El pasado día 11 de enero el crítico literario Ignacio
Echevarría publicaba un artículo (ver aquí) en El Cultural, suplemento del
diario El Mundo, en donde denunciaba la situación endogámica y laxa de los
suplementos culturales españoles y exigía una mayor libertad y sobre todo riesgo a la hora de apostar por autores diferentes. Echevarría lo plantea sin rodeos y da en el centro de la diana: "¿Será que nuestros críticos apenas asoman la nariz fuera de los cauces establecidos, o es que comparten enteramente los valores que promueven las plataformas ya consolidadas y hegemónicas, las más conspicuas redes de distribución y de difusión?".
Recuerdo que Ignacio Echevarría apostó por Ray Loriga y en
concreto por su novela Tokio ya no nos quiere cuando la mayoría de los llamados “críticos literarios” españoles la
obviaban. Y esto ha ocurrido con otros autores más o menos jóvenes o "incómodos". Echevarría, que se encargó de varias ediciones de obras póstumas de Roberto Bolaño, como Entre paréntesis y 2666, sirvió de inspiración para el personaje llamado Iñaki Echavarne en Los detectives salvajes.
Yo llevo años sin interesarme por los suplementos culturales
españoles por las razones que vierte Echevarría en este artículo. Creo que
los críticos culturales más independientes y que más pueden aportar a los
lectores están en la red. Y eso es una suerte, porque ¿qué posibilidades de elección había antes de que apareciera internet?