asesina a los criminales pedófilos; Diana, interpretada por una gran Jena Malone, una terapeuta sobre traumas infantiles y familiares que facilita la información de los criminales para ser exterminados por Viggo; Janey, la novia de Martin, el policía protagonista, una adolescente hija de un millonario que esconde, tras su rostro y cuerpo inocentes, una ambición y madurez más propias de un adulto; o Jesús, un joven originario de México que busca vengar la muerte de su madre mientras poco a poco se erige en jefe del cártel. Sin embargo, hay un personaje que aglutina todas esas historias sobre una América extremamente violenta y perdida en sí misma: Martin Jones, un impenetrable y taciturno policía (con un más que solvente Miles Teller), una especie de Meursault del siglo XXI (el protagonista de El Extranjero, de Albert Camus), aunque también recuerda al protagonista de El silencio de un hombre, de Jean-Pierre Melville o de Ghost Dog, de Jim Jarmusch, en su actitud firme a la vez que enigmática.


Entre las distintas escenas y microhistorias, asoman otros personajes secundarios no menos atractivos, como un jefe de policía que realiza piezas teatrales para sus compañeros rodeado de esvásticas y saludos nazis; Maritza, una sacerdotisa de la muerte mexicana que, de manera similar a Uma Thurman en Kill Bill, se dedica a vengarse de los violadores o proxenetas que raptan a chicas en México para prostituirlas en EEUU; un padre (excelente interpretación de Stephen Baldwin) millonario y extravagante que adora a su mujer muerta al mismo tiempo que a su hija adolescente (por cierto, novia del protagonista, el policía corrupto); o los hermanos Crockett, directores de pornografía snuff que “cazan” actores inocentes para sus películas.


Pocas series tienen una propuesta tan arriesgada y sobre todo, tan especial. Hay episodios que tienen suficiente fuerza por sí solos para mostrar una historia única y completa, a pesar de ser ramificaciones del tronco principal que, no olvidemos, es la historia de un policía corrupto hasta la médula, que se ve forzado a aceptar asesinatos para un mafioso, a la vez que no es capaz de ver cómo la realidad, que es más compleja y violenta de lo que creía, le supera.


Me gustaría destacar el comienzo del primer episodio, así como el del quinto: son ejemplos de la narrativa aparentemente onírica y equizoide de Winding Refn. Las escenas incómodas hasta hacernos remover del asiento, donde la obscenidad y la belleza visual se dan la mano, mientras nos planteamos qué sociedad tan perversa es esta en la que habitamos.


Winding Refn llevaba tiempo tematizando la violencia extrema (Solo Dios perdona) o la violencia hacia las mujeres en clave de terror (The Neon Demon). Too Old To Die Young recoge el testigo de esas (y otras) películas, pero aumenta la propuesta por su volumen y por sus diferentes capas. 


Al final, hay mucho más de lo que parece, y lo que parece ya tiene mucho que rascar. El único problema de Too Old To Die Young es que, por su narrativa y montaje lentísimo, planos-secuencia estáticos y una manera de mostrar a veces retorcida (como la relación incestuosa de Jesús con su madre), no es apta para todos los públicos. Es más, diría que poca gente aguantará la violencia explícita o su calma narrativa, especialmente del episodio 2. Pero si se cierra un poco el estómago y se acepta entrar en su atmósfera bizarra, se obtendrá una experiencia inmersiva pocas veces vivida. 


(Too Old To Die Young, creada por Ed Brubaker y Nicolas Winding Refn. EEUU, 2019. Ver en Amazon Prime).




jueves, 23 de diciembre de 2021

Denise Levertov: “El mundo afuera”



 El mundo afuera


I


En la pared de la cocina un destello

de sombra:

    veloz peregrinaje

de palomas, una celebración del aire,

los desiertos del cielo en espiral.

Y en las ventanas de cada apartamento

una llamarada

    de melones lustrosos:

una mancha del sol

que se dirige al oeste en algún lugar a espaldas de Hoboken.


III


Gemidos, suspiros abundantes

entre tosidos, balbuceos que orquestan

una pena solitaria; el estruendo de los vasos, una voz suave

que repite una y otra vez: ‘No.

No. Quiero mi llave. No lo hiciste.

No.’ - algo banal.

Y como contrapunto, en las otras ventanas,

el esfuerzo por ser feliz -ay, ¡caramba!

-sibilante complejo- las voces gimiendo de placer,

alcanzando quizás el éxtasis, tarde, después de apagadas

las luces, y los silencios

¿acaso ventanas oscuras?


*


The World Outside


I


On the kitchen wall a flash

of shadow:

    swift pilgrimage

of pigeons, a spiral

celebration of air, of sky deserts.

And on tenement windows

a blaze

    of lustred watermelon:

stain of the sun

westering somewhere back of Hoboken.


III


Groans, sighs, in profusion,

witch coughing, muttering, orchestrate

solitary grief; the crash of glass, a low voice

repeating over and over: ‘No.

No. I want my key. No you did not.

No.’ - a commonplace.

And in counterpoint, from other windows,

the effort to be merry, -ay maracas!

-sibilant, intricate- the voices wailing pleasure,

arriving perhaps at joy, late, after sets

have been switched off, and silences

are dark windows?


(Denise Levertov, Beat Attitude. Antología de mujeres poetas la generación beat, Bartleby, 2015. Traducción de Annalisa Marí Pegrum).

domingo, 12 de diciembre de 2021

jueves, 2 de diciembre de 2021

Perni: como la vida misma



Perni (Henriette Steenstrup) es una mujer noruega de 45 años, trabajadora social, madre sola, con dos hijas adolescentes más un sobrino a su cargo y un padre simpático que ha salido del armario tras enviudar. Perni es generosa, se desvive por los demás, pero apenas le queda tiempo para ella misma. La crianza y el trabajo lo acaparan todo. Además, su hermana falleció hace tan solo 6 meses y todavía no ha superado su pérdida, su exmarido vive en Copenhague y se desentiende de sus hijas y ella quiere conocer a algún hombre que pueda convertirse en su compañero.

De todo esto habla Perni, una serie corta, con episodios de apenas 30 minutos, que combina de manera efectiva la comedia con el drama. La protagonista es un personaje de esos que cala hondo por cuanto tiene de humano, con sus contradicciones, sus vulnerabilidades. Es insegura, aunque tiene muchas cualidades y piensa que ya es mayor para que un hombre se interese por ella. Pero como en muchos matrimonios rotos, los padres intentan rehacer su vida por separado. El problema de Perni es que cocina, lleva a sus hijas (que nunca la ayudan) a clase, a deporte, se encarga de su sobrino… y apenas le queda tiempo para verse con el hombre que le gusta.

Aquí Perni se muestra como un mosaico de la vida, un ejemplo de una madre sola que intenta hacer malabarismos para sacar adelante a su familia. Hay un retrato de personaje, pero también un retrato social muy actual. Por un lado, la de madres entradas en la cuarentena que intentan vivir experiencias nuevas más allá del cuidado familiar; por otra, la de los adolescentes que apenas tienen problemas y sin embargo, están inmersos en sus propias experiencias, como si tener un nuevo iPhone o ir a una fiesta fuera lo más importante de sus vidas. En este sentido, es interesante el contraste entre sus hijas “mimadas” y los niños con los que trabaja, a los que busca padres de acogida. Niños que han tenido que madurar para poder sobrevivir. 

Por ello, Perni tiene un poso que nos invita a reflexionar sobre la sociedad hiperconsumista y superficial de los países ricos.


(Perni, serie, 1ª temporada. Noruega, 2021. Ver en Filmin).